Viera.- Wilson Ramos quiere ser recordado para siempre por los éxitos que coseche en el mundo del beisbol, por eso hace rato decidió pasar la página de la amarga experiencia que le tocó vivir en Venezuela en noviembre pasado. Eso no quiere decir, sin embargo, que el secuestro no haya dejado huella.
"Filipenses 4:13", inicia la cita bíblica que lleva tatuada con cinta azul y negra en el brazo izquierdo. "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece", continúa justo antes de mostrar el "11-11-11".
El 11 de noviembre del año pasado fue liberado tras permanecer dos días en cautiverio. Ese día Ramos volvió a nacer, al tiempo que la fanaticada beisbolera venezolana y estadounidense respiró tranquila tras mantenerse en vilo por dadas las circunstancias.
"Cuando llegué aquí mis compañeros se mostraron emocionados de verme y evitaron preguntarme cosas porque saben que quiero concentrarme de ahora en adelante en el beisbol", contó sentado en el dugout de la primera base del Space Coast Stadium, complejo primaveral de los Nacionales de Washington en Florida.
Ramos se hizo el tatuaje en febrero, tras concluir su participación en la Serie Final que disputaron los Tigres de Aragua y los Tiburones de La Guaira en la pelota local, una serie en la que el cuerpo de pitcheo de su equipo silenció por completo a los bateadores salados.
"Con el pasar de los años he logrado conocer a fondo a todos los lanzadores del staff de los Tigres y eso permitió que trabajáramos con confianza y siempre en la misma página", comenta quien también celebró el despertar de su madero en la instancia decisiva. "Tengo que admitir que al principio me faltó concentración por estar pensando en tantas cosas con respecto a lo que me pasó, pero al final pude relajarme más y las cosas salieron mejor"; señala sin hacer mención directa al secuestro; un hecho que ha quedado borrado en la cueva de los Nacionales.
"Todos sentimos miedo pensando que podía morir", señaló el manager del equipo, Davey Johnson, en su momento a la prensa deportiva norteamericana. "Pero acá no nos preocupamos mucho por lo que ocurrió en el pasado, sino más bien por el presente. Ahora lo vemos con un buen estado de ánimo, así que todo eso pasó a la historia", remató.
Ramos se define como un hombre místico.
"Confío mucho en Dios y siempre que salgo al terreno o a la calle me pongo en sus manos para que me guíe por el camino del bien"; expone antes de saludar a Martín Prado y los demás venezolanos presentes en los Bravos de Atlanta, el equipo que vino de visita esta tarde al hogar primaveral de los Nacionales. en Viera.
"Los venezolanos siempre nos apoyamos. Por ejemplo acá tengo la suerte de compartir la posición durante todo el año con Jesús Flores, y como hablamos el mismo idioma podemos comunicarnos mucho mejor. Además, no las pasamos echando broma todo el día juntos, porque los estadounidenses tienen un sentido del humor muy diferente al de nosotros".
Ramos no se imagina el beisbol desde una posición diferente a la de receptor.
"Creo que los latinos siempre procuramos ser los líderes en los equipos y esta es la posición perfecta para eso", señaló antes de enumerar los sacrificios que vienen en combo con la mascota, peto, chingalas y careta. "Hay que hacer un esfuerzo extra cada día para mantenerse bien físicamente. No es fácil estar durante 162 juegos en cuclillas", acotó.
Además del ejercicio, tal situación también amerita una preparación mental. "Cuando tuve la oportunidad de jugar aquí con Iván Rodríguez me dio muchos consejos sobre como ganar la confianza de los pitchers para hacer un mejor llamado de lanzamientos. Siempre me reúno con ellos ante de los juegos para que hablemos como vamos a enfrentar a cada bateador", informa.
Así pasa los días Ramos en el mundo del beisbol, desde donde promete escribir buenas historias en los próximos años.