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|CRISIS EN LA EUROZONA

El cisma de la ultraderecha en Europa

Un grupo de mujeres ora en la Gran Mezquita de Kuwait (AFP)

Postulados como los del auator de los atentados de Oslo se repiten en los panfletos y discursos de los partidos populistas de derecha europeos a diario.

Por: FRANK LÓPEZ BALLESTEROS | EL UNIVERSAL
viernes 26 de agosto de 2011

La peor crisis económica que está azotando a Europa en su conjunto ha alimentado los discursos de los partidos de derecha extrema, xenófobos y racistas, que desde hace tres años están ascendiendo con un poder omnímodo, diezmando a las coaliciones socialistas y de corte progresista.

El avance de la extrema derecha y del populismo se ha consolidado en Europa: Dinamarca, Holanda, Francia, Suiza, Austria, Hungría, Italia y Bélgica han elegido como miembros de sus parlamentos a representantes de estas agrupaciones para que tomen medidas frente al aumento de la inmigración ilegal, el pujante crecimiento del Islam y se apliquen reformas draconianas para mejorar las finanzas públicas. Cueste lo que cueste.

Una muestra de esta realidad que se está dando en la Europa en crisis se vio en Francia en septiembre del año pasado, cuando el presidente Nicolas Sarkozy ordenó la expulsión de cientos de gitanos y se buscaba suprimir la nacionalidad francesa a los inmigrantes que cometieran delitos.

Que el antiislamismo "no existía" en las sociedades europeas modernas es un argumento que carece de sentido y argumentos. Siempre los "antimusulmanes" han existido en Europa por cuestiones históricas, pero los frentes de guerra abiertos por Estados Unidos y muchos gobiernos de la Unión Europea contra países de mayoría islámica luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, y posteriormente en capitales europeas como Madrid y Londres, alimentó esa animadversión.

El auge de la derecha y su discurso antiinmigración ha traído al debate la identificación de una extrema derecha institucional y de otra considerada como "radical". Al cenit de ese extremismo asistió el mundo entero el pasado 22 de julio cuando el noruego Anders Behring Breivik, en nombre de un discurso arrogante, destructivo y contrario a los valores de su sociedad, asesinó en masa a más de 70 jóvenes en la isla de Utoeya y ocho en Oslo, para reivindicar su discurso anticultural.

"El asunto es ver qué relación existe entre la violencia política de extrema derecha y el avance de formaciones populistas xenófobas, algunas claramente de extrema derecha" señaló Jean Yves Camus, experto en extrema derecha, citado por AFP.

Fabrice Pothier, director del Carnegie Institute of Europe, advertía en un artículo de análisis de Reuters que diversos gobiernos han estado adoptando políticas de ultraderecha con el objetivo de ganar votos, "conscientes de la rentabilidad electoral que supone el discurso xenófobo o nacionalista en tiempos de crisis y temores".

Tales posiciones radicales e están interponiendo incluso, a los valores que durante cinco décadas ha defendido la Unión Europea en nombre del progreso y una sociedad sin fronteras. La crisis económica ha dado para argumentar hasta las más inverosímiles decisiones que hasta hace un año ni se pensaban.

Dinamarca celebrará en noviembre elecciones parlamentarias, y si bien la crisis financiera no ha golpeado con fuerza a esta monarquía escandinava, a diferencia España o Italia, el partido de centro-derecha en el poder a cedido ante las presiones del nacionalista Partido Danés del Pueblo, que defiende un programa contrario a la inmigración, a apoyar su propuesta de restablecer los puestos fronterizos con Suecia y Alemania, pese a que la UE lo prohíbe.

"El Acuerdo de Schengen permite a los ciudadanos comunitarios moverse de un país a otro de la UE sin tener que enseñar siquiera un documento oficial", recuerda en un análisis Luis Esteban Manrique, redactor jefe del Informe Semanal de Política Exterior, haciendo referencia a las intenciones danesas.

El flujo de inmigrantes tunecinos y libios obligó en mayo a varios gobiernos europeos, concretamente a Italia y Francia, a poner un "stop" en sus fronteras, una decisión que terminó siendo avalada por la UE, en medio del recrudecimiento del ingreso de ilegales. "En el actual clima político, no parece probable que ningún Estado vaya a recriminar nada a Dinamarca", advierte Manrique.

Para este experto en relaciones internacionales "con la aparición en varios países europeos de partidos xenófobos, cada vez resulta más rentable en términos electorales romper con algunas normas fundamentales de la construcción europea, y cuyo cumplimiento debe vigilar la Comisión Europea".

Postulados como los de Breivik en Noruega se repiten en los panfletos y discursos de los partidos populistas de derecha europeos a diario. El problema es que si bien no apoyan las manifestaciones extremistas de violencia, "generan gente" que luego abandona estas agrupaciones por considerarlas moderadas y asestan golpes como los de Oslo o Utoeya, advierte el experto Camus, citado por AFP.

Un ejemplo consumado de este panorama son las recientes de prohibiciones utilizar la burka en espacios públicos franceses, aprobada por el Senado; el veto de construir minaretes en Suiza o una legislación que en Italia busca emular lo ocurrido en Francia.

Con una crisis económica que ha hecho tambalear los rascacielos de las finanzas globales desmoronando Gobiernos y políticos, el mayor reto para la Europa Occidental y su sociedad no es solo lograr que la masa votante no incrimine a los moderados como responsables directos de los agigantados déficits que los ahogan, sino más bien construir entre todos los sectores de la vida política y social, fundamentos que permitan un equilibrio de las posturas que no vayan en detrimento de avances sociales que tanto han costado edificar.

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