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El último rolling

Vizquel confesó que le temblaron las piernas en su último juego (Reuters)

Omar Vizquel colgó los spikes tras 24 años de hazañas y récords

Por: CARLOS MOLLEJAS D. | EL UNIVERSAL
martes 30 de octubre de 2012

Toronto.- Nervios de hielo para calcular el más difícil rebote de un rolling. Calma y serenidad para aguantar la cuenta de strikes y bolas hasta que llegase el mejor pitcheo. Intuición para adivinar entre recta, curva o cambio. Ninguno de esos atributos le sirvió de nada a Omar Vizquel el pasado 3 de octubre, cuando le tocó jugar el último juego de los más de tres mil que jugó en las Grandes Ligas.

A solo cuatro horas de comenzar ese partido, y en la sobremesa de un almuerzo que sirvió para reunir a viejos compañeros y amigos, el jugador venezolano con más hits y Guantes de Oro en las mayores reconoció que le sorprendía estar tan nervioso.

"Es como una mezcla de alegría y tristeza, como un sentimiento que había estado guardado por años en algún lugar de mi alma y de repente explotó haciendo que me tiemblen las piernas y mi corazón esté latiendo más rápido", explicó.

24 años después de debutar con los Marineros de Seattle, el shortstop caraqueño que superó al legendario Babe Ruth y a Mel Ott para ubicarse en el puesto 40 en el apartado de imparables de todos los tiempos, enfrentaba el fin de un ritual en el que le toco ser protagonista principal por méritos más que suficientes.

A eso de la 1:00 p.m. bajó al lobby del Hotel Reinassance, ubicado dentro del mismo estadio Rogers Center, y junto a un grupo de amigos y familiares se sentó a esperar a sus invitados de honor, quienes fueron llegando poco más tarde: Luis Aparicio, el único venezolano que ha logrado ingresar al Salón de la Fama. Roberto Alomar, quizá el mejor segunda base de la historia de este deporte y compañero en Cleveland. Carlos Baerga, llave inseparable por seis años en la segunda base de los mismos Indios, y por último Andrés Galarraga, integrante junto a Vizquel de una generación de oro en los Leones del Caracas.

Mucho se ha hablado aquí en Toronto, donde Vizquel jugó su última temporada con los Azulejos, y en general en todas las ligas mayores, de la posibilidad que él tiene de ingresar al Salón de la Fama.

Por un lado está la visión de los cronistas clásicos, para quienes 2.877 hits, 11 Guantes de Oro y ser el campocorto con mas juegos disputados en esa posición en la historia son argumentos contundentes para asegurarle un puesto. Por el otro opinan los nuevos cronistas, seguidores estrictos de las estadísticas, para quienes un jugador que solo promedió cuatro jonrones por temporada con un .336 de porcentaje de embasado y solo .689 de porcentaje de slugging simplemente está por debajo de la media que separa a un buen bateador de uno regular.

Sobre esa posibilidad , Omar Vizquel tiene una posición bien pragmática.

"Como ya yo no tengo ningún control sobre esa decisión, simplemente trato de no preocuparme. Por supuesto que sería grandioso entrar. Pero cada vez que me pongo a revisar lo que ha sido mi carrera me convenzo de que más que llegar o no, lo realmente importante ha sido que yo pude alcanzar el máximo nivel de este deporte y mantenerme jugando por largo tiempo sin tener ninguna mancha dentro o fuera del terreno".

Hace poco un cronista de Toronto decía que sería injusto comparar el bateo de Vizquel con el de Ozzie Smith, quien es considerado el mejor campocorto de todos los tiempos, si tomamos en cuenta que Smith jugó en una época en la que los méritos ofensivos no fueron agrandados a punta de esteroides.

Para él, Vizquel merece ser resaltado como aquel tipo pequeñito que jugó el beisbol limpiamente en una era de bateadores inflados por las sustancias prohibidas. Un David al que le tocará ser comparado a un batallón de Goliats.

Roberto Alomar dijo lo mismo durante el almuerzo de despedida: "tuve el honor de compartir tres años, no solo con el mejor shortstop de su generación sino con una persona honesta y limpia en un deporte en el que muchos, humanos al fin, caen en tentaciones".

Vizquel no ha escondido su deseo de seguir vinculado al beisbol después de finalizar su carrera como jugador. Hace poco dijo que le gustaría ser coach y luego manager en ligas mayores.

"No he concretado nada todavía ya que la temporada recién está terminando, pero una vez que lleguen los encuentros de invierno tratare de hacer algunos contactos. Por los momentos solo quiero regresar a mi casa en Seattle a reencontrarme con mis hijos Nicolas y Kelly y a disfrutar junto a ellos".

Otra faceta de Vizquel que ha sido conocida en Toronto es su afición por las obras de arte. Al igual que lo hizo en Cleveland durante años, Vizquel se convirtió en asiduo visitante de galerías y museos en esta ciudad.

Hace poco el pelotero le confesó al cronista Bob Elliot que hace mucho tiempo comenzó a pintar por cuenta propia y luego ha venido tomando clases para perfeccionarse.

"La pintura es un hobbie que he venido cultivando y me hace sentir muy bien. En eso también voy a gastar mucho del tiempo libre que me viene", sostuvo Manos de Seda.

Sobre su papel en el juego final, dijo sentirse honrado por haber vestido el uniforme número 13 y ser el campocorto titular de los Azulejos.

Acerca de su satisfacción más grande y su mayor dificultad a superar en 24 años de pelota, Vizquel pensó por un momento largo antes de contestar.

"El mejor momento fue el 3 de abril de 1989, cuando siendo un muchacho debuté con los Marineros de Seattle", inició el criollo. "El momento más difícil una lesión de rodilla en 1990 que me hizo pensar que hasta ahí duraba mi carrera", remató.

Vizquel habla sentado desde una pequeña tribuna empotrada en un balcón de la sala de prensa. Atrás se ve el estadio inmenso y vacío donde ya practican varios de sus compañeros de los Azulejos.

Ya es hora de ir saliendo para el calentamiento de rigor.

El campocorto ve por un momento breve la práctica, el campo donde varios jóvenes recogen rollings y de repente, de un salto, se para de la butaca y se pone en marcha.

"Bueno", dice siempre sonriendo, "hasta aquí llego el tren", concluyó.

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