Ya nadie se atreve a subestimar a los Rayas de Tampa Bay con el cuento de que tienen una de las nóminas más modestas dentro de las Grandes Ligas.
No necesitan un presupuesto abultado cuando se pueden fiar de una de las más talentosas rotaciones de abridores, en la que ninguno de sus cinco integrantes pasa de los 30 años y que en la pasada temporada contribuyó con más de 1.000 innings lanzados.
Los Rayas han ganado la división que es considerada como la más fuerte de las Grandes Ligas en 2008 y 2010, llevándose por delante a las potentes divisas de los Yanquis de Nueva York y los Medias Rojas de Boston.
Llevan tres intervenciones de postemporada en las últimas cuatro campañas y promedian 90 victorias en ese lapso, reseñó la agencia de noticias Ap.
Y lo del año pasado fue sencillamente monumental, inicialmente al recuperarse de un desastroso arranque de temporada y luego con una extraordinaria remontada de nueve juegos en el último mes al aprovechar el colapso de Boston para atrapar el wild card de la Liga Americana en la jornada final de la campaña regular.
Repetir en la postemporada es algo a lo que se han acostumbrado, sin importar que sus rivales de división les superen sideralmente en cuanto al presupuesto de salarios y luminarias.
El equipo del manager Joe Maddon simplemente se ha cansado de demostrar que sabe pelearle de igual a los pesos pesados.
Y ahora están convencidos que tienen todos los atributos para seguir en lo más alto: el magnífico pitcheo abridor con David Price y James Shields a la cabeza, la mejor defensa en las mayores durante 2011 y un ataque que añadió bateadores de poder en Carlos Peña y Luke Scott.
Y los Rayas han empezado a gastar más al estimarse que su inversión de este año subirá de los 44 millones de dólares a los 65.