Después de 55 años Mónaco celebra una boda de Estado ya que el novio es su soberano, Alberto II, hijo de Rainiero y Grace, quienes lograron dar brillo al segundo país más pequeño del mundo.
La novia no proviene de una familia aristocrática pero pertenece a una élite, la del deporte. Charlene Wittstock pasará a la historia como la bella nadadora que conquistó el corazón del soltero empedernido y que tantas preocupaciones produjo entre los monegascos que pensaron que Alberto nunca les daría el heredero que perpetuara el Príncipado.
El anuncio del noviazgo puso a trabajar la maquinaria de los preparativos de lo que sería la gran boda. 48 horas históricas, donde la música y el arte también tendrían su protagonismo. Porque además de lo que significa la celebración en si, el soberano ha querido que ésta contribuya a cambiar la visión que se tiene de esa ciudad estado. "Esta boda contribuirá a corregir la imagen estereotipada de Mónaco; contribuirá a que se conozca mejor la identidad monegasca y su valores económicos, culturales, humanitarios, deportivos y medioambientales" afirmó Alberto.
El enlace matrimonial tendrá dos capítulos, el civil el primero de julio en el salón del Trono del palacio, y el religioso al día sábado, que a rompe la tradición porque tendrá lugar al aire libre y no en la Catedral.
Entre los primeros nombres de invitados facilitados por el Palacio del Principado monegasco figuran la presidenta de Irlanda, Mary McAleese; el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso; el del Comité Olímpico Internacional (COI), Jacques Rogge, y los integrantes de la familia real sueca