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Patricia Engel: “La escritura se vuelve la vida de uno”

La autora estadounidense de raíces colombianas, está promocionando su más reciente novela “Las venas del océano” publicada por Alfaguara

  • DULCE MARÍA RAMOS

20/05/2018 01:00 am

Patricia Engel es una de las voces latinas con más fuerza en la literatura contemporánea estadounidense. Su preocupación literaria se enfoca en los temas migratorios, de ahí que sus personajes sean latinos enfrentados a su condición de inmigrantes, a lo que representa para ellos ser de este lado del continente en Estados Unidos. Su primera novela No es amor, es solo París (2014) recibió el Premio Latino Internacional; su libro Vida (2016) ganó el Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana, y su más reciente obra Las venas del océano fue reconocido con el Dayton Literary Peace Prize.

Una historia que le contó su madre sobre un hombre que lanza su hijo al mar, fue el inicio de una obsesión que la acompañó por varios años. Antes de convertirse en una novela Las venas del océano fue un cuento que se llamó El puente: “Fue un libro muy especial, requirió muchos años de investigación. Yo cambié como persona escribiéndolo, la investigación también me dio amistades muy profundas. Fue un libro muy difícil a la hora de escribir, también muy difícil de dejar atrás”, afirma la escritora.

“Cuando descubrió que su esposa le era infiel, Héctor Castillo le dijo a su hijo que subiera al carro porque se irían a pescar. Había pasado la medianoche, pero esto no era nada inusual. El puente de Rickenbacker, suspendido sobre la bahía de Biscayne, estaba lleno de pescadores nocturnos apoyados en las barandas, poniéndose al día con los chismes en medio de cervezas y sedales, para evitar regresar a casa junto a sus esposas. Solo que Héctor no llevaba consigo ningún equipo de pesca. Condujo de la mano a su hijo Carlito, que acababa de cumplir tres años, hasta el muro de cemento; lo levantó por la cintura, y lo sostuvo para que el niño sonriera y estirara los brazos como un pájaro, diciéndole a su Papi que estaba volando, volando, y Héctor le dijo, «Sí, Carlito, tienes alas»”. A pesar que Carlito  logra sobrevivir, repite años después la tragedia de su padre. En Las venas del océano nos dejaremos llevar por Reina, quien destrozada por la condena a muerte de su hermano, decide mudarse a los Cayos de La Florida. Allí conocerá a Nésto, un cubano. Ambos empezaran a entender sus orígenes, sus sombras y el desarraigo: “Trato de crear personajes auténticos, crearle nuevos amigos al lector, abrir su mundo. Finalmente, la escritura se vuelve la vida de uno”, asegura Engel.

-El personaje de Reina Castillo está marcado por una maldición familiar.

-Siempre me ha interesado la relación de la fe y la religión. Esta es una historia que ocurre en Miami y es notable la influencia de las religiones afrocaribeñas. Lo del abikú existe en muchas culturas, de hecho, se dice que Salvador Dalí era abikú, que dentro de él vivía el hijo perdido. En el caso Reina, su familia la marcó con esa maldición de ser abikú, que traía la mala suerte. En la novela, el lector verá como Reina rechaza esto y en ocasiones cómo lo asimila. Siempre me ha interesado el origen de las cosas, la lógica del destino y la posición de las personas en su familia –en el caso de Reina, es la hija menor– y cómo en su núcleo familiar es considerada como si estuviera en un estrato inferior.

-¿Cómo se acercó a la santería?

-Viaje mucho a Cuba. Los santeros se daban cuentan que mis intenciones eran muy respetuosas, no era para criticar o usar su religión de manera sensacionalista. En la novela uno de los personajes, Nesto, cree en la santería y necesitaba escribirlo de una manera auténtica.

-Precisamente, si algo tienen los personajes de esta novela es su realismo y autenticidad, en especial Nesto.

-Al vivir tantos años en Miami, conocí la historia de muchos cubanos, pero la mayoría llegó hace mucho tiempo y su impresión de Cuba era la de los años cincuenta y sesenta. Pero conocí a un cubano recién llegado a Miami y me contó como es Cuba hoy en día. A pesar de las relaciones tan complicadas de Estados Unidos con Cuba, la información que se tiene es muy limitada, me impactó mucho lo que ese hombre me contó y decidí que si quería escribir su historia tenía que visitar su país. Para mí es muy importante mantener la integridad y el respeto sobre la gente de la que estoy escribiendo, a otros escritores esto no les importa, pero yo siempre estoy pensando en la gente y cómo se van a sentir al leer el libro, yo sé, como latina en Estados Unidos, que te pueden describir de forma superficial o sin compasión. En mis viajes a Cuba me di cuenta que era muy ignorante sobre lo que sucedía allí, para mí fue muy importante la investigación, no solo hablar con la gente, era estar ahí, ver su vida cotidiana.

-¿Cuál fue su reacción ante una realidad tan distinta a la suya?

-Todo lo que escribo en esta novela viene de la vida real, es el resultado de lo que me contaron y lo que vi. Hay gente que vive muy cómoda, pero otra vive con mucha dificultad, con mucha hambre, la gente te lo dice con vergüenza, nadie quiere admitir eso, es algo muy doloroso. Hay muchas personas muy desilusionadas, traicionadas por el gobierno. 

-También en la historia hay una contradicción entre el proceso migratorio de Reina, hija de inmigrantes, y de Nésto.

-Con el personaje de Nésto quería retratar que la decisión de migrar es algo doloroso, que afecta los destinos de tus hijos y tus nietos, estás dibujando una línea final en un país para empezar en otro. Al migrar la persona empieza a vivir una vida paralela: la vida de ahora y la que dejó atrás. La mayoría siempre vive con esa nostalgia de volver a su país. Yo no puedo juzgar al que se queda o al que se va de su tierra.

-¿Quién sufre más durante la migración?

-Todos sufren, es una experiencia traumática hasta en las mejores circunstancias.

-¿Durante sus viajes a Cuba sufrió algún tipo de censura o impedimento para realizar su investigación?

-Mi primer viaje fue en enero 2013, antes del reinicio de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Viajé con permiso del gobierno americano. Siempre que llegaba me hacían muchas preguntas, fui muy honesta y les decía que estaba escribiendo una novela. Nunca me enteré si me espiaban o me seguían, yo no tenía secretos. A medida que conocía más gente en mis viajes tenía también más libertad, yo no andaba en zonas turísticas, además tenía un amigo taxista que me llevaba a todas partes.

-Otro de los temas que se toca en su novela es la pena de muerte.

-Yo llevo catorce años viviendo en La Florida, donde existe la pena muerte. Son pocos los países que la poseen y es muy contradictorio que un país como Estados Unidos, que se cree muy democrático y defensor de los derechos humanos, esto exista. En el caso de la novela, el personaje de Carlito cometió un delito imperdonable, pero uno se debe preguntar si el Estado tiene el derecho de matarlo, si el Estado tiene derecho a matar a la gente. Su suicidio deja a su hermana Reina pensado: ¿lo hizo porque tenía remordimientos, por el rencor que sentía hacia su padre y hacia ella o simplemente quería quitarle el placer al Estado de matarlo, tomar de alguna manera el control de su vida?

-Las venas del océano fue publicada primero en inglés, ¿cuál ha sido la impresión del público anglo?

-La gente se ha conectado con la tragedia de los personajes, además hay un interés porque Cuba sigue siendo algo misterioso para los lectores norteamericanos.

-¿Cómo ve el futuro de los inmigrantes en Estados Unidos?

-Se viven momentos muy intranquilos en Estados Unidos. Es un país que nunca ha enfrentado de manera honesta su pasado con la esclavitud y el racismo. La época de deportación fuerte empezó con el gobierno de Obama, ahora muchas personas se sienten amenazadas por los inmigrantes; por su parte, los inmigrantes sienten que el odio ha salido a la luz, que ya no es un secreto. Hay más inmigrantes que nunca en Estados Unidos, la gente también se está interesando más en la política. Vendrán cambios, hay que ser optimista.

-Y finalmente, ¿cómo es la ventana por donde mira Patricia Engel?

-En Estados Unidos y en el mundo vivimos tiempos de mucha ansiedad, la ventana por donde miro es a través de la distancia, estoy intentando de vivir el día a día, sin abrumarme para poder escribir.

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