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Mirco Ferri: "Existe en el país un sentimiento de derrota"

El autor presentará su nuevo libro “La puerta que se cierra”, publicado por Oscar Todtmann Editores, el viernes 25 de mayo en el Centro Italiano Venezolano de Caracas

  • DULCE MARÍA RAMOS

17/05/2018 01:00 am

Hace años, Mirco Ferri encontró varios documentos de sus padres de la época cuando emigraron a Venezuela; en su momento no supo qué hacer con ellos hasta hace poco que siendo hijo de inmigrantes tuvo que vivir el dolor de ver a sus hijas irse del país. La escritura para este autor venezolano sirvió de resistencia para afrontar el día a día y el hogar que ahora solo habita con su esposa.

En su primer libro Vidas de perros, Ferri experimentó con la ficción; ahora con La puerta que se cierra experimenta con la memoria y la no ficción, de esta manera se convierte en arqueólogo de su árbol familiar para armar un rompecabezas que en ocasiones está incompleto. Gracias a su buena memoria recordó algunas conversaciones con su madre y con la ayuda de su hermana pudo escribir sobre la migración y la historia íntima de su padre: “Este libro es una especie de deuda que estoy saldando con mi papá, siento que tuve cierta distancia con él, nunca nos dijimos muchas cosas. En parte lo escribí como un homenaje a una persona, que no fue perfecta y tuvo sus fallas como todo el mundo, pero que le tocó vivir circunstancias muy duras, que siempre pensó su vida en función de su familia”, dice.

El autor admite que ser hijo de inmigrantes tampoco es sencillo: “El desarraigo con una familia que uno sabe que tiene pero con la que no ha tenido un contacto con ella más allá de referencias, el no saberte nacional de un sitio… en algún momento en tu inconsciente te preguntas: ‘¿Soy venezolano o soy italiano?’. Desde pequeño estuvo presente la italianidad tanto en mi formación familiar como escolar. A veces me pregunto qué hubiera pasado si yo no hubiera nacido en Venezuela. Quizás, no hubiera nacido”.

-Cuando usted describe la inmigración de sus padres a Venezuela, después de la postguerra, se encuentra muchas referencias vinculadas a lo que se vive hoy en el país.

-Uno de mis propósitos con el libro fue hacer un paralelismo entre lo que ocurrió en Europa en los años de la postguerra y lo que está pasando ahora en Venezuela. Las motivaciones que tuvieron mis padres para emigrar de Italia y las motivaciones que tuvieron mi hija para irse de Venezuela, básicamente, aunque en distintas épocas, son las mismas: buscar una mejor calidad de vida. Si bien, el país no ha vivido una guerra, hemos tenido malos gobiernos y la implantación de una ideología nefasta que logró filtrarse en los estratos más bajos. Mucha gente vio en Chávez una especie de respuesta a lo que estaba sucediendo en los años noventa, cuando vivimos una crisis financiera y de valores. En parte, los medios fueron culpables de darle cierta tribuna a Chávez para que engolosinara al grueso de la población.

El libro es una historia menuda de una familia italiana circunscrita en la realidad de un país que estaba en plena transformación, en plena bonanza.

-El lector podrá percibir cierto tono pesimista en su libro.

-Lo escribí en un momento en que mis dos hijas se habían ido del país, igual ahora no tengo mucho optimismo sobre lo que pueda ocurrir en Venezuela. Quisiera que las cosas mejoraran, que mis hijas pudieran venir de vez en cuando a reencontrarse con su país. Para mí es muy duro pensar que ellas no puedan regresar, aunque estoy más tranquilo de que estén afuera. Los inmigrantes actuales pasan mucho trabajo, se tienen que conformar con lo que consigan y poco a poco irse afianzando. Aunque mis hijas pudieran ejercer su profesión en el país, la calidad de vida no está garantizada. Es muy duro ver que el país te empuja, te fuerza a irte. Aquí hubo tanta cultura, se formaron tantos profesionales que podían ayudar al enriquecimiento del país, pero se vieron forzados a irse. Merecemos un futuro mejor, nosotros en parte también le fallamos al país porque no supimos leer lo que estaba sucediendo y corregir cuando hubo oportunidad de hacerlo, ahora es muy difícil. Yo no sé si veré el nuevo albor de Venezuela en lo que me queda de vida, hay mucho sentimiento de derrota, uno nunca se imaginó vivir en una situación tan precaria.

-¿Qué es para usted ser inmigrante?

-Es un extranjero en todos lados, aunque suene un poco tremendista la afirmación, no deja de ser cierta. La gente que emigró a Venezuela y años después regresó a Italia, se encontró que la mayoría de su familia y sus amigos había muerto, que el idioma también cambió. En el caso de Italia, tuvo una evolución bastante favorable y el país de alguna manera se recompuso, esto pudo haber generado cierto conflicto interior. “¿Hice bien en irme?”, es una pregunta que no creo tenga una respuesta fácil.

-Usa en su libro la metáfora de las puertas, pero, ¿cómo es la ventana por donde mira Mirco Ferri?

-Mi ventana tiene barrotes, no sólo físicos también metafóricos, vivo en una ciudad –Caracas – enrejada por los motivos que todos conocemos. Mi visión se ve limitada por esos barrotes que siempre tengo al frente y no me permiten ver más allá, eso me hace experimentar cierto pesimismo. Lo que veo por mi ventana ahora no es bonito: veo mucha hambre, gente rebuscándose como puede, personas comiendo de la basura; también veo iniciativas culturales, que a pesar de lo duro que estamos viviendo existe cierta resistencia. De alguna manera la creación es una forma de resistencia, mi esposa pintando y yo escribiendo.

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