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Jorge Pizzani: "La adversidad es la madre de la creación"

El persistente anhelo del artista ha seguido irremediablemente, desde la tribuna intuitiva del resplandor artístico, el galope acompasado de Luisa Richter, Gego, Manuel Espinosa, entre otros

  • PEDRO ANTONUCCIO SANÓ

20/10/2019 01:00 am

ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL

En plena preparación de un libro que condensará más de cinco décadas como dibujante, pintor y escultor, y con el ojo puesto en una venidera exposición en Madrid y otra en Venezuela (segunda quincena de febrero de 2020), el artista visual Jorge Pizzani (Acarigua, 1949) arribó a sus primeros setenta años de vida, surcando aquellos horizontes de su oficio con la destreza que lo califica de "irreprimible".

"Mi trazo cada vez tiene más sentido y avanza con una libertad infinita. La relación cerebro-soporte es más precisa, es un acto donde el azar, la magia y el inconsciente juegan un papel preponderante con la capacidad de la contemplación y la realidad. Su trayectoria apunta a ser cada vez más pródigo, buscando contar siempre con lo inesperado y esa capacidad que acompaña la sorpresa", confiesa un Pizzani emocionado, desde su multicolor estudio caraqueño de La Florida.

El persistente anhelo del artista ha seguido irremediablemente, desde la tribuna intuitiva del resplandor artístico, el galope acompasado de Luisa Richter, Gego, Manuel Espinosa, Alirio Palacios, Van Gogh y Goya, por citar algunos.

"Todos, de alguna manera, y cada uno en su justa medida, están inmersos en mi obra y fueron grandes educadores. Pero hay que hacer una salvedad: Vincent y Don Francisco fueron unos cronistas, testigos e ilustradores únicos de su época. Y cuando digo cronistas e ilustradores, es en un sentido totalizador, porque las suyas son imágenes de un desgarramiento humano sin precedentes, desde el vértigo cósmico de la mirada de sus personajes, hasta los límites de un Cronos devorando a su hijo", asegura.

Y entonces cuando repentinamente los demonios del poder andan sueltos por la Tierra y el panorama de la vida parece envilecerse apoderándose el caos del día a día, la transfiguración de lo habitual, siempre en boca de Jorge Pizzani, logra examinar sin timidez esta estación de la existencia que nos ha tocado vivir:

"Es un tiempo de viento y borrasca, presentándose un deterioro generalizado a todos los niveles, donde en lo que se refiere a la cultura, el desamparo es total. Lo que sucede en los museos es imperdonable, tanto así que cuando el patrimonio nacional de un país está en peligro de extinción, el alma de esa nación está en cuidados intensivos".

Desde su probada vivacidad pictórica, revestida hoy de auténtica plenitud, este joven Pizzani en quien confluyen lo corporal y lo espiritual, brotado de atributos para pintar desde las traviesas yemas de sus dedos, es capaz de sorprender una vez más sin dar cabida a la más mínima pizca de melancolía ni al proseguimiento de esos fugaces ecos luctuosos que se apoderan de algunas sociedades.

"La pintura no se detiene. Hay mucho movimiento y gente joven que está surgiendo en esta tormenta de granizo que parece interminable. Hablo de un auge casi undergrown, con mucho espacio alternativo frente a la inercia, y la muerte de la cultura en el sector oficial. Acuérdate, la adversidad es la madre de la creación", lanza el temple vocal de un Pizzani que llega a ser incluso celebratorio.

Sin rodeas, avanza ante el desconcierto que impone el engaño y la argucia:

"Nos hemos convertido en artífices de la mentira y del cinismo, tanto de izquierda como de derecha; fascismos de un lado y del otro, que quieren una población ignorante para conducir el rebaño a su ritmo. La democracia es un bien que implica unos principios éticos que no se practican".

Lo prodigioso del caso es que el bosquejo de Pizzani desafíe el transcurso de los años y todavía irrumpa dotado de un conjunto aceitado de piezas esenciales, donde su motivo central invariablemente será "la condición humana, su entorno y sus circunstancias", adentrándose en el drama y el gran tema que representa la complejidad de la vida.

"Mi obra es un espejo donde constatar en qué nos hemos convertido y hacia qué lugar vamos, sin falsas posturas, yendo a la esencia del problema porque el hombre es el lobo del hombre", apunta el artista que también tiene su propio "Reino Apacible", en las inmediaciones del Cedral Moreno, en Turgua, estado Miranda.


Aunque Pizzani, abiertamente sosegado, no pretenda inducir sino a una reflexión interna e interpersonal, el detonante liberador en la construcción de su discurso lo representa "el proceso en sí, que va creciendo unido a las experiencias que son las partes que constituyen ese discurso de vida, mientras más se avanza, más control obtienes sobre él, más libertad y claridad en la acción y en los postulados. "Es allí donde comienzan a aparecer los sortilegios o saltos cualitativos", comenta quien no cree que la pintura haya quedado relegada por la instantaneidad de otras expresiones artísticas:

"La pintura es una forma de expresión vital, inherente a la existencia del ser humano, es inmanente, y cada vez cobra más valor porque la complejidad de los elementos que la conforman es única; las modas y las tendencias siempre existirán, negando su vigencia para imponerse de forma transitoria. A fin de cuentas, lo más relevante es el peso específico del contenido, el medio es solo el vehículo".

Pizzani no tiene reparos en reconocer que su trabajo ha estado "enceguecidamente" deslumbrado por la obra de Armando Reverón:

"¿Y por qué no? Lo maravilloso de Reverón es lo sutil de su ejecución, su entrega total a su obra y ese trazo mágico entre la vigilia y el sueño, como una ensoñación", confiesa.

Tampoco desconoce que, en la edificación de su misterio plástico y la búsqueda estética, el séptimo arte haya jugado un papel clave: "Mi relación con el cine siempre estuvo ligada a la obra de Diego Rísquez, una amistad y una admiración mutua que nos permitió una fluidez extraordinaria, en películas como "Amérika", "Terra Incógnita", "Orinoko Nuevo Mundo", "Karibe con tempo" y "Reverón".

El mundo de la cultura en Venezuela celebra la agudeza que ofrecen las respuestas de esta "nube creativa", ante las innumerables hipótesis del devenir, porque Jorge Pizzani es algo más que la mera anotación de "un tránsito innovador independiente".

"El camino de la creación nunca será lineal. Dependerá mucho del carácter y la personalidad del individuo; cuenta mucho tu fuero interno y de tu fortaleza depende el salir airoso de los problemas inherentes a esa entrega. Parto del principio de que la adversidad es siempre creadora y el artista es un traductor insigne de los eventos de su tiempo".

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