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  • YOLIMER OBELMEJÍAS

06/04/2018 12:36 am

Caupolicán Ovalles (Caracas, 1960) cuenta que a pesar de que su familia no es originaria de Venezuela -llegó hace 400 años proveniente de España-, sus bisabuelos sembraron en él un gran interés por la historia nacional que más tarde se mezcló con su pasión por el género policial, que desarrolló a sus anchas como escritor y director de la serie Archivo Criminal, de RCTV. 
Esas dos motivaciones hicieron que el educador viera en la reapertura del caso del asesinato de Antonio José de Sucre, El Gran Mariscal de Ayacucho, la historia ideal para rodar su segunda película Muerte en Berruecos, cuyo guion coescribió con Édgar Narváez y que llegará a las salas de cine del país el próximo 13 de abril. 
"El caso de Sucre es el primer magnicidio que se da en Hispanoamérica, fue controversial y contradictorio, siempre estuvo lleno de dudas y acusaciones de bando y bando y grandes personalidades se beneficiaron con ese asesinato y eso nos dio la idea de trabajar sobre el abuso del poder y por allí nos fuimos hacia el thriller", dice.  

La acción se inicia en la Bogotá de 1940, 10 años después de aquel 4 de junio de 1830 cuando un complot extinguió en la selva de Berruecos la vida del sucesor natural de El Libertador, Simón Bolívar. El Mayor Alejandro Godoy (Luis Gerónimo Abreu) asume el cargo del fiscal del juicio. En medio de sus investigaciones, Godoy descubre que gran parte del expediente del proceso anterior fue destruido, pero aún con el riesgo de morir en el intento logra dar con la verdad. 

"Édgar Narváez y yo nos basamos en hechos reales y los adaptamos cinematográficamente, bajo el género policial para escribir el guion. Y nos tomamos todas las libertades del mundo. Muerte en Berruecos no es un documental histórico. Durante cinco años investigamos todo el proceso, leímos biografías de Sucre y las hilvanamos en 90 minutos para que tuviera una narrativa interesante", agrega Ovalles. 
El elenco está integrado por Luis Gerónimo Abreu, Laureano Olivares, Malena González, Rafael Gil, Ignacio Márquez, Antonio Delli y Augusto Nitti. Además, cuenta con las actuaciones especiales de: Rosalinda Serfaty, Claudia La Gatta, Alexandra Scull, Manuel Salazar, Yugui López, Gerardo Luongo, Vito Lonardo, Asdrúbal Barrios, Oliver Morillo, Alberto González, Agustín Segnini y Pedro Albán. 
Muerte en Berruecos es una coproducción entre Ecuador, Panamá y Venezuela. Gonzalo Ponce estuvo a cargo de la producción ejecutiva en Ecuador; Adolfo López hizo lo propio en Panamá; y Ovalles asumió dichas obligaciones en territorio local. Beatriz Aranguren fungió como productora general. 
Los exteriores del largometraje fueron filmados en el casco histórico de Ciudad de Panamá y Quito, mientras que los interiores fueron grabados en Caracas, bajo la dirección artística de Diego Rísquez. Cezary Jaworski se ocupó de la dirección de fotografía; y Carlos Bolívar del sonido. 
Reto actoral 
No solamente Caupolicán Ovalles y Édgar Narváez se convirtieron en ratones de biblioteca. Augusto Nitti y Antonio Delli, así como el resto del reparto de Muerte en Berruecos, e prepararon al estilo de la vieja escuela para darles la mayor veracidad posible a sus personajes. 
"Me fui a la Biblioteca Nacional y me interesé por todo lo relacionado con Sucre, desde la parte militar, sus estrategias e incluso las cartas de amor que le enviaba a su esposa Mariana Carcelén de Guevara porque quería saber la persona que era. Muchas veces vemos a los próceres y olvidamos que también eran seres humanos que se casaban, que amaban, que tenían hijos y eso me permitió darle esa tridimensionalidad al personaje", afirma el actor.
Nitti confiesa que quiso tratar de entender los últimos días de Sucre, el primer personaje histórico de su carrera. "Él quería estar con su familia, de hecho, antes de salir de Bogotá le escribió una carta a su hermano Gerónimo diciéndole que no quería estar nunca más en las esferas del poder político; y tenía problemas en la mano derecha por una reyerta en Bolivia cuando la liberó. Él sabía que mucha gente le tenía envidia y lo quería sacar del poder porque era incómodo para esas personas que manejaban los hilos en los distintos países que formaban parte de la Gran Colombia, que ya se estaba desintegrando, que lo odiaban y no lo querían ahí. Él sólo deseaba estar tranquilo. En el fondo, sabía que le quedaba poco". 
Antonio Delli asegura que disfrutó encarnar al oficial Eraso Mutis. "Él es un militar honesto que está a cargo de la investigación para descubrir este complot para asesinar a Sucre. Me gustó esa dualidad del bien y del mal, esa cosa de 'lo tenemos bien cerquita, pero lo dejamos quemar' siempre me ha parecido interesante". 

Al histrión le parece apasionante hacer una película histórica porque debe investigar la manera cómo debe hablar, llevar una capa e incluso recibió clases para aprender a montar a caballo. 
"También me gusta trabajar en un proyecto que diga algo de nuestra historia y, sobre todo, que evidencie que el poder que es cíclico. El hombre no termina de aprender, cada cierto tiempo vuelve a caer en los mismos errores, en las mismas diatribas y tentaciones", subraya. 
Gran angular 
"Nuestra historia no es lineal, la contamos a partir de diferentes puntos de vista, de los testimonios de los involucrados, y varía dependiendo de quien los cuente", comenta Ovalles. 
El director sostiene que es "un filme histórico enmarcado dentro del género policial que se limita a presentar las estructuras de poder para que el espectador saque sus propias conclusiones".

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