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Orlando Arocha: "A este país lo debemos volver a coser"

El director de teatro acaba de regresar de Europa, donde presentó su puesta en escena del texto español “Hay que tirar las vacas por el barranco”

  • CAROLYN MANRIQUE

25/08/2019 01:00 am

No existe una gran taquilla ubicada en un elegante o bonito lobby. Tampoco butacas acolchadas que den hacía un majestuoso escenario. Es más bien un espacio de 12x7 metros cuadrados y cuatro de altura, en el que orgánicamente se convive -como fósforos en una pequeña caja- y se hace teatro de arte, así como lo planteó Stanislavsky en el siglo XX.

"El teatro de arte es un teatro comprometido, crítico, donde lo importante no es lo financiero y la taquilla, sino tratar de contar algo a los espectadores y crear en ellos una reacción. Moverlos a ellos y movernos a nosotros", dice Orlando Arocha, fundador del Teatro del Contrajuego en 1987 y uno de los tres directores de La Caja de Fósforos de la Concha Acústica de Bello Monte.

El nacimiento de este espacio cultural es nuevo. Hace seis años, para ser precisos, fue creado como consecuencia del cierre del Ateneo de Caracas, donde solían presentarse las obras de Contrajuego.

Al dejar de tener un escenario seguro, la agrupación quedó a la deriva hasta que la Alcaldía de Baruta le cedió un espacio, detrás de la Concha Acústica de Bello Monte, el que se han mantenido.

Arocha cuenta que muchos en su momento dijeron que verlo en un lugar tan pequeño les generaba lástima; sin embargo, para él, el teatro no es tan solo un espacio.

"Un teatro no es un hueco. Un teatro es un concepto, una idea. Es la gente", afirma.

Entre los logros de la directiva de La Caja, conformada por Arocha, Diana Volpe y Ricardo Nortier, se encuentra vencer los obstáculos económicos y de área que les impiden dictar talleres y cursos para la formación de nuevos hacedores de las artes escénicas.

Entre los eventos más destacados que ha realizado La Caja de Fósforos se encuentran los festivales de teatro estadounidense y europeo, en los que presentan textos contemporáneos de esos países que están conectados con la realidad venezolana. Además, dictan talleres, como el de Dirección con ayuda de la Embajada de Estados Unidos en Venezuela.

"El modelo es una apuesta a lo artístico; al público, en relación a sus problemas, y también a la formación. Con los espacios de formación esperamos crear", comenta el director sobre su misión teatral.

Hace un mes, el grupo viajó a Europa con la obra Hay que tirar las vacas por el barranco, escrita por el español Ricard Ruiz Garzón y dirigida por el propio Arocha, la cual presentaron en varios centros teatrales.

 Entre los montajes más recientes del creador está el texto del suizo Milo Rau, La repetición, y Negro, animal, tristeza, de la alemana Anja Hillingel, ambas como parte del II Festival de Dramaturgia Europea.

-¿Qué significa hacer teatro desde la precariedad?
-En el arte, la precariedad está en el alma y en la mente de los artistas, no en la parte económica. La parte económica se va detrás cuando hay una idea y un concepto. Si no se soluciona la parte económica, se rediseña hasta que se logra. La crisis ahora no es tanto financiera. Es más bien conceptual y de ideas. Nos hemos acostumbrado a no pensar y a no reflexionar, a no reaccionar de una manera más dinámica con el acontecer, y creo que eso es lo que nos ha debilitado.

-¿Cuáles son esas debilidades del teatro venezolano?
-Los dos puntos débiles del teatro venezolano son la dramaturgia y los directores. No hay muchas opciones, por esto las nuevas generaciones han venido decayendo, porque no hay plataformas, modelos o ideas. El teatro ha perdido un poco su norte, que redescubre de vez en cuando. Esto es lo que siento más grave, pero es algo que se va a solucionar porque así tiene que ser. Tarde o temprano va a surgir algo, si no es que ya está surgiendo.

La obras realizadas en La Caja han tenido un lugar destacado dentro de la cartelera venezolana. En ellas se tratan temas contemporáneos que tocan directamente a los espectadores.

"Nosotros nos encargamos de hacer un teatro comprometido y crítico, donde lo importante no es lo financiero y la taquilla", comenta el director.

La migración de varios de sus talentos, obligó a la agrupación a realizar este año, por primera vez, audiciones actorales.

-¿Cómo evalúa a las nuevas generaciones?
-Los jóvenes no tienen muchas opciones, por eso nosotros nos basamos en un proceso de formación. No damos oportunidades a diestra y siniestra, son personas que pasan por un proceso en el que toman herramientas con las que pueden hacer un trabajo más eficaz y artísticamente más enfocado. Si la persona lo logra o no, es su problema. Queremos ser un teatro comprometido con la formación, y más en un país que vive un éxodo terrible que nos ha hecho perder 50% de las personas con que trabajamos.

-¿Cómo afrontan el éxodo masivo?
-La migración es una dinámica un poco perversa, difícil y angustiante, pero hay que afrontarla. Por eso, hemos decidido hacer audiciones, no teníamos trabajadores. Ahora sí los tenemos.

-¿Qué lo motiva a seguir a pesar de todo?
-Acá hay un problema vocacional. Una profunda integración al arte y a la vida del arte. Deseo de comunicar, de dar una respuesta a nuestras angustias y a las de otros. Angustias económicas, filosóficas, psicológicas y de toda índole. El teatro responde a todo, es terapéutico y sanador, nos permite vernos mejor. Y cuando uno tiene la oportunidad de verse y analizar su problema, las posibilidades de resolverlos son mayores.

-Dice que uno de los puntos débiles del teatro es la dramaturgia, ¿a qué cree que se deba?
-Los venezolanos son un poco huérfanos porque el Estado no funciona, no hay plataformas que le den seguridad a un escritor. El problema de la dramaturgia venezolana es el financiamiento de las producciones. Puede haber mucha gente que escriba, pero es más difícil financiar a un venezolano que a un francés, porque esos autores tienen embajadas que los respaldan y los ayudan a montar. ¿Para qué escribo si la voy a engavetar? ¿Para qué escribo si no hay alguien que me la monte o me la lea?

Arocha también habla sobre la falta de espacios de encuentro en la cultura, alegando: "El país se ha convertido en islas, en fragmentos, y al tener un país fragmentado solo quedan dos cosas por hacer: tratar de unirlo o hablar de esa fragmentación, y ahí creo que los dramaturgos deberían intervenir. A este país lo debemos volver a coser y el teatro puede ser uno de esos hilos para hacerlo".

-¿Añora la época de auge teatral de los 80?
-Podemos tener esa época como modelo, pero ¿qué hacemos nosotros añorando lo que ya no es?, debemos reconstruir.

-¿Es importante para una agrupación teatral contar con un teatro fijo para presentarse?
-Absolutamente. Invitaría a todas las alcaldías a que rescaten a todos los grupos, porque su trabajo es muy fuerte. Las alcaldías o municipios deben entender que el teatro para ellos puede ser una opción para mejorar la vida de sus habitantes, porque ahí tenemos gente con gran vocación, a la que no los para sueldo, lluvias o tormentas.

-¿Es fácil trabajar de la mano de una alcaldía?
-Trabajar con alcaldías tiene sus dificultades, porque son instituciones burocráticas, muy pesadas, y el teatro es una cosa más dinámica. En ese sentido siempre hay dificultades y roces, pero se debe entender la importancia de la actividad y de crear.

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