Espacio publicitario

  • EDGAR MORENO-URIBE

15/08/2019 01:00 am

La falconiana Carmen “La Negra” Jiménez está ahí, cual versión cultural del Peñón de Gibraltar, enclavada en la acera norte del Metro de Caracas. Dirige al Laboratorio Teatral Anna Julia Rojas, institución teatral fundada por Horacio Peterson en una modesta edificación de dos plantas, la cual funciona y labora públicamente como sala, salones de ensayos y biblioteca especializada, además de ser un curioso “museo” con materiales de iluminación, etcétera. Nadie puede, pues, ignorar o desechar su presencia e importancia para las generaciones de teatreros de las últimas décadas, siempre ávidas de conocimientos.

Horacio Peterson (Horacio Callao, Coquimbo, Chile, 24 de abril de 1922/ Caracas, 26 de noviembre de 2002) contó que siempre fue un aventurero, desde niño, y el hecho de venir a Venezuela terminó siendo una página más de su largo viaje existencial. ”Lejos estaba yo de imaginar lo que me pasaría y que al cabo de largos 40 años estuviera yo recordándolo para contárselos. Vine como asistente de direccion de cine, precisamente cuando Bolívar Films intentaba hacer una industria. Vine por carambola, por así decirlo; había abandonado mi carrera de actor, porque consideraba que no tenía el talento suficiente como para mantenerme en un nivel al cual me habían elevado, como intérprete en cine y en teatro: Sin embargo había logrado ser una figura en mi pais. Realicé cuatro roles protagónicos en cine e hice tres protagónicos teatrales en 12 obras; todo esto me habría creado un prototipo de ser amargado, torturado, con el pelo en la cara, usando jeans y mocasines sin medias. Ocasionalmente me contrataron para tres películas en Buenos Aires; las hice y cuando culminaba la tercera me di cuenta que se había detenido mi carrera de actor; había cambiado y no quería ser más el cómico. Me dieron trabajo como asistente de direccion y trabajé en 14 largometrajes hasta que el director Carlos Hugo Christenses, a quien había asistido en cuatro filmaciones, me dijo habían llegado a Argentina unos empresarios venezolanos interesados en contratar personal para iniciar una empresa productora, Yo le manifesté que no me interesaba nada con ese pais, ni con su capital porque me había contado que los cocodrilos andaban libremente por sus calles”.

“A la semana estaba ya instalado en Caracas. Fue un choque fuerte, pero agradable, porque yo venía de una gran urbe, Buenos Aires. De repente estaba en Caracas que era su polo opuesto, donde la sencillez y la espontaneidad de sus habitantes, así como la informalidad, terminaron por cautivarme. Era una Venezuela verdaderamente saudita. Vine a trabajar cuando tenía 19 años, por 6 mil 500 bolívares, además del alquiler de apartamento, comida pagada y un carro. Me sentí entonces como el hombre más feliz del mundo, dueño de una libertad económica que me permitía hacer lo que quisiera”. 

La bonanza económica y el trabajo mismo terminaron por cambiar el caracter a Peterson; endurecieron su personalidad, ”aunque sigo siendo un ser tímido”, y tras trabajar en 11 peliculas venezolanas como asistente le dieron la oportunidad de dirigir su primer largo, Territorio grande, el cual recibió positivas y esperanzadoras críticas en torno una cine venezolano. Pero su carrera cinematográfica culmino ahí. El proyecto de Bolívar Films quebró y Venezuela perdió la posibilidad de desarrollar una verdadera industria cinematográfica.

Se ganó una beca para estudiar inglés en Londres pero aquí en Caracas conoció a Juana Sujo y ella le presentó a la presidenta del Ateneo de Caracas, Anna Julia Rojas, “extraordinaria mujer, dotada de un poder de persuasión como solamente tienen los andinos venezolanos; ella me dijo: Yo quiero que hagas un movimiento teatral y que organices una escuela de formación. Le respondí que nunca había dirigido una obra de teatro, aunque si podía enseñar unos cuantos elementos de actuación. Ella insistió diciéndome que no desperdiciar la oportunidad e iniciara ese movimiento teatral que iba a caracterizar al Ateneo de Caracas. Pedí unos cuantos consejos a Luis Peraza (Pepe Pito) que era director del Teatro del Pueblo, quien me instruyó en la historia y en las características del teatro venezolano, y acepté trabajar desde marzo de 1951”.

Y comenzó así su nuevo y largo trabajo, además de único, que tuvo en este pais. Preguntó en ese momento, como era lógico, a la presidenta Annan Julia Rojas, por lo que le iban a pagar, a lo cual ella le respondió: ¿pagarte yo a ti? Aquí no hay nada: tendrás que vivir toda tu vida para pagarle esa deuda que te pone Venezuela, Aquí no hay nada, empezó la Juana Sujo hace unos meses, y está Pepe Pito, y toda esa historia de los que antes lucharon por hacer un movimiento teatral. ¿Tú no quieres ser el primero? Acepta, aunque ya sabes que nunca te vamos a pagar. Tú tienes que buscarte el dinero”.

Y así empezó todo. Ligia Tapia, Eliseo Perera, Herminia Salazar, Freddy Salazar y Esteban Herrera empezaron y lo acompañaron en ese arranque. Fundó la Escuela de Teatro e inventó el primer grupo de teatro del Ateneo. Allí se instaló la casa ateneísta en la quinta Ramia en la plaza Morelos, y ahí se mantuvo hasta 1971, cuando su vida dio un cambio. Se cerró una historia y él comenzó a hacer y escribir otra. 

emorenouribe@gmail.com 

@EAMORENOURIBE 

Espacio publicitario

Espacio publicitario

Espacio publicitario

DESDE TWITTER

EDICIÓN DEL DÍA

Espacio publicitario

TE PUEDE INTERESAR

Espacio publicitario

Espacio publicitario