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Gualberto Ibarreto, orgullo de Venezuela

“El cantor de la voz de pueblo” hoy celebra su cumpleaños convertido en emblema fundamental de nuestra música

  • AQUILINO JOSÉ MATA

12/07/2019 01:00 am

Con su voz y sus canciones, Gualberto Ibarreto ha cautivado y recibido numerosos reconocimientos en escenarios nacionales e internacionales, desde que en 1975 irrumpió con María Antonia, su primer éxito. Nacido el 12 de julio de 1947, en El Pilar, estado Sucre -por lo cual hoy está celebrando 72 años de edad- ya desde sus inicios lo dominaba el entusiasmo de proyectar y dar a conocer la obra de los grandes compositores del Oriente del país, principalmente de su mentor, Luis Mariano Rivera, así como de los ritmos autóctonos de su región, como la malagueña, la jota, el galerón y el polo. 

La música siempre lo acompañó. En su infancia y adolescencia estuvo rodeado de exponentes populares del folclore de su tierra. A fuerza de escucharlos y observarlos atentamente, aprendió a tocar el cuatro, la guitarra y la mandolina. Todo ello, estimulado por su abuela, que era hábil en la ejecución de la bandola; y de su abuelo, que se ganaba la vida elaborando esos instrumentos de cuerda tan típicos de nuestro folclore. En cuanto a su potencial vocal e interpretativo, el mismo que llevó a Luis Mariano Rivera a calificarlo, certeramente, como “El cantor de la voz de pueblo”, le surgió espontáneamente, de forma autodidacta. Entre sus primeras experiencias se cuentan el haber cantado en el orfeón del liceo Briceño Méndez, de El Tigre, estado Anzoátegui, en su época de estudiante de bachillerato, paralelamente a su participación como ejecutante de la mandolina, en la estudiantina del Colegio San Antonio de Padua, de la misma ciudad. Siendo ya estudiante de economía en la Universidad de Los Andes, hizo sus primeras presentaciones como vocalista en la Sala de Conciertos de la Universidad Central de Venezuela en 1973. Ese mismo año, intervino en el I Festival Universitario de la Canción Venezolana, celebrado en la ULA, y ganó con la canción Cerecita, de Luis Mariano Rivera. De allí a la consagración no quedaba sino un corto trecho. 

Todo ocurrió durante un providencial encuentro con los periodistas Aleidy Coll y Rómulo Rodríguez (eminente cronista del espectáculo tempranamente fallecido en 1984), quienes habían viajado a Mérida en 1975 para una presentación de María Teresa Chacín en la ULA. Con ellos iba el productor discográfico Kiko Contreras, del sello Promus, en cuyo catálogo figuraban artistas como Alí Primera (entonces pegado en todo el país con Cunaviche adentro), Los Guaraguao, Trino Mora, Nancy Ramos y Lilia Vera, entre otros. 

Después de la presentación de María Teresa, la hermana de Aleidy los invitó esa misma noche a su fiesta de graduación en La Cabaña, en el hotel Valle Grande. Les comentó que iba un gran amigo de ella, que estudiaba noveno semestre de economía y que cantaba muy bien. Era, por supuesto, Gualberto. El encuentro fue definitivo. En La Cabaña estuvieron toda la noche parrandeando, con Gualberto cantando una canción tras otra. “Quedamos tan impresionados, que le dijimos que porqué no se venía para Caracas y nos buscara, con la idea de hacerle un disco”, cuenta Aleidy evocando aquel encuentro. “A la semana, ya me estaba tocando la puerta de la casa y Gualberto, al verme tan sorprendida, pues yo no esperaba que fuese tan rápido, exclamó divertido: ‘Bueno, ¿tú no me dijiste que me viniera? Aquí estoy’”. Al día siguiente ya estaban en Promus. 

“Recuerdo que el primer disco lo hizo solo Gualberto. Primero grabó la voz de todas las canciones y luego les fue incorporando los instrumentos, tocados también por él mismo: cuatro, mandolina, guitarra, etc. La foto de la portada se hizo mucho antes de la grabación, cuando Gualberto estaba recién llegado. El cuatro que aparece tocando no era de él, pues se vino desde Mérida sin ningún instrumento, sino del fotógrafo Luis Barrios, encargado de hacer la carátula, quien se lo prestó”. 

El éxito de ese primer disco fue inmediato. Aleidy tocó la puerta de todos y cada uno de los musicalizadores radiales. Todos se entusiasmaron con el nuevo prospecto y le brindaron su apoyo. Además de María Antonia, que fue el primer tema que pegó en todo el país, le siguieron La Guácara, Mi negra Francisca Antonia y El sancocho. Ya Gualberto era un ídolo nacional. 

Al estar pegado en la radio, era inevitable que surgieran las peticiones para hacer presentaciones personales y de televisión. “Todo surgió tan rápido, que Gualberto aún no tenía un grupo formado. Y aquí vuelve de nuevo a actuar Luis Barrios, quien vivía en el mismo edificio de Renny Montaño, el hijo de Rafael Montaño, quien era un hábil ejecutante de la mandolina. Con Renny, Mauro Tortolero en el bajo, Nelson Navarro en la guitarra (hermano de Chuto Navarro, el gerente general de Promus) y el propio Gualberto en el cuatro, surgió el primer conjunto que lo acompañó musicalmente durante mucho tiempo. Demás está decir que Gualberto abandonó los estudios de economía para dedicarse enteramente a la música. Y yo me convertí en su manager”. 

Para Aleidy Coll, el arrastre y popularidad del cantante se produjo, en buena medida, porque llenó un espacio vacío desde la época de otros vocalistas legendarios, como Alfredo Sadel, Mario Suárez, Rafael Montaño y Héctor Cabrera. “El público esperaba una figura emergente de esa misma categoría”. 

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