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Chocron influyó a Mariana

  • EDGAR MORENO-URIBE

11/07/2019 01:00 am

Ha debutado en los escenarios venezolanos la dramaturga peruana Mariana de Althaus Checa (1974) con su pieza Tres historias del mar, la cual sirvió para el aceptable montaje de egreso de las estudiantes Chris Tigrera, Stephannye Baena Y Patricia Castillo, bajo la dirección de Guillermo Díaz Yuma, el cual se presentó los días 3,4, 6 y 7 de julio en la Sala Horacio Peterson de Unearte. 

Hay que puntualizar que esta autora estudió Dirección de Escena en Barcelona, España, donde dirigió su primera obra, En el borde (estrenada en 1998, y puesta en escena en Buenos Aires también). Seguidamente dirigió El viaje (2001, coautora), Los charcos sucios de la ciudad (2001), que además protagonizó y la obra apareció publicada en el libro Dramaturgia Peruana II, cuyo editor fue Roberto Ángeles. Le siguieron las piezas Princesa Cero (2001, coautora), Tres historias de mar (2003, la estrenó y dirigió en Barcelona, obra participante en el Festival Margaritas), Vino, bate y chocolate (2004), Volar (2004) y La puerta invisible (2005). En 2006, escribió y dirigió la obra Ruido. En 2011, presentó las obras de teatro La mujer espada, Entonces Alicia cayó y Criadero, instrucciones para (no) crecer. En 2012, dirigió la obra El lenguaje de las sirenas en el MALI. ​ A fines de año presentó El sistema solar, repuesto el año siguiente durante los meses de abril y mayo. ​ De Althaus publicó el libro Dramas de familia en 2013, que reúne sus tres últimas obras. Y ese mismo año escribió y dirigió Padre nuestro

Sin lugar a dudas es una valiosa artista peruana que exactamente a la edad de su hija Nerea (10 años) asistió por primera vez a una obra de teatro. Por una razón que desconoce, su abuela paterna, Blanca Guarderas, no eligió una pieza infantil. La llevó a ver Simón, del venezolano Isaac Chocrón, dirigida por Gianfranco Brero, en la que Alberto Ísola hacía el papel de Simón Rodríguez, tutor del Libertador, y Miguel Iza cumplía el rol del aún inexperto Simón Bolívar. Con sus ojos verdes y crédulos de niña, Mariana de Althaus siguió muy atenta los diálogos entre maestro y pupilo y entendió que allí se iba gestando una transformación: el joven de vida cómoda y resuelta decidiría entregar su vida por la libertad de América Latina. 

De algún modo, el teatro fue siempre su propio mundo. La primera obra de Mariana de Althaus fue escrita antes de que acabara la primaria: una breve pieza costumbrista actuada por ella misma en la que debía apaciguar a un bebé llorón. Luego le siguieron una serie de sketches, escenificaciones de chistes o versiones graciosas de cuentos infantiles, que ella misma define como “malas imitaciones de Chiquilladas”, un programa ochentero para niños. Pese a la improvisación, escribía guiones en un cuaderno escolar y se esmeraba por dirigir a sus primos Etienne, Isabel y Beatriz, y a su hermana Lucía, con la rigurosidad que exigía el público conformado por su familia. En la soledad de la infancia, siempre desde ese rincón oscuro reservado para ella en las relaciones sociales, las telenovelas estimularon aún más su mundo interior. El melodrama la hacía vibrar.  

“Me da mucho medio hablar al público en una conferencia, en una presentación de libro o en una feria. Tiemblo. Tengo que tomar una pastilla”, dice. Por eso prefiere hablar para grupos pequeños, siempre de dramaturgia —su tema preferido— o comunicarse por Whatsapp o por correo electrónico. Si de ella dependiera, eliminaría los teléfonos. Pero aclara que no se considera huraña. “Me encanta la interacción humana, pero máximo de cuatro personas”, aclara y su risita tímida aparece otra vez. 

A la timidez le siguió la rebeldía. En los últimos años de colegio, Mariana de Althaus se quiso despegar de ese molde de niña frágil y tímida, encerrada tras los muros de su imaginación, y empezó a tener una adolescencia más integrada. Los amigos aparecieron, pero el sentimiento de estar al margen jamás desaparecería. No quería ser la freak del grupo. “Buscaba parecer lo más normal posible”, dice en voz baja. “Y lo logré, creo que lo logré”, continúa con una sonrisa de satisfacción. “Primera llamada, primera llamada”, se escucha en el teatro. 

Después del colegio, la vocación teatral se intensificó. Como no tenía el valor suficiente para anunciarle a su familia (de tradición universitaria) que se dedicaría al teatro, se decantó por Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú. La carrera le permitió acercarse al mundo de las tablas a través de talleres de Roberto Ángeles, Alberto Ísola y Alonso Alegría. Más tarde sus padres se sorprenderían de su elección, aunque ella está convencida de que el germen familiar le viene de su tatarabuelo Clemente de Althaus, un poeta romántico de finales de Siglo XIX.

A sus 45 años, esta dramaturga piensa a menudo en la muerte. Quizá no tanto como en las obras que debe escribir en los próximos dos años o como en la adaptación al cine de su pieza El sistema Solar, a cargo de Bacha y Chinón. Pero en esa noche de junio el tema la acompaña de regreso a casa, donde Nerea (12) y Octavio (4) duermen. “Cuando uno tiene hijos empieza a mirar más de cerca a la muerte, inevitablemente”, dice, como lo registran varias entrevistas de la prensa peruana que hemos utilizado en esta crónica. 

Quienes conocen la obra de Mariana de Althaus en el teatro, pueden dar fe de que la familia suele estar siempre presente en cada una de sus piezas. El drama, el amor y los conflictos que existen dentro de los hogares se ven reflejadas en cada una de sus puestas en escena. 

Y es ese precisamente el tema de Tres historias de amor donde la gran protagonista es una madre de tres mujeres a quienes las abandona en plena infancia y se las deja sus progenitores. Pero esperamos que este montaje caraqueño sea más depurado y pueda ser mostrado al publico caraqueño .Por ahora hay que festejar que esta autora de gran valía haya sido conocida en Caracas. 

emorenouribe@gmail.com 
@EAMORENOURIBE 

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