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  • EDGAR MORENO-URIBE

14/03/2019 01:00 am

 Cuando fuimos alumnos de Isaac Chocrón, en la Escuela de Artes de la UCV, racionalizamos, según cuenta la leyenda bíblica, que la vida eterna o la inmortalidad la perdimos los humanos por la desobediencia de Adán y Eva, pero, que, gracias a los artistas del espectáculo (teatro, cine y televisión) sus personajes, bien construidos y caracterizados, son inmortales y vivirán cada vez que se les exhiba o escenifiquen.

Recordamos esto porque en Bogotá (la otrora capital del Virreinato de la Nueva Granada) un suicida, de 16 años, y su novio, además de sus amigos, y su madre, están en escena gracias al montaje teatral Sergio Urrego no está muerto, amiga mía, una pieza que salvará vidas, según sus realizadores, quienes la están exhibiendo desde el pasado 8 de marzo, bajo la dirección de Daniel Galeano y con actores en escena, quienes decidieron no deja morir el recuerdo del protagonista.   

Su caso estremeció a Colombia, reseñan varias publicaciones, las cuales subrayan que en la tarde del 4 de agosto del 2014 se conoció como un homosexual de 16 años decidió quitarse la vida en Bogotá. Su muerte, según investigaciones policiales y periodísticas, se produjo después de haber sido víctima constante de discriminación por parte de las directivas del colegio en el que estudiaba, lo que vino a ser el epílogo de un siniestro bullying. 

Ese suicidio abrió un debate en toda Colombia sobre la forma en que las instituciones educativas deben proteger y fomentar la diversidad sexual, pero, sobre todo, su muerte dejó un legado de respeto y responsabilidad para cientos de personas que toman su caso como ejemplo. 

“Todos en algún momento nos hemos sentido discriminados por alguna razón, ya sea por la preferencia sexual, por el color de piel, por el pensamiento y nosotros queremos mostrar precisamente eso, que como sociedad debemos acabar con juzgar y juzgar a los demás”, señaló Geraldine Mora, actriz que da vida a dos personajes dentro de la obra: a Tatiana, una de las mejores amigas de Sergio, y a su abuela. 

Un mes y medio en la preparación, ensayos de domingo a domingo, momentos “tensionantes” en medio de la elaboración de las escenas, angustia y un profundo respeto y admiración por Sergio fue lo que vivieron los actores que decidieron darle vida a este joven, desde un punto de vista diferente, puntualizan las reseñas. 

Alejandra Giraldo Romero, quien interpreta a Alba Reyes, madre de Urrego, describe al joven como “una persona muy valiente, que no se quería callar nada y que, desafortunadamente, el entorno en el que estuvo lo obligó a callarse muchas cosas y eso hizo que explotara de la forma en que lo hizo”. 

Ninguno de los actores que hace parte de la obra conoció a Urrego, pero todos lo ven como un ejemplo a seguir debido a su tenacidad y valentía. Muchos también se sienten identificados, pues en varios momentos han sido víctimas de discriminación e incluso han llegado a sufrir de enfermedades como depresión y ansiedad. 

Barraca, una pequeña sala de teatro de Bogotá, se convirtió en el lugar adecuado para contar esta historia de la vida; una que de acuerdo a sus actores no es la misma que ya han contado otros medios de comunicación o incluso la película Mariposas Verdes (2017), filme colombiano de Gustavo Nieto Roa, basado en el caso del joven Sergio Urrego. Esta es una historia que va más allá y que no quiere caer en dramas ni tristezas sino resaltar la vida y tenacidad de ese adolescente gay. 

“Con la puesta en escena queremos que la gente salga feliz y con una sensación de libertad”, explicó Miyer Andrés Jiménez, encargado de dar vida a Sergio Urrego en la obra. Su papel es quizá el más importante y no por personificar al joven, sino por la responsabilidad que conlleva plasmar su historia de manera diferente.

“Lo más difícil para mí fue ese choque mental de saber que todavía siguen pasando casos así, que no fue lo que le pasó a él sino que a diario hay millones de Sergios Urrego pasando por lo mismo y que no saben cómo defenderse o qué hacer en estos casos”, explicó Jiménez. 

La legendaria banda Queen, su gata, su novio, entre muchos otros elementos también hace parte del montaje. Entre canciones de Freddie Mercury, interpretadas por los mismos actores, hasta parte de los relatos de su madre se pueden ver reflejadas en la obra. 

Cuando se habla de matoneo, probablemente más de uno sienta cómo vuelven a su mente recuerdos no muy gratos si durante los años escolares fue el “gafo”, “la gorda”, “el negro” o “el o la marica” del salón, ante los cuales se respira profundo y se evita hablar de eso, por aquello de la vergüenza. 

Historia para digerir      

Afirman, los analistas colombianos, que sin duda alguna, en esa memoria colectiva que a veces se prefiere olvidar por cobardía o comodidad, ronda el nombre de Sergio Urrego, un joven estudiante cuyo rostro copó todos los medios de comunicación porque tomó la decisión de acabar con su vida.

Sergio se suicidó porque fue víctima del matoneo más cobarde que haya podido alcanzar a la opinión pública. A él lo juzgaban los docentes que se suponía debían formarlo para la vida, todo porque sus preferencias sexuales eran diferentes. Más allá de hablar de ese suceso, de ahora en adelante se hablará de un joven con sueños, con una determinación de hierro y un pensamiento libre que será recordado gracias a la obra de teatro Sergio Urrego no está muerto, amiga mía, que busca reivindicar su existencia. 

De acuerdo con el director de la obra, Daniel Galeano, el mensaje que quiere dejar a través de esta pieza que reúne 10 momentos de felicidad en la vida de Sergio, es sencillo: “Salvar vidas, eso es lo que pretendemos con esta obra, que los chicos sepan que tienen una herramienta legal, una ley que los protege para cuando sufren matoneo en el colegio, que sepan que hay algo en la ley que los defiende independientemente de cuál sea su color de piel, credo u orientación sexual”, precisa. 

Hace hincapié en el logro de una madre que toma la bandera que su hijo le ha dejado, y se aparta del dolor para emprender una lucha ante la Corte Constitucional de Colombia, en busca de que ningún niño o joven en Colombia piense si quiera en desistir de vivir porque en su institución educativa le hacen matoneo. “La obra nace a partir de todo lo que implicó la muerte de Sergio. Su madre, Alba Reyes, demanda a la Corte Constitucional y gana, en ese momento se empiezan a estudiar los manuales de convivencia y se habla de un tema de discriminación en Colombia que antes se discutía pero no estaba legislado. Por eso creemos que es una historia que hay que sacar del closet”, explica. 

Por su parte, el actor que encarna a Sergio, Miyer Jiménez, le envía un mensaje de amor a aquellas personas que vivieron o viven en la actualidad la discriminación para que sepan que no están solos y lo hace extensivo para quienes tienen la necesidad de ultrajar a otros por ser diferentes. “Quiero dejar un mensaje de vida, amor y respeto, quiero que no se sigan repitiendo situaciones como estas. Con este montaje quiero personalmente pedir que no se repitan estos casos de discriminación…que este sea un mensaje de paz, para decir que el amor es hermoso, no es algo que deba ser dañino”, concluye. 

Así que si usted, lector venezolano, realmente entendió el mensaje que el colombianito Sergio quiso difundir al mundo con su temprana partida, anímese a viajar a Bogotá – o espere a que la monten en Caracas- para disfrutar de esa obra porque “más allá de la muerte de un pela’o, van a ver una historia de vida que los va a abrazar en la risa y en el llanto, van a ver en Sergio Urrego un joven que cambió la vida de Colombia y de muchas personas que han sido discriminadas y perseguidas", como explica Galeano. 

@EAMORENOURIBE

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