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A control remoto

Emotiva historia de vida

“Roma”, obra maestra del mexicano Alfonso Cuarón, tiene todas las papeletas a su favor para ganar el Oscar en los rubros de mejor película y director

  • AQUILINO JOSÉ MATA

08/02/2019 01:00 am

Después del éxito de Gravity (2013), con la que ganó el Oscar al mejor director, Alfonso Cuarón podía haber rodado lo que quisiera. Ofertas, sobre todo de Hollywood, no le faltaron. Pero en lugar de ceder a la tentación, decidió volver al barrio de Ciudad de México donde creció y acompañado de una actriz no profesional, la joven maestra Yalitza Aparicio, rodó Roma, una película prodigiosa que prácticamente tiene el premio de la Academia asegurado, no solamente en ese rubro, sino también en el de realizador.

Su conmovedora exploración autobiográfica es una síntesis perfecta entre cine de autor y mainstream, entre virtuosismo técnico y sensibilidad dramática, entre exuberancia formal y narración íntima, entre acontecimientos sociales como las revueltas estudiantiles que desencadenaron la masacre de Tlatelolco y las pequeñas historias cotidianas de amistad, conflictos domésticos y diferencias sociales. La escena inicial en el patio y en la casa, donde se presenta a la protagonista; la celebración navideña y la visita al barrio poblado de miserables ranchos es neorrealismo puro. Otras dos secuencias inolvidables son las de la manifestación y posterior visita al hospital, de una notable potencia expresiva y emocional, así como el travelling de la escena en la playa. 

También son recurrentes las referencias nostálgicas a los programas de televisión que veía el director en su infancia, el cine al que acudía para ver, por ejemplo, Atrapados en el espacio, su inspiración para Gravity, o el interior de su propia casa, que ha reproducido al milímetro situándola como un personaje más. Son resortes que actúan muy eficazmente para reconstruir su memoria sentimental. Tanto la imponente fotografía en blanco y negro, a cargo del propio Cuarón, lo mismo que el guión y el montaje, consiguen transportarnos a las calles y viviendas evocadas por los recuerdos de la infancia del director. Igualmente cautivante es la música. Las canciones de Rocío Dúrcal (Más bonita que ninguna), Leo Dan (Te he prometido), la Orquesta de Pérez Prado (Corazón de melón), José José (La nave del olvido), Christie (Yellow River) y Angélica María (Cuando me enamoro) resultan fundamentales para caracterizar a los personajes y contextualizar los ambientes.  

En cuanto a “Libo”, la persona a quien dedica Cuarón la película, no es otra que Liboria Rodríguez, la nana con quien creció, cuyo alter ego en la pantalla es Cleo, la joven mucama interpretada con deslumbrante naturalidad por la debutante nominada al Oscar Yalitza Aparicio. Roma es una carta de amor dedicada a ella. Todo el filme está narrado a través de su mirada tímida pero determinante. Roma habla de México y de los recuerdos de infancia de Cuarón, pero sobre todo de las mujeres que, como la que fue su nana, trabajan hoy en día como empleadas domésticas y son víctimas de la explotación laboral y de la discriminación racial y de género, sobre las cuales, al final de su obra maestra, llama la atención para ayudar a paliar su situación. En síntesis, se trata de una historia redonda y contundentemente emotiva que no hay que dejar de ver. 

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