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“Green Book”, una pieza de jazz, marfil y ébano

Mañana se estrena el primer drama de Peter Farrelly, nominado a cinco Óscar

  • JUAN ANTONIO GONZÁLEZ

07/02/2019 01:00 am

Green Book posee el poder del encantamiento de películas como Conduciendo a miss Daisy e Historias cruzadas; valga decir, se inmiscuye en un tema tan peliagudo como el racismo, pero no con el propósito de denunciar la segregación de los afroestadounidenses en el Estados Unidos de los años sesenta, los de mayor crispación social entre negros y blancos. 

Nada en esta película nominada a cinco premios de la Academia de Hollywood apunta al tono reivindicativo, al discurso desesperado. Todo en ella fluye como el plácido viaje que emprenden por el sur de la tierra del Tío Sam, un famoso pianista negro y su chofer, un ítaloamericano diestro en eso de lidiar con la mafia neoyorquina sin salpicarse demasiado. 

Se trata del primer drama que dirige en solitario Peter Farrelly, quien junto a su hermano Bobby se ha ganado la fama de cineasta de comedias impúdicas, casi escatológicas, como Locos por Mary, en la que la chica-rubia-tonta encarnada por Cameron Díaz en algún momento de la cinta confunde el semen con gel para el cabello.

Green Book, a la que para el mercado latinoamericano le han agregado el “genial” subtítulo de "Una amistad sin fronteras", recrea desde el clasicismo cinematográfico la historia real del pianista de jazz Don Shirley y el portero de un club nocturno de Nueva York, Tony “Lip” Vallelonga, al que el músico contrata para que lo lleve de gira por el “Deep South” y, al mismo tiempo, le sirva de guardaespaldas.

El gran encanto de este segundo debut de Peter Farrelly radica en la complicidad que logran establecer sus protagonistas: el sereno Mahershala Ali y el cerebral Viggo Mortensen. El primero compone un personaje elegante, culto, en apariencia débil, mientras que el segundo diseña con sus herramientas histriónicas la perfecta contraparte: vulgar, violento, pragmático, familiar y racista. 

Como el material del que están hechos las teclas del piano, el ébano y el marfil, Green Book va estableciendo una perfecta armonía entre sus dos disímiles protagonistas. Y lo hace a través de una relación que pasa del empleador al empleado a una entre dos amigos. 

Nick Vallelonga, Brian Currie y el propio Farrelly concibieron el guion conscientes de que ambas partes de la historia debían armonizar como las teclas de ébano y marfil. Así, Green Book se desarrolla como los acordes de una pieza de jazz en la que los contrarios –el negro y el blanco, lo ordinario y lo extraordinario, lo vulgar y lo elegante, el arte y el talento, el derecho y el deber– alcanzan un perfecto equilibrio.

@juanchi62


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