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A control remoto

En honor a Ligia Lezama

Pionera de la televisión venezolana, fue una de las más prolíficas y destacadas escritoras de telenovelas, dentro y fuera de nuestro país

  • AQUILINO JOSÉ MATA

10/08/2018 01:00 am

Tenía apenas 18 años de edad cuando Ligia Lezama entra a la recién nacida televisión venezolana. Fue en 1953, en Televisa, el primer canal comercial en surgir en el país, como secretaria de su fundador y presidente Gonzalo Veloz Mancera. Para ella resultó todo un descubrimiento ese mundo fascinante que desde el primer momento la sedujo. Compartía sus actividades secretariales con los más diversos oficios dentro del canal, en donde debutó frente a las cámaras apoyando al para entonces muy joven locutor y animador Renny Ottolina en algún segmento de su programa Viajes melódicos Cinzano. A partir de allí hizo de todo: cantaba, animaba, actuaba, bailaba y escribía. Este último oficio fue el que más la atrajo y al cual se dedicaría el resto de su vida.

Poco antes de finalizar los años 50, ya estaba en Radio Caracas Televisión. De la mano de Manuel Muñoz Rico, trabajó como dialoguista en teleteatros y telenovelas. Allí también conoció a Charles Barry, uno de los actores cómicos de mayor popularidad, con quien contrajo matrimonio y tuvo sus tres hijos: Suyín Rosa, Carlos Alberto y Mayra Alejandra. La nativa de Upata, estado Bolívar, el 7 de diciembre de 1935, empezaría así a recorrer su periplo vital en lo profesional y personal. A medida que la industria de la TV avanzaba, las experiencias como libretista se acumulaban, hasta convertirse en una de las más solicitadas, dentro y fuera de Venezuela. De su pluma surgieron títulos memorables en la historia del género como Luisana Mía, La Guajirita, Rosa Campos provinciana, La Salvaje, Mundo de fieras, Morena Clara, Macarena, Sabor a ti, Pasiones, Valeria, Amándote y Rebelde. Algunos de ellos los estelarizó su hija Mayra Alejandra, una de las actrices venezolanas más populares.

Cuando, víctima del cáncer, muere Mayra Alejandra, el 17 de abril de 2014, Ligia ya tenía años retirada por estar padeciendo mal de Alzheimer. La vimos en el velatorio, delgadísima y profundamente abatida, aferrada a su nieto Aaron Salvador, fruto de la relación de Mayra Alejandra con el actor mexicano Salvador Pineda. No se volvió a saber de ella hasta hace un par de años, cuando se corrió la voz de que había muerto en España, especie que nunca se confirmó, por lo cual muchos creyeron que era verdad.

Para hacer más confuso todo, en Wikipedia aparecía como fallecida en mayo de 2014 (desde ayer ya colocaron la fecha exacta). Esto quizás ocasionó que al darse a conocer la noticia de su deceso, hace un par de días, muchos dudaron. En las redes sociales hubo no pocos dimes y diretes entre quienes defendían la veracidad de la información y los que sostenían que era falsa, entre ellos algunos colegas, que por esta razón no la publicaron. Veteranos del gremio los acusaron de “Millenials” ignorantes, que no tenían idea de quién era Ligia Lezama. Unos y otros se enfrascaron en una diatriba inútil, pues hay buenos y malos comunicadores en ambos grupos. El periodismo es uno solo y hay quienes lo ejercen o no con dignidad. Afortunadamente, creo que la inmensa mayoría está entre los primeros.

Por lo demás, lamentamos la desaparición de una mujer de televisión que siempre enalteció su oficio y además fue la madre de una de las grandes actrices que ha tenido nuestra TV, la muy talentosa y carismática Mayra Alejandra. Que ambas descansen en paz.          

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