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MIRADA EXPUESTA // VERÓNICA SANCHIS BENCOMO

“Pequeña hoguera”

La fotógrafa venezolana, residenciada en Hong Kong, captura en esta serie el frágil equilibrio que distingue la feminidad, entre sutil y avasallante, indefensa y agresiva, dócil y aguerrida...

  • JUAN ANTONIO GONZÁLEZ

22/07/2018 01:00 am

Unir imagen y poesía, hacerlas una sola expresión de sí mismas llevó a la fotógrafa Verónica Sanchis Bencomo y la escritora Cristina Gálvez Martos, ambas venezolanas repartidas por el mundo, a encontrarse en un proyecto común: Pequeña hoguera, un libro que sus autoras definen como “un diálogo de sensibilidades” entre dos amigas que se conocieron en el colegio hace unos veinte años y que a pesar de las distancias geográficas han consolidado sus vínculos.

Brighton, Gales, Londres, Nueva York y ahora Hong Kong en el caso de Verónica; Caracas, Parque del Plata, Montevideo, en el caso de Cristina, han sido nuestros lugares de tránsito en ese lapso de tiempo, lugares que han significado un continuo reordenamiento interior, que han trazado sus particulares planos vivenciales en cada una de nosotras”, escriben en la presentación de Pequeña hoguera.



Desde el punto de vista estrictamente fotográfico, esta propuesta de Sanchis Bencomo evidencia una existencia en pleno desarrollo, un continuo proceso de identificación y transformación que opera en lo femenino entendido, desde una perspectiva social, como ese universo de fuerzas contrarias, de sutilezas que parecen anunciar reacciones avasallantes; de una indefensión a la que no tardará en oponerse cierta agresividad, o de una docilidad que no necesariamente implica sumisión.



La explicación de una de las imágenes de la publicación –la del encendedor– es bastante esclarecedora: “Pequeña hoguera hace referencia a procesos de transmutación desde lo íntimo, a revoluciones que se mimetizan con el paso de los días, pero que mantenemos encendidas, aunque muchas veces pasen desapercibidas. Esta lumbre no es un fuego devorador; si así fuera, moriría enseguida. Se trata de ese soplo, esa chispa, a veces tan mínima que pareciera desaparecer, que nos mantiene creando, creciendo, que nos moviliza continuamente aún en los períodos helados”.



Lo anterior lo confirma un poema de Cristina Gálvez Martos, titulado Selva roja:

Una selva roja es una pequeña hoguera
algo que apenas quema los dedos
la brasa de una rama que quedó encendida
el calor que perdura en la casa, apagada la lumbre.
Una selva roja es algo tenue
que te guardabas en el delantal de cocina
la especia que estalla levemente en la lengua
el volante de un vestido. 
Dime si has quedado demasiado fría
iré por un color, un rayo o un pájaro
para ponerlo en tus manos.

mirada.expuesta@gmail.com

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