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Daniel González, la mirada sarcástica de un viejo cetáceo

La Sala TAC inaugura mañana la muestra "Daniel González. El ojo de la ballena", que reúne más de 70 fotografías realizadas entre 1961 y 1993 por este miembro fundador de El Techo de la Ballena

  • JUAN ANTONIO GONZÁLEZ

26/05/2018 01:00 am

“Uno no ve a través de la vista, sino a través de todo lo que es”, asegura el veterano fotógrafo Daniel González, a quien la Sala Trasnocho Arte Contacto (TAC) dedicará desde mañana, a las 11:00 am, una exposición que reúne más de setenta de sus imágenes, tomadas entre 1961 y 1993.

La última posada, 1962

Así que la muestra titulada Daniel González. El ojo de la ballena no será más que un paseo por la sensibilidad de un cazador de imágenes que, en lo personal, internalizó la libertad en el llano, en los ríos, en las sabanas anegadas del San Juan de los Morros en el que nació en 1934. Una libertad que, sin embargo, no lo hizo voltear la mirada ante la precariedad de su entorno, de esa ruralidad propensa al abandono y al olvido, y que ya en la ciudad trasmutó, pese al espejismo de la modernidad, en inmensa desidia, en infinito descuido.

Postnatal, 1963

Con la curaduría de Douglas Monroy, la exposición abre con las fotografías que González hizo imbuido en el espíritu transgresor, irracional y subversivo de El Techo de la Ballena, movimiento del que fue miembro fundador, junto a Carlos Contramaestre, Juan Calzadilla, Caupolicán Ovalles, Rodolfo Izaguirre, Perán Erminy, Salvador Garmendia y Adriano González León, entre otros, quienes en la muestra de TAC hacen acto de presencia a través de los retratos que este cetáceo de 83 años les hizo.

Fotógrafo, diseñador, ilustrador y diagramador de libros, folletos y catálogos, además de los irreverentes manifiestos de El Techo de la Ballena, las imágenes de Daniel González remiten a un hombre con un refinado sentido del sarcasmo, quizás la manera más contundente de criticar aquello que se considera está mal o no funciona como debería. Tal multiplicada de oficios obedece a que el fotógrafo es un convencido de que “vivir del arte significa hacer concesiones”.

Suicida precavido. Vía Caracas-La Guaira, 1962

En cada una de sus series está presente la ironía hacia la conducta humana o el poder, representada en, por ejemplo, la vista de una alpargatería llamada “El cojo” o la estatua de George Washington cuyo perfil hace suponer que el héroe estadounidense tiene una erección. También, por supuesto, el registro de los convulsos años cincuenta y sesenta en el país.

Como escribe Douglas Monroy, editor del libro homónimo que acompaña a la muestra: “Su obra fotográfica no invita a identificarnos con la condición humana y con una realidad al descubierto, siempre lúcida y sorprendente, pero sobre todo no revela los tesoros más luminosos de nuestra memoria”.

Urbe et Orbi. Cerro San Miguel, 1962

“Lo que más me interesaba, partiendo del concepto de El Techo de la Ballena, era la imagen que reclamaba una transformación social, que mostraba un deterioro, una queja, ese tipo de fotografía que estéticamente no está en los cánones de la belleza tradicional, sino que muestra realidades que no causan el regocijo de un bello paisaje, un bello desnudo, pero que sí generan una preocupación y te exigen que participes, no desde el punto de vista del goce, sino desde el conocimiento de tu entorno”, explica González sobre su trabajo, mostrado en la Fundación Cartier y en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA).

Daniel González. El ojo de la ballena podrá ser visitada hasta el 8 de julio, en la Sala TAC, del Centro Cultural Trasnocho. 

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