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Recordando el “tratado” de Coche

Interesa destacar algunos aspectos de este convenio y de los intentos fallidos que lo precedieron, ya que tal vez nos digan algo acerca de la forma en que los venezolanos hemos y probablemente aún asumimos el conflicto abierto y la forma de resolverlo

  • JESÚS M. CASAL H.

30/04/2018 05:00 am


Hace 155 años, el 24 de abril de 1863, se alcanzó el convenio o también llamado tratado de Coche, nombre alusivo a la población cercana a Caracas donde estaba la hacienda en que se reunieron Pedro José Rojas y Antonio Guzmán Blanco para conversar sobre la finalización de la Guerra Federal y sus términos. Hubo que hacer ajustes que desembocaron en un convenio definitivo, concertado el 22 de mayo del mismo año. Interesa destacar algunos aspectos de este convenio y de los intentos fallidos que lo precedieron, ya que tal vez nos digan algo acerca de la forma en que los venezolanos hemos y probablemente aún asumimos el conflicto abierto y la forma de resolverlo. 


Páez y la búsqueda de un armisticio 

En diciembre de 1861, poco meses después de instaurada la dictadura de Páez, quien había invitado a Falcón a una entrevista para explorar la terminación de la guerra, los federales formularon propuestas que podemos resumir así: la formación de un gobierno provisional encabezado por Páez, con dos ministros por la federación y dos por la fracción de los conservadores que secundaba la dictadura; Falcón conservaría la condición de General en Jefe del Ejército Federal, y se procedería a la convocatoria de una asamblea constituyente ante la que Páez renunciaría. 


Hubo contrapropuestas, que incluían la división de la República en 20 Provincias, 10 de las cuales serían dirigidas por personas que nombraría Páez entre los partidarios de Falcón, y las otras 10, por quienes éste designara entre los seguidores del primero. Páez designaría a Falcón jefe del ejército nacional, convocaría una constituyente, con el compromiso de no volver a aspirar a ningún cargo público y de recomendar a Falcón para la Presidencia. Las negociaciones no prosperaron y se reanudaron las hostilidades, suspendidas desde el inicio de las conversaciones. La guerra larga prosiguió y adquirió una ferocidad inimaginable. 


En 1863, con un país devastado en lo humano, lo social y lo económico, y en el que el último hilo de institucionalidad legítima se había roto en septiembre de 1861 con la dictadura de Páez, se replantea la posibilidad de un acuerdo. Las circunstancias eran otras. Ya no había incertidumbre para los federales sobre el desenlace del conflicto, pues estaban imponiéndose a la dictadura, y la situación económica y política era insostenible para el gobierno dictatorial. En ese contexto se celebra el convenio de Coche. Se escogió un lugar neutral para las conversaciones; se buscó asegurar condiciones honrosas para las partes; se contempló la convocatoria de una Asamblea con composición paritaria, con 40 representantes para cada bando, unos elegidos por “el Jefe Supremo de la República (Páez), otros por el “Presidente Provisional de la Federación” (Falcón). Al reunirse la Asamblea el Jefe Supremo entregaría ante ella el mando y ésta debía seguidamente formar el gobierno provisional. La guarnición militar destacada en la ciudad de Valencia, prevista inicialmente para ser sede de la Asamblea, tendría también composición paritaria. Se pondría fin a las hostilidades y los jefes de los dos ejércitos harían un llamado a calmar las pasiones y apostar al futuro. El general Páez se fue al exterior después de recibir recursos para su viaje y el trato considerado de Falcón, a quien en su carta de despedida desearía éxitos en la conducción de la patria.

 

Reparto temporal de poder 

Nada más y nada menos. Después de casi cinco años de combates despiadados, cuando ya el odio desenfrenado y el empeño por liquidar al adversario devoraban las propias vísceras de la nación, se hizo un alto y la guerra terminó. 


El convenio de Coche ha sido llamado también, impropiamente, tratado, acaso porque él reflejaba las perplejidades del conflicto que se quería dejar atrás: lo firman representantes de dos Jefes o máximas autoridades de Estado, y ciertamente los acuerdos entre Estados son tratados, solo que aquí el Estado era el mismo, un mismo Estado sobre el  cual se dictaban en paralelo leyes y pretendidas Constituciones (como la del Estado Zamora), se instalaban precarias instituciones ávidas de legitimidad, de una legitimidad que se basaba en derribar a la otra, no solo en desconocerla sino en descalificarla en sus fundamentos. 


Una salida digna

Para acabar con eso, cuando aún en el alma de los combatientes latía la animadversión hacia el contrario, no se podía aceptar la victoria de una de las tesis en pugna, tampoco se aseguró el perdón o el olvido -aunque  Páez se pronunciara en tal sentido-, porque también ellos habían sido arrasados por la contienda. Solo el tiempo diría cómo estos asuntos serían resueltos. Hubo una salida digna para las partes y un reparto de poder para facilitar la transición. 


jesusmariacasal@gmail.com

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