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Fernando Adam: Habitación temporal

La experiencia Habitación temporal: 90 m2, una propuesta concebida por el artista Fernando Adam y relacionada con la transitoriedad del espacio que habitamos

  • LINDA D'AMBROSIO

21/10/2019 05:00 am

Del 4 al 6 de octubre tuvo lugar en el barrio de Malasaña, en Madrid, la experiencia Habitación temporal: 90 m2, una propuesta concebida por el artista Fernando Adam y relacionada con la transitoriedad del espacio que habitamos, el desarraigo de cuantos hemos pasado a engrosar las cifras que definen la diáspora venezolana y una idea que resulta determinante para comprender esta propuesta: Nuestros nuevos modos de habitar

El proyecto es fruto de la interacción con su esposa, la arquitecta Carola Barrios, curadora de la muestra, con quien ha compartido durante 32 años de vida en común la pasión por el arte, el diseño y la arquitectura, tres elementos que han condicionado sus proyectos personales y profesionales. 

Fernando, formado como diseñador gráfico, comenzó muy temprano a explorar la relación entre arte e industria, volcándose en producir objetos con sus propias manos, influido quizá por su origen germánico. Ello lo llevó a dedicarse a la carpintería, sumando a los aspectos funcionales de cada producto los aspectos estéticos. 

A principios de los 90, acometió una tarea importante: la construcción de Sotavento, su casa en El Hatillo, cuyo plan fue concebido en principio por Carola, pero que él mismo intervino más adelante, solucionando muchísimas cosas durante el proceso de edificación. En ese proyecto puso la pareja gran ilusión y compromiso: no se trataba solo de una casa diseñada por ellos, sino también construida por ellos, sobre todo en lo tocante a las maderas, por razones obvias. 

No llegaron a ver totalmente materializado el proyecto, puesto que decidieron trasladarse a Barcelona (España) en 1998. Sus hijos se fueron estabilizando en el extranjero. Carola se mantuvo durante varios años vinculada a la Facultad de Arquitectura, mientras trabajaba en su tesis doctoral, centrada en la ciudad de Caracas y la modernidad, hasta que las continuas idas y venidas resultaron insostenibles y decidieron vender la casa. Desprenderse no solo de la propiedad, sino también del proyecto en el que habían volcado tanta energía, resultó definitivamente doloroso. Esta exposición recoge esa experiencia personal, pero también compartida, contextualizada en la imposibilidad de regresar porque las condiciones del país no lo permiten. 

En Barcelona tuvieron que enfrentar, como tantos emigrantes, dificultades de todo tipo: materiales, familiares, laborales... Tristezas, nostalgias… 

Se sentían objeto de una suerte de violencia ejercida sobre ellos desde el exterior, un exterior diferente del que les había rodeado hasta entonces, aun sintiéndose a gusto en la ciudad e integrados con ella. 

Esta idea se hace presente también en pinturas previas del artista, en el que son recurrentes figuras representadas fuera de las habitaciones que protagonizan sus obras. 

Habitación temporal: 90 metros cuadrados se inició el año pasado con una primera experiencia que consistía exactamente en eso: en habitar un espacio doméstico en el que se integraban arte y arquitectura, pero desde una posición que cuestionaba ciertas creencias: “Probablemente una de las cosas que nos cuesta, en particular a los venezolanos, es soltarnos de determinados esquemas culturales, relacionados con el tiempo y el espacio, como la idea de ser propietario de un espacio que nos pertenece, que vamos a heredar de nuestro padres y que a su vez van a heredar nuestros hijos”, explica la curadora a propósito de un proyecto marcado por la itinerancia, asociado a un cambio generacional y a un cambio de paradigma, y que resulta particularmente enriquecedor como experiencia compartida. 

linda.dambrosiom@gmail.com

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