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El fin del diálogo

Pensamos que de parte de quienes alzaron su voz por nosotros hubo sensatez y firmeza, existieron propuestas guiadas por el mayor sentido de la urgencia y por la más elemental justicia

  • DAVID UZCÁTEGUI

20/09/2019 05:00 am

Con la reciente noticia confirmada del final del diálogo en Barbados entre los dos sectores opuestos actualmente en Venezuela, se puede considerar que se le coloca punto final a una larga etapa superior a los quince años, en la cual los mecanismos de entendimiento entre quienes piensan distinto en nuestro país, han resultado sencillamente estériles. 

Este nuevo escenario, con la facilitación de intermediarios de Noruega, no es sino el punto final de una agotadora seguidilla de intentos que empezó por allá por el año 2003, en lo que se llamó en aquel entonces la Mesa de Negociación y Acuerdos, que contó con la facilitación del Centro Carter y que no condujo a nada tras sus prolongadas y extensas sesiones. 

Y es que, desde hace rato, ha quedado más que demostrado que no hay voluntad de entendimiento alguna por parte de uno de estos sectores, que sencillamente no está dispuesto a ceder un ápice en pretensiones que son inaceptables para quienes pensamos y sentimos diferente, para quienes tenemos sentido de democracia y justicia. 

La noticia no sorprendió. Ya hacía más de cuarenta días que el gobierno revolucionario abandonó esta reciente instancia de diálogo, que ellos mismos en un pasado bastante cercano promovieron con no poco entusiasmo. 

Del lado nuestro, se hizo lo que había que hacer: mantener abierta esa puerta cuanto tiempo fuera necesario, hasta confirmar que la voluntad de encontrar una salida consensuada –pero justa– a la crisis nacional, seguía de nuestro lado. Lamentablemente, y como muchos suponían, en la acera contraria no era así. 

Nuestros representantes lo dijeron, sabían que la decisión de sentarse una vez más, iba a tener un costo político. También se expresó que había consciencia en cuanto a la utilización en el pasado de esta clase de mecanismos, con el fin de manipular las situaciones y encauzarlas hacia objetivos mezquinos y contrarios al bienestar de la colectividad. De esto, siempre hubo claridad en cuanto a lo que se enfrentaba. 

Por supuesto, no faltan las acusaciones de que se perdió el tiempo, tiempo que la tolda roja habría comprado, a costillas de jugar nuevamente con la cada vez más escasa buena fe del país. 

Acusaciones que entendemos y justificamos, pero a las cuales tenemos una observación: a pesar de todo, creemos en el diálogo como mecanismo y el hecho del agotamiento estéril del escenario actual, no hace sino confirmarlo. 

El punto final a este intento de Barbados, nos pone nuevamente de acuerdo a quienes queremos pasar de una vez por todas esta página oscura de la historia del país. Aquellos que no querían que nadie se sentara a dialogar, y quienes pensábamos que había que hacerlo, ya estamos nuevamente en la misma página, tras el agotamiento en sí mismo de esta nueva instancia. 

¿Por qué había que mantener la puerta abierta en Barbados? Primeramente, por la alternativa en sí que estaba sobre la mesa. La situación venezolana es tan compleja y cambiante, que puede dar cualquier inesperada vuelta de tuerca en cualquier momento. Era válido y valioso –lo ha sido y lo será– tener una mesa a la cual se acudiera para poder avanzar con mayor celeridad en caso de presentarse alguna situación que lo requiriera. 

Por otro lado, el mundo ahora sí observa a Venezuela. La situación interna ha desbordadao nuestras fronteras y el éxodo multitudinario de venezolanos es una prueba de ello. Una prueba que ha hablado en muchas latitudes de cuán intolerable es lo que se padece aquí adentro. 

Vivimos en un mundo interconectado y los indicadores económicos son inocultables. Los mercados están conscientes del errado rumbo que ha llevado nuestra nación durante años y de cuán profundo es el daño que se le ha hecho. Siempre lo decimos, los números no mienten. 

Nuestros representantes hicieron lo correcto, se quedaron sentados hasta el final. Aguantaron hasta que se pudiera dejar constancia de quiénes no cedieron, quiénes abandonaron. Quedó claro ante testigos lo que tantas veces ha pasado puertas adentro de nuestro territorio y muchos no creían.

Pensamos que de parte de quienes alzaron su voz por nosotros hubo sensatez y firmeza, existieron propuestas guiadas por el mayor sentido de la urgencia y por la más elemental justicia. Si no se puedo avanzar más, fue por la reiterada sordera selectiva de los interlocutores. 

Sí, ha quedado claro que el diálogo no sirve. Pero no es por falta de voluntad de quienes estamos de este lado, sino por la absoluta intransigencia de quienes se niegan a ceder en sus pretensiones de control absoluto, el cual ni de lejos usan para el bienestar de la nación; sino, muy al contrario, para una agenda propia sin cargo de conciencia alguno en cuanto al daño que producen a un país entero. Ahora, el mundo es testigo y lo pudo comprobar. Esa es la diferencia. 

duzcategui06@gmail.com

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