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La debilidad y torpeza del Presidente

Castro abandonaba Trujillo sin que Baptista intentara impedírselo, evento que Andrade entendió como el principio del fin de su magistratura

  • JIMENO JOSÉ HERNÁNDEZ DROULERS

11/09/2019 05:00 am

El general Antonio Fernández fue una de las figuras más importantes durante los tiempos de la dominación liberal amarilla. Proveniente del ámbito rural cosechó numerosos seguidores en tierras de Aragua y las inmediaciones de Barlovento. Era hombre de poca ilustración, cosa que no le evitó trepar los escalones del poder y ocupar distinguidas posiciones como la de Presidente de Estado y Ministro de Guerra y Marina.

En 1899, el Presidente Ignacio Andrade le entregó mando de una expedición que debía enfrentar la invasión del general Cipriano Castro y frenar su llegada al centro, corazón de la República, donde se encuentran todos los caminos. La misión consistía en evitar eso a toda costa, Castro no debía llegar a Valencia. Eso le permitía acceso a Puerto Cabello, el más importante del país. Desde ahí podía ganar la guerra.

Fernández llegó al Táchira al mando de miles de soldados veteranos para enfrentarse con Castro en una escaramuza en el sitio de Cordero. Luego de intercambiar disparos sin victoria clara para ningún bando, el rebelde decidió dejar plantado al enviado del Gobierno. Mientras Fernández acampaba en Táriba, esperando un ataque de Castro, este último emprendía el camino hacia Valencia. La furia del general se hizo sentir cuando le dieron la noticia que tenía que perseguirlo y acabar con su mesnada. Le escribió al Presidente Andrade diciendo que así lo haría, pero no lo hizo. Decidió marchar hasta Maracaibo, saqueando todos los pueblos y casas de haciendas con los que se topó a su paso.

Sobre este episodio escribió el general Antonio Paredes, uno de los más acérrimos enemigos del Cabito, en su libro titulado “Cómo llegó Cipriano Castro al poder”, lo siguiente:

-Antes de seguir el afortunado guerrillero, veamos como estaban las relaciones entre Andrade y Fernández después de la llegada de éste al Táchira, y lo que ambos habían hecho últimamente. Empeñado Andrade en dirigir la guerra desde su gabinete, como en las dos revoluciones anteriores, enviaba a Fernández telegramas y más telegramas dándole órdenes que marchara de Colón; pero aquel no hacía el menor caso de ellos. Al fin cuando decidió moverse y tuvo lugar el tiroteo de Cordero, se lo anunció a Andrade como un gran triunfo. Las banderas que, al retirarse, le había dejado Castro en los cerros, las había arrebatado al enemigo, y ese y muchos otros detalles, igualmente mentirosos, fueron publicados en Caracas en boletín oficial.-

Para esos momentos el general Antonio Paredes era el jefe del comando en el Castillo de Puerto Cabello, plaza más importante del país, por ello también recibía las comunicaciones con las órdenes impartidas por Andrade.

-Por los informes que me había dado el mismo Andrade, yo había creído que Castro iba huyendo, y así lo dije en uno de los artículos que escribí en esa ocasión, después de Cordero empecé a sospechar la verdad viendo que transcurrían los días y no se sabía nada de la persecución que debía haber seguido a la derrota, y cuando supe que Castro venía marchando vía del Centro, y que Fernández permanecía inactivo en el Táchira, comprendí que éste había estado engañando a Andrade.-

Luego continúa diciendo: -En vez de ordenar a aquél que persiguiera a Castro con toda diligencia y aún haberlo depuesto en caso de que no obedeciera, colocando a la cabeza de las tropas a Peñaloza u otro de los jefes que había allí, que pudiera haber cumplido con su deber, en lugar de eso, Andrade ordenó a su teniente que se dirigiera a Valencia, por la vía de Coro y Maracaibo, lo que éste efectuó, desertándosele gran número de tropas en el trayecto, y llegando a la ciudad mencionada con solo mil quinientos hombres de los cinco mil que había llevado, cargados con los despojos de los pueblos que encontró a su paso, los que habían sido saqueados tanto a la ida como el regreso.-

Según las crónicas de Paredes, testigos presenciales le relataron que cuando Fernández llegó de vuelta a Maracaibo, una dama de las que iba con la tropa vestía un traje de muselina negra con estrellas de papel dorado, el cual había sido despojado de la efigie de una Virgen en la iglesia de un pueblito de las cumbres andinas.

-Ni los santos habían escapado al saqueo y atropellos de Fernández, cuyo botín particular, al decir de los que lo embarcaron en Maracaibo, constaba de más de cuarenta cajas en las que habían objetos de todas clases.-

Habla sobre el Presidente como un pusilánime al decir: -Y Andrade, en lugar de someter a juicio aquel jefe atrabiliario, que tantos males de todo genero había causado a su Gobierno, para que diera cuenta de su conducta, a su llegada a Valencia lo dejó al frente de las tropas que le quedaban, sin darle ni la más pequeña muestra que desaprobaba lo que había hecho.-

Mientras todo esto sucedía, Castro abandonaba Trujillo sin que Baptista intentara impedírselo, evento que Andrade entendió como el principio del fin de su magistratura. Entonces tomó una decisión desesperada.

-Reconcentró en Barquisimeto cerca de tres mil hombres al mando de los generales Aquilino Suárez, Lorenzo Guevara y Elías Torres Aular, ninguno tenía la menor idea de combatir.-

Viendo el episodio con la distancia del tiempo, entendió Paredes, uno de los más valiosos generales con los que ha contado el Ejército, lo siguiente:

-Andrade quería servirse siempre de hombres a quienes por su incapacidad creía destituidos de ambición, y tenía recelos de los que hubieran mostrado independencia de carácter. La cuestión de vencer, que era lo primordial, la ponía a un lado con tal de tener ideas propias. No había escarmentado con lo que acababa de acontecerle con Fernández, y su ruina completa iba a deberla a esa debilidad y esa torpeza.-

jimenojose.hernandezd@gmail.com

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