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El ansiado reencuentro

Se requiere de una férrea voluntad política para acometer los cambios para transformar el presente vergonzoso, en un camino que nos muestre a corto plazo que sí es posible alcanzar el progreso...

  • RICARDO GIL OTAIZA

20/06/2019 05:00 am

Venezuela nunca fue un país de emigrantes. Las distintas etapas que caracterizaron su vida republicana, nunca estuvieron signadas por la salida en masa de los ciudadanos en busca de mejores condiciones de vida. En lo personal, no viví la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, pero he indagado al respecto, y durante el largo período de aquel nefasto régimen no se registró una diáspora ni siquiera cercana a la que hoy sufrimos. 

Inviable
Esto es una tragedia, que abre sin más un duelo en cada familia venezolana, al tener que despedir a muchos de sus miembros que se ven impelidos a huir por una serie de circunstancias que hacen inviable un “proyecto de país” a todas luces malogrado por la corrupción, la ideología, la insensatez de criterios, y la ineficiencia en la acción de gobierno. Un proyecto que representa, gústele o no a algunos, la suma exponencial de todos los vicios de un sistema al que se pretendió sustituir. 

Índices
Venezuela es hoy un país enfermo. Todo apunta a unos índices que nos muestran ante el mundo como la antítesis de lo que debería ser una nación civilizada, anclada en un siglo de innovaciones científicas y tecnológicas, de cara a un tiempo histórico que se abre con nuevos retos en todos los órdenes del vivir. Estamos en rémora (por no decir en debacle) en cuanto a economía, salud, seguridad social, educación, servicios públicos, vialidad, desarrollo humano, urbanismo, biodiversidad, parque automotor, agricultura, ganadería, seguridad personal, cultura, deporte, transporte, puertos y aeropuertos, defensa nacional, telecomunicaciones, fronteras, investigación, innovación, y humanismo. En relativamente poco tiempo perdimos lo que habíamos alcanzado en los últimos sesenta años, y es tal la involución en nuestros días, que tememos regresar a estadios de un primitivismo social lindante con lo telúrico, con nefastas consecuencias para las presentes y las próximas generaciones. 

Potencial no alcanzado
Venezuela reclama hoy el reencuentro y el cese de la caída libre. Cada ciudadano que se marcha, independientemente de su condición social y de su grado de formación académica, es una esperanza que se pierde, es una posibilidad no realizada, es un potencial no alcanzado para el colectivo al que pertenece. Cada niño, joven, adulto o mayor que se marcha de su tierra, es la negación del ideal de una nación que alguna vez soñó con elevadas cimas de desarrollo social. Cada ciudadano que traspasa la frontera sin mirar atrás, es un sueño roto, es un llanto soterrado en el seno familiar, es el quiebre silencioso pero certero de las más elevadas aspiraciones de autorrealización y de sentido de pertenencia a un lar, a unas raíces, a una cultura y a una cosmovisión. 

Cambios
Anhelamos el reencuentro, el retorno de los que se fueron, pero para que esto sea posible se necesita revertir ¡hoy! cada uno de los indicadores que nos hunden en la marginalidad y el atraso. Urge un gran giro que desmonte para siempre, los vicios enquistados en los más profundos intersticios del Estado, que lo hacen maula e ineficiente. 

Se requiere de una férrea voluntad política para acometer los cambios necesarios para transformar el presente vergonzoso, en un camino que nos muestre a corto plazo que sí es posible alcanzar el progreso y la felicidad de un pueblo.

@GilOtaiza 

rigilo99@hotmail.com

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