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Hablar de los surcos del país

Lo trascendental: unas inmediatas elecciones presidenciales, fue cortado de cuajo, ya que el chavismo sin su creador, sobre cualquier otra intención, ambiciona continuar manteniendo el poder...

  • RAFAEL DEL NARANCO

15/06/2019 05:00 am

El admirado Eduardo Punset, ese inteligente catalán que enseñó con sencillez a miles de sus lectores –y en programas de televisión– los espaciosos misterios de la ciencia, nos dejó dicho que el lenguaje humano apareció hace más de 50.000 años con el “homo loquns”

Esa historia es fascinante y se hizo más poderosa cuando por medio de las palabras pudimos dialogar, lo que ayudó a humanizarnos rodeados de valores imperecederos. 

Solemos cavilar con frecuencia –y así lo hemos venido expresando en otros artículos– sobre el instante en que la Venezuela de hoy, nacida del huracán chavista, comenzó el rompimiento del diálogo entre gobierno y todo lo que significaba oposición. Mal agüero. 

En esas circunstancias no creemos que sea pobreza del vocabulario esa machaconería llamada discordancia, ya que dialogar, conversar, más platicar, sigue siendo el sostén permisible para salir del atolladero en que se halla esta heredad en un tiempo de gracia. 

Quizás uno garrapatee sobre el soplo enrizado de la sabana llanera, la misma que al decir de Rómulo Gallegos, “una raza buena, ama, sufre y espera” a sabiendas que toda política concierne a cada uno de los pobladores de esta gran hacienda de todos, al ser irrefutable que cada hombre o mujer –al decir de Aristóteles– es un pensante político. 

La cháchara es una de las formas más desarrolladas que tienen los humanos para solucionar sus decepciones cotidianas y, aún no siendo la única, es la más monopolizada. 

Cimentados en lo que exponemos, y asumiendo el desbarajuste en que se ha convertido Venezuela en estos años infaustos a recuento de una ideología que, aún poseyendo conceptos estimados, la forma de administrarla –primero Chávez y ahora Maduro–, nos ha llevado a la más desgarrada situación social desde los tiempos de nuestra ruptura con el reino de España. 

La nación ha padecido instantes embarazosos y aún así, difícilmente como en la actualidad, cuando poseyendo ingentes riquezas naturales, se ha llegado a la más paupérrima indigencia, uniendo esa aflicción con el drama de enviar al exilio a miles de compatriotas que han tenido que renunciar a la heredad de su nacencia, vuelta hoy un andrajo cuando había sido todo un emporio económico. 

En estos momentos urge mover con fuerza al árbol de los valores colectivos y con ellos, impedir el enfrentamiento –el cielo protector no lo permita– que, como un hecho anunciado, se puede producir a no ser que impere la cordura y la responsabilidad del régimen madurista. 

No ver eso en su amplia extensión, es poseer ofuscación hasta en las comisuras del alma. 

Aldous Huxley, autor “Un mundo feliz”, rotuló algo que nos puede ayudar a recapacitar en estos intervalos de tanta incomprensión y falta de entendimiento: 

“Gracias a las palabras nos hemos elevado por encima de los animales, y gracias a ellas nos hundimos frecuentemente al nivel de los demonios”. 

En esa dirección peligrosa va el país hace bastante tiempo. 

Al no funcionar la separación de poderes, ni respetarse la Constitución denominada “bolivariana”, se han asentado los odios que se han ido acumulando –con más frecuencia a partir de la muerte del Comandante llanero–, y tanto así, que la mitad de sus partidarios reniegan de la capacidad de la actual dirección política. 

No es nuevo expresar que la nación está quebrantada de forma abrupta y se viene ensanchando su vacío más cada día. 

El llamado “diálogo de Oslo” –un saludo a la bandera– ha sido lo más parecido a un bullicio falto de seriedad. El chavismo acudió a esas lejanas tierras flemáticas sin ningún plan concebido con sensatez, y la única misión era una batahola propagandística fuera de toda seriedad. 

Lo trascendental: unas inmediatas elecciones presidenciales, fue cortado de cuajo, ya que el chavismo sin su creador, sobre cualquier otra intención, ambiciona continuar manteniendo un poder que hace tiempo se ha alejado de la senda democrática. 

Mirando los deshilachados jirones en que se ha convertido Venezuela en estos años desastrosos e inhumanos, y la manera en que sus habitantes han llegado a tocar el propio desespero con las manos a razón de un gobierno sin pizca de coherencia política, el sentido común, la visión de país que es urgente obtener, apremia de manera inaplazable hacia una convivencia nacional, hoy dolorosamente agrietada hasta la más profunda conmoción.

Acongojadamente ha caído en el vacío decir –una y docenas de veces– que la nación está fracturada de forma abrupta, y ese quebrantamiento seguirá ensanchándose cada vez más si no procedemos al unísono, con brío desprendido, a reparar esa brecha que nos tachona hasta el tuétano, y una vez conseguido, si posible fuera, impedir que tanto resentimiento siga saliendo a raudales de las cicatrices de esta heredad tan nuestra.

rnaranco@hotmail.com

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