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Top ten de la receta chavista

Los economistas lo llaman hiperinflación. La gente es más directa y la llama pelazón. A nadie le alcanzan los reales, las empresas muriendo, el comercio agoniza

  • ELIDES J. ROJAS L.

12/06/2019 05:00 am

Ya es mundialmente conocida la receta del comunismo y sus efectos perversos en la sociedad que le haya tocado vivir esa desgracia: URSS, Cuba, Corea del Norte, solo por mencionar algunas de las premiadas. Venezuela, a pesar de tener parte de la receta cubana en los bolsillos de la cúpula chavista que maneja esta franquicia continental, cuya casa matriz está en La Habana, es un caso agravado. Es comunismo, socialismo, mafia, incapacidad, corrupción, manipulación, represión y dictadura. Todo en un mismo perol generador de pobreza, mal vivir y muerte. Hoy, extraeremos los diez puntos más relevantes de esta máquina productora de desgracias que es el chavismo. Veamos.

Primero. El gran escape. El último informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Acnur, sobre la situación de la sucursal de Cuba operada por los chavistas del grupito cívico-militar que se autodenomina revolucionario, ofrece números suficientes como para colocar esta tragedia en el primer lugar de los logros del comandante eterno y supremo y el resto de la cuerdita. Dice el documento que las personas continúan saliendo de Venezuela debido a la violencia, la inseguridad y las amenazas, la falta de alimentos, medicinas y servicios esenciales. Con aproximadamente 3,9 millones de venezolanos y venezolanas que se encuentran viviendo en el exterior, la gran mayoría en países de América del Sur, este es el éxodo más grande en la historia reciente de América Latina.

Los acontecimientos políticos, de derechos humanos y socioeconómicos que se desarrollan en Venezuela obligan a un número creciente de niños, mujeres y hombres a irse a los países vecinos y más allá. Muchos llegan asustados, cansados y en extrema necesidad de asistencia. 3,9 millones de personas refugiadas y migrantes de Venezuela en todo el mundo, de las cuales 3,1 en América Latina y el Caribe. Más de 460 mil solicitantes de asilo de Venezuela entre 2014-2018. Alrededor de 1 millón y medio de personas viviendo bajo otras formas legales de estadía en las Américas.

Hay que suponer, en sana lógica, que la mitad al menos, unos dos millones de los refugiados fueron chavistas, pues el 50% de los venezolanos votó y respaldó al militar golpista líder de este cuento de miseria.

Segundo. La quiebra general. Los economistas lo llaman hiperinflación. La gente es más directa y la llama pelazón. A nadie le alcanzan los reales, las empresas muriendo, el comercio agoniza. La economía formal está en capilla ardiente. El país anda a punta de remesas en divisas y algunas compañías que pagan algo de los salarios en dólares. De resto: contrabando, negocios extraños, viveza, trampa y estafas. Un país al borde del colapso.

Tercero. La muerte del agro. Venezuela, antes de la desgracia chavista, llegó a ser productora de su propia comida y hasta sobraba en algunos renglones para exportar. Hasta que llegó el golpista otra vez con sus loqueteras. Ley de Tierras y a expropiar y confiscar se ha dicho. Varios ministros, algunos pistola en cintura y a caballo, se encargaron de acabar con la alimentación de todos los venezolanos. El negocio estaba claro. Grandes haciendas pasaron a ser propiedad de chavistas encumbrados, aunque no produjeran ni una yuca. El verdadero negocio estaba en importar la comida y quedarse con miles de millones de dólares en comisiones y sobreprecios. Y así es todavía, pero en una cuantía menor. En esta época se llaman Clap. Pero no hay plata. Se la robaron toda.

Cuarto. Un país a oscuras. Otro negoción originó esta tragedia. Un grupito de amiguitos de altos funcionarios estafó al país apropiándose de miles de millones de dólares comprando plantas y repuestos para el sistema eléctrico nacional con la única intención de hacerse millonarios. Y lo lograron. Bolichicos y funcionarios chavistas son felices. Lo contrario le pasa a los 26 millones que todavía viven en Venezuela. Todo el interior sufre horas y horas de apagones. Y Caracas, siempre cuidada por el régimen, también toma su dosis de patria en menor escala. Por ahora el sistema está remendado, aunque imposibilitado de crecer. Con el chavismo jamás habrá desarrollo económico por una sencilla razón: no hay luz para eso. No arrancará la producción ni a empujones ni con asesores rusos.

Quinto. Un país petrolero que no produce. Un día el líder intergaláctico, justo en pleno ataque de prócer, agarró un pito y despidió a 20 mil trabajadores de Pdvsa. Se fue la crema y nata de la industria. De allí en adelante asumió la mafia. Negocios redondos entre funcionarios, amigotes de la cúpula, asesores extranjeros, abogados, militares. Nuevos mil millonarios. Con el tiempo triunfó la corrupción y la incapacidad. Quebraron a Pdvsa. Los chavistas acabaron con la gallina de los huevos de oro. Y destruyeron a todo el país de un solo tiro. No hay gasolina, ni aceites, ni derivados. Caracas no hace cola por protección estratégica del chavismo. El interior se cala sin remedio esta apreciada dosis de chavismo del Siglo XXI.

Sexto. No hay, no hay. Venezuela, bajo el apoderamiento chavista y la modernizadora guía de los cubanos, se ha convertido en una gigantesca caja vacía. Un territorio que ya no es una nación, donde la gente vive para sobrevivir, sin planes futuros ni sueños de crecimiento. Simplemente sobrevivir a la escasez y las carencias normales de un comunismo incapaz y corrupto. No hay comida, medicinas tampoco. No hay agua. Nadie sale de noche. No hay billetes. No hay líneas aéreas. No hay transporte. Le gente muere sin atención ni adecuada asistencia médica. No hay. Es lo normal.

Séptimo. El país de la trampa. Antes del chavismo ya la cosa era complicada. Con la llegada de los golpistas, el asunto se desmadró. Se instaló la cultura del fraude y la trampa. Desde la gran corrupción hasta el cobro de peajes por cualquier cosa. Funcionarios, militares, policías, civiles, gerentes. Todo el mundo, o la gran mayoría, están en una jugada de tumbarle plata a la gente por servicios que tienen un precio normal, tarifado por leyes y normas. Un pasaporte, por ejemplo, no lo podrá obtener si no paga en dólares a una mafia cívico-militar que controla emisión e impresión. Apostillar un documento, pague. Traer algunas medicinas de su viaje al exterior, pague. Transportar alimentos de una ciudad a otra, pague. Guiso y trampa. Es la Venezuela de hoy.

Octavo. Delincuencia mayor. La Venezuela chavista se convirtió en el reino de los pranes, las mafias y los malandros de más alto calibre. Imperan el secuestro, el sicariato, las drogas, la extorsión, el cobro de vacunas. Contrabando y explotación ilegal de minerales y riquezas. Sodoma y Gomorra son apenas una partida de metras al lado de la Venezuela 2019.

Noveno. Abuso, represión y miedo. Todo junto. Lo primero y más grave fue la bomba atómica que le metió el chavismo a las instituciones. Ninguna funciona sino solo para el chavismo. Y la que esté en posición distinta es neutralizada, tipo Asamblea Nacional. De ahí a lo demás, no hay nada. Juicios amañados, presos, desaparecidos, gente saltando de ventanas, políticos en el exilio o en las catatumbas. Represión a plomo y a la cabeza. Y, como es natural, miedo. Mucho miedo.

Décimo. The Walking Dead. Mientras más al interior del país se desplace usted, peor será la escena. Cientos de súbditos comiendo basura. Cientos recorriendo calles y caminos a ver qué se encuentra por ahí que se pueda comer. Cientos pidiendo limosna. No es pobreza. Es miseria.

Y el barranco se hace cada vez más profundo.

elidesr@gmail.com
Twitter: @ejrl

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