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Yom Yerushalaim (28 de Iyar, Día 43 del Ómer)

Yom Yerushalaim es un tributo al esplendor de la voluntad de Dios y un fervoroso anhelo de Paz y de Justicia para todas las naciones del mundo.

  • RABINO ISAAC COHEN

22/05/2019 05:00 am

El día de Jerusalén, Yom Yerushalaim, no es una epopeya bíblica de espadas y escudos, de yelmos y armaduras, ni tampoco de duelos singulares entre bravos guerreros engalanados con penachos y cubiertos por el brillo del bronce. 

Es una historia de aviones de combate y cañones, de carros blindados y armas automáticas, pues sucedió en el verano de 1967 durante la Guerra de los seis días. 

Sin embargo, y a pesar de eso, nadie puede dudar que es una historia de tiempos de la Biblia. 

El 28 de Iyar de 5727 un hombre alto, de barba espesa y gruesos lentes de pasta tocó el shofar ante el Kótel, muro occidental del Templo. A duras penas podía controlar la emoción que lo embargaba. 

Gran rabino asquenazí de Israel
Se trataba de Rabí Shlomo Goren, para ese momento rabino principal de las Fuerzas de Defensa de Israel, y tiempo más tarde gran rabino asquenazí de Israel. De algún modo toda su vida, la de hasta entonces y la que llevaría después, quedó atada a ese momento. 

Durante las últimas horas una despiadada y sangrienta lucha cuerpo a cuerpo, en la que muchos jóvenes de ambos bandos perdieron la vida, se había llevado a cabo con la finalidad de preservar los Lugares Santos. 

Después de aquel combate se hizo realidad un milagro tan grande como el de la salida de Egipto, hacía ya más de tres mil años. 

Una ciudad judía
La antigua ciudad de Jerusalén era nuevamente una ciudad judía, aquella que recordaron los exiliados de Sión junto a los ríos de Babilonia: “Si te olvidare, Oh, Yerushalaim, se paralice mi diestra y se marchite mi lengua” (Tehilim, 137:5-6). 

El sonido del shofar que desgarraba el cielo del verano así lo pregonaba a los cuatro vientos. 

Su sonido llegó a todos los rincones de la Tierra anunciando que la redención del pueblo judío y de la humanidad entera se había iniciado. 

El sonido de aquel shofar nunca ha enmudecido, y aún resuena en nuestros oídos y en nuestros corazones. 

Asombro y solemnidad
Las fotografías de aquel día, las cuales han sido reproducidas y difundidas innumerables veces, nos muestran a un grupo de soldados aturdidos y exhaustos, pero que comienzan a ser dominados por una extraña mezcla de asombro y solemnidad. 

Observan las imponentes piedras, llenas de venerable antigüedad, que una vez fueron parte misma del Tempo de Shalomó Hamélej

En sus ojos, al mismo tiempo jóvenes y ancestrales, se agolpan millones y millones de miradas que ven a través de ellos. 

Exilio e intolerancia
Son las miradas de todos aquellos incontables hijos de nuestro pueblo que fueron consumidos por el exilio y la intolerancia, por la persecución y los crematorios de la Shoá. 

Aquellos que jamás pudieron contemplar lo que este grupo de soldados, escogidos de Dios, contemplaban ahora con profunda emoción y callado regocijo. 

La voluntad de Dios
Yom Yerushalaim no rememora una victoria ni celebra el honor militar, menos aún festeja el derramamiento de sangre. 

Yom Yerushalaim es un tributo al esplendor de la voluntad de Dios y un fervoroso anhelo de Paz y de Justicia para todas las naciones del mundo. 

“No puedes aguardar sentado a que la paz llegue. La paz hay que crearla, y luego saber conservarla”

ric1venezuela@gmail.com

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