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Que no se divorcien la calle y Juan

El clima actual es de frustración ante la evidencia de la persistencia del régimen ante los embates de una presión nacional e internacional que no conduce al desenlace ansiado

  • DANIEL ASUAJE

15/05/2019 05:00 am

Transcurridos doce días desde el 30A el gobierno reencontró su camino con la represión siguiendo el mismo guión después de un movimiento importante de la oposición. Por su parte el liderazgo opositor parece no haberlo encontrado después del fallo de su Operación Libertad.

La última convocatoria tuvo una respuesta débil en la calle. En las redes sociales se reiteró mucho que ya no era tiempo de marchas. Se ha debilitado el polo interno opositor. El 30A puso en evidencia su falta de músculo para realizar el buscado deslave militar que en alianza con una movilización masiva ciudadana sacara la alfombra al régimen. No se vio a toda la oposición unida, lució como una gesta épica individual que comprometió el capital político de la principal figura opositora. No buscamos hacernos eco del equipo de críticos, sería jugar al fracaso, solo buscamos entender lo sucedido y sus consecuencias. La opacidad presente no permite saber si se podía o no tirar esa parada, el caso es que fracasó y si bien se vieron mejor las fisuras del régimen este sufrió tan solo un rudo estremecimiento que ahora busca cauterizar con la consabida fórmula del endurecimiento de la represión. Esta se hace quirúrgica ahora mediante acciones de aprehensión contra personas muy seleccionadas del entorno de Guaidó. Se reduce más y más el número de diputados de la AN sin que se produzca ninguna acción distinta a las ya consabidas protestas externas e internas que no detienen su repetición ni revierten sus consecuencias. Las señales apuntan cada vez más cerca de la persona más simbólica de la oposición en estos momentos mientras que las de Colombia y EEUU apuntan a otras soluciones que anuncian, sugieren o amenazan, pero que no terminan nunca de materializarse, dando muchas veces la impresión de que el más importante tablero de juego es el de las estrategias comunicacionales y que pareciera que es solo allí donde están “abiertas todas las opciones”.

En la práctica hay un debilitamiento del poder de convocatoria, es muy temprano para saber si se trata de un alejamiento de la fórmula callejera de presión o de un distanciamiento neto del liderazgo de Guaidó. En todo caso las opciones se reducen porque alejan una salida pacífica y electoral. El clima actual es de frustración ante la evidencia de la persistencia del régimen ante los embates de una presión nacional e internacional que no conduce al desenlace ansiado y la mayoría opositora ya no se muestra tan numerosamente decidida a seguir marchando hacia lo que sienten como una procesión hacia la nada.

Quienes vemos el enfrentamiento contra el régimen como juegos de poder sabemos que si se abandona la calle el régimen la gana, pero esa es una verdad perteneciente a la esfera de la mesa de análisis. En la calle, en la política masiva, o de masas si se prefiere, no son los argumentos lógicos, los razonamientos teóricos, son las emociones las que cuentan y el clima emocional de ahora es predominantemente de frustración, decepción y desgaño. La ilusión de un joven salvador se desdibuja ante las expectativas no cumplidas.

No es que ignoremos que nunca como ahora el respaldo internacional ha sido tan contundente, ni la significación del liderazgo de Guaidó o del impacto de las sanciones norteamericanas para el régimen (y para la población en general también), ni que el régimen tiene cada vez menos márgenes de maniobra o que el estado venezolano ya prácticamente no existe y que está a punto de extinguirse enfermo de sí mismo. La lista de razones puede extenderse aún más y cada una de esas realidades a su tiempo alimentó expectativas de resultados finales abonados por una narrativa plagada de afirmaciones de la inminencia del desenlace, la última de la cual fue la Operación Libertad. Si no se comprende que a todo liderazgo, como a los enamoramientos, nada los destruye más que una fuerte decepción, sin importar que toda la armazón argumental muestre que “lógica” y “racionalmente” debemos seguir con él porque es la “mejor” opción disponible calculando bien las cosas. Los seres humanos no somos ecuaciones, somos organismos vivos que primero reaccionamos emotivamente y luego racionalizamos nuestras sensaciones. El psicólogo Daniel Khanemann ganó el premio Nobel de economía desmontando la supuesta conducta racional del consumidor y Antonio Damasio, médico neurólogo experimental, ganó el premio Príncipe de Asturias con sus tesis de que toda decisión es primeramente emocional y luego racional. Sin ilusión que le dé sostén, no hay liderazgo.

Los hechos actuales muestran el riesgo de nuestro liderazgo de perder tanto la capacidad de convencer a sus seguidores de ser el camino hacia la tierra prometida, como de estar completamente sintonizado con lo que sentimos. Muchos juegan a la destrucción de este liderazgo, nosotros aspiramos que sea un desencuentro momentáneo del que nunca se está libre, pues errar es humano. Sin liderazgo sólido no habrá final de la usurpación ni transición hacia elecciones libres.

@signosysenales
Dh.asuaje@gmail.com

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