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El mundo está desfigurado

Pese a que los tesoros internos al parecer fueron resguardados y la estructura no terminó cediendo, queda la intriga de cuáles fueron las reliquias que la humanidad perdió para siempre

  • NELSON TOTESAUT RANGEL

21/04/2019 05:00 am

Cuando el patrimonio se pierde, toda la humanidad llora. Al menos, eso nos ha demostrado el insólito incendio de la Catedral de Notre Dame, en París. La reacción de más de 400 bomberos fue heroica. Los expertos descartaron velozmente la utilización de aviones cisterna para evitar que colapsara la estructura debido a la inmensa presión del agua. Esto, pese a que el irresponsable Trump sugiriera a la ligera en un tuit su utilización; cómo si los franceses carecieran no solo de experiencia, sino también de sentido común. El incendio se originó a cerca de las 19h y duró horas en ser totalmente aplacado. La Catedral ardiente, se convirtió velozmente en escenario de conmoción mundial, demostrando que las personas (independientemente de su nacionalidad) sienten proprio un monumento como este, sin importar en dónde se encuentre situado. Para mí, aquí está la lección. 

Símbolo occidental
La Catedral parisina vela sobre todos. No se trata únicamente de un símbolo cristiano, sino de uno occidental. Es la máxima representación del arte gótico y, con 13 millones de visitantes al año, se considera el monumento europeo más concurrido de todos. “Cada piedra es una página de historia”, diría Víctor Hugo, quien la inmortalizase en su obra: Nuestra Señora de París. Luego popularizada para los infantes por medio de la película de Disney: El Jorobado de Notre Dame. Entre las románticas anécdotas que surgían mientras las flamas consumían la estructura, resalta una del historiador del arte inglés, Kenneth Clark: “¿Qué es la civilización? No lo sé. Todavía no puedo definirla en términos abstractos. Pero pienso que la podría reconocer apenas la vea”. Se voltea a ver Notre Dame y agrega: “Y la estoy mirando en estos momentos”. 

Culpables
Es natural que ante una noticia insólita queramos buscar culpables. Se da en pleno S.XXI, en tiempos de paz y en un país como Francia. Demuestra entonces lo maligno que puede ser el error humano y, si bien es pronto para precipitarse a repartir culpas, se considera que el responsable del incendio fue precisamente un trabajo de mantenimiento (valorado en unos 7 millones de euros) que se le hacía a la aguja (la mejor conocida “flecha de París”), que ya no está. 

Así, en menos de 7 meses el mundo ha sido desprovisto de parte de su historia. Este evento nos hace recordar el incendio del Museo Nacional de Río de Janeiro, que devastó el hermoso Palacio Real del S.XIX. En ese caso, se trató de una tragedia anunciada. Impactó también, pero rápidamente se esclareció que la pérdida del trabajo de 200 años y la historia de 12.000 (acabado en una sola noche) se debido a la desidia de los hombres del presente, quienes se encargaron de hacer cenizas nuestra memoria. Pues hoy el Museo expresó sus condolencias por medio de twitter: “Nuestra institución, que vivió episodio semejante en su historia reciente, se solidariza con los franceses en este momento”. 

Queda la intriga
Ahora solo nos queda el desasosiego. Pese a que los tesoros internos al parecer fueron resguardados y la estructura no terminó cediendo, queda la intriga de cuáles fueron las reliquias que la humanidad perdió para siempre. Es temprano, aún, para saberlo. El peligro ha de cesar para poder proceder hacia una valoración precisa de los daños. Lo que sí tenemos seguro es que se solidarizará para tratar de reconstruir. Ya lo vimos con la familia Pinault, que inmediatamente puso a disposición 100 millones de euros para la recuperación de la Catedral. 

De un mal evento, por lo general, nos quedan lecciones. Aquí, ahora, también son difíciles verlas. Con Brasil las entendimos rápido: el culpable fue la desidia. Con Siria también (La Gran Mezquita de Aleppo, la Antigua Ciudad de Bosra, Palmira, las Norias de Hama, entre otros), el culpable fue la guerra. Pero, ¿con París? Quién sabe. Quizá no haga falta encontrar un culpable, y debamos aceptar el fatalismo de vivir en un mundo que nosotros mismos hemos construido, pero también desfigurado. 

@NelsonTRangel 

www.netrangel.com

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