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¿Elecciones?

Si me preguntan: ¿vale la pena tener una elección? La elección es el único evento político que puede rescatar equilibrios, dar legitimidad real y provocar los cambios...

  • LUIS VICENTE LEÓN

24/03/2019 05:00 am

Escribí un artículo hace un par de años que vale la pena recordar ante el nuevo debate sobre elecciones. Las condiciones de una elección democrática son bien específicas: el voto debe ser universal, directo y secreto. Todos tienen el derecho a votar, sin miedo y sin restricciones y el derecho a postularse y ser elegidos, sin bloqueadores establecidos desde el poder. No puede haber partidos proscritos, ni candidatos inhabilitados. Las condiciones y oportunidades de todos los aspirantes deben ser iguales. No puede haber uso de recursos públicos en la campaña, las instituciones electorales tienen que ser equilibradas y responder solo a la constitución y el proceso electoral debe ser transparente y verificable

Cuando una elección no cumple con algunas de estas condiciones, se considera que hay deficiencia democrática, pero cuando hay un proceso electoral que no cumple ninguna de esas condiciones, estamos frente a la ausencia total de democracia. 

Los argumentos para no ir a una elección así son muy fáciles de entender: ¿Por qué validar un proceso ilegítimo? Si además, la comunidad internacional está compenetrada con el problema y presionando el rescate de la democracia, la coherencia parece indicar que debe rechazarse la elección, denunciar el abuso y continuar una lucha por el rescate de los derechos violentados. La pregunta que surge es: ¿Y qué significa seguir la lucha? ¿Tienes la fuerza para conducirla? 

La segunda posibilidad es participar “estratégicamente”. El argumento se basa en la idea de que una fuerza opositora unida puede superar las barreras y desventajas, creando un momentum estelar de presión en el que el gobierno correrá riesgos relevantes por impedir el triunfo de la mayoría. No se están chupando el dedo quienes participan. Conocen a su adversario y de lo que es capaz de hacer. 

Cuando la mayoría está con el débil, éste puede jugar a la participación no competitiva porque confía en que su fuerza será de tal magnitud que es difícil ocultarla y su intento creará espacios de quiebre y tensión que no habría con la abstención. 

Si la fuerza opositora, en cambio, es incapaz de provocar unidad y confianza en sus seguidores, el asistir a esa elección puede ser más bien un evento desastroso, pues termina en la validación de su contrincante. Las condiciones del ambiente venezolano hacen pensar que una participación opositora, sin resultados en la negociación, ni cambios en las condiciones electorales, ubicaría a la oposición en una posición de fractura comparable a la vivida en las elecciones regionales, lo cual tendría un pésimo pronóstico a menos que... Irrumpa en el escenario un líder que unifique a la oposición a su alrededor, supere las fricciones, haga que las divisiones internas de la oposición se hagan menores porque la población sigue a ese líder por encima de los partidos y los líderes convencionales, a quienes deja enanos en el acto. Ese liderazgo debe ser capaz de generar esperanzas reales de triunfo y hacer soñar a la población con la posibilidad real de ganar y cambiar. Y entonces los hace votar y defender su voto, porque vale la pena y puede presionar a una negociación política”. ¿Les suena esta descripción hecha hace muchos meses? 

Si me preguntan entonces: ¿vale la pena tener una elección? La elección es el único evento político que puede rescatar equilibrios, dar legitimidad real y provocar los cambios, pero solo será útil si ocurren dos cosas: 1) un periodo especial en el que se negocian condiciones e instituciones insesgadas para controlar el proceso y 2) si ese periodo es tan corto que no hay tiempo para decepciones, fracturas o intentos de actos de gobierno, sin acuerdos e instituciones renovadas. 

luisvleon@gmail.

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