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OEA y Venezuela

Cuando se emprenden este tipo de acciones, hay que medir lo bueno y lo malo de las mismas. No es posible tener OEA cuando convenga y no tenerla cuando el resultado sea adverso

  • DAVID UZCÁTEGUI

22/03/2019 05:00 am

Entre las contradicciones que se registran a lo interno del gobierno madurista –y que se hacen visibles a todos desde afuera– sin duda una de las más interesantes es la voluble relación con la Organización de Estados Americanos. 

Y es que los desencuentros entre los personeros de dicha administración y la institución mencionada, son de muy vieja data. Tanto es así, que los funcionarios rojos lanzaron a los cuatro vientos su decisión de hacer que Venezuela abandonara el organismo. 

Sin embargo, de un tiempo para acá, han considerado nuevamente este foro como un escenario para exponer sus puntos de vista y más aún: para debatir con sus oponentes y luchar por conseguir legitimidad para su proyecto político.

¿Pero cuándo comenzó este rifirrafe? 
Podemos encontrar antecedentes interesantes hace ya una década, cuando la agencia de noticias alemana DPA, señala en un despacho fechado el 9 mayo de 2009 que “El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, dijo este sábado que su gobierno podría retirarse de la Organización de Estados Americanos (OEA), luego de cuestionar un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que denunció la persecución del disenso político en el país”. 

Las declaraciones del entonces Presidente de la República, recogidas en aquella oportunidad, decían: “Bien y entonces hay que preguntarse: ¿Para qué la OEA? Venezuela pudiera salirse de la OEA y crear o convocar a los pueblos de este continente a que nos liberemos de esos viejos instrumentos y a que formemos una organización de pueblos de América Latina, de pueblos libres”. 

Añadió, siempre según la misma fuente, que “el líder cubano Fidel Castro tiene razón cuando afirma que ese órgano de la OEA forma parte de la ‘burocracia imperial’”. 

La Cancillería venezolana dijo en aquel momento que, a partir de 1999, con el inicio del “gobierno independiente y soberano del presidente Chávez, la comisión ha procesado más de 150 casos, sin metodología fundamentada en la objetividad y transparencia”. 

Señaló también que la CIDH tenía para aquel entonces seis años relegando a Venezuela a la categoría de “Estados que por diversas razones enfrentan situaciones que afectan seria y gravemente el goce y disfrute de los derechos fundamentales, consagrados en la Convención Americana”, a pesar de “no haber logrado comprobar violación alguna”. 

La CIDH dijo en un informe que las prácticas en materia de derechos humanos en Venezuela merecían “especial atención”, al igual que Colombia, Haití y Cuba. 

Y esa fue la chispa que encendió la pradera. Aunque, como vemos, desde el mismo momento en que se inicia el llamado gobierno revolucionario, ya hubo desencuentros con la institución. 

Para el 26 de febrero de 2010, el diario El país de España tituló: “Chávez ordena la salida de Venezuela de la CIDH”. 

Es el 28 de abril de 2017, cuando finalmente BBC Mundo reseña: “El gobierno de Venezuela cumplió este viernes con lo anunciado y presentó su carta de renuncia a la Organización de Estados Americanos (OEA)”. 

Y continúa: “La representante de Venezuela ante la OEA, Carmen Velásquez, entregó al secretario general, Luis Almagro, el documento por el que Caracas denuncia la Carta de la OEA, formalizando así su solicitud de salirse del ente multilateral”. 

La misma nota asegura que, “durante un acto en el Palacio de Miraflores en Caracas, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, habría dicho: ‘¡Somos libres de la OEA y más nunca volveremos!”. 

Sin embargo, volvieron. 

Hay que aclarar que se trata del primer caso en el que un Estado miembro solicita su retiro y que se debe transitar un engorroso proceso que, hasta el día de hoy, no ha sido completado. 

Pero sorpresivamente, el embajador ante esa instancia, Samuel Moncada ha vuelto a ocupar su silla para exponer los argumentos del gobierno al cual representa, y asegura que no dejará la tribuna, a menos que se obtengan los 24 votos de miembros que son necesarios para excluir a un país de la OEA. 

Esta afirmación, y en general las de las últimas semanas, contradicen a las que se habían venido registrando, que daban por malo todo lo que viniera del organismo. 

El asunto es que parece haberse entendido la caja de resonancia que es la institución en caso de necesitarse la exposición de argumentos para dirimir conflictos. 

Pero cuando se emprenden este tipo de acciones, hay que medir lo bueno y lo malo de las mismas. No es posible tener OEA cuando convenga y no tenerla cuando el resultado sea adverso. 

El ejercicio de la diplomacia –así como el de la justicia– requiere congruencia y coherencia, pero, sobre todo, conciliación y paz. Y tener como norte el entendimiento entre adversos y diversos. En todo caso, es bueno que de una forma o de otra, se reconozca el valor que tiene esta instancia en el actual momento venezolano. 

duzcategui06@gmail.com

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