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El problema es político

Todo apunta a que vamos a tener elecciones pronto. Sería el saldo menos traumático de este embrollo. Mientras nuestro futuro político se decide, los expertos vaticinan momentos más duros

  • ÁLVARO MONTENEGRO FORTIQUE

04/02/2019 05:00 am

Cada vez que nos encontramos en un debate sobre la legalidad o legitimidad de las instituciones venezolanas, entramos en una argumentación que creo es preferible dejársela a los abogados constitucionalistas. El tema es denso y muy técnico como para que el común de los ciudadanos encontremos respuestas consensuadas. Hay muchos y muy buenos juristas especializados en temas constitucionales, que se han pronunciado profusamente mediante comunicados como el de los profesores de la Facultad de Derecho de la UCV. El escenario académico es más adecuado para ese debate que el espacio público nacional, porque a estas alturas de la crisis los tecnicismos legales nos abruman a los que no somos abogados y lo que necesitamos son soluciones prácticas. La discusión sobre legalidad o legitimidad de las instituciones venezolanas ya no tiene tanto sentido para nosotros, porque el problema político eclipsó totalmente al problema legal. 

Las cartas están echadas y estamos inmersos en un proceso que hoy a esta hora parece irreversible. Están dándose las condiciones para un viraje de timón y aunque todavía no esté exactamente claro hacia dónde vamos, podemos observar fácilmente que está ocurriendo ante nuestros ojos un punto de inflexión en la política venezolana. Ya nada será como antes. Los protagonistas son muchos, pero el más importante es el ciudadano común, quien recibe directamente los embates de la crisis sin poder defenderse. 

A pesar de que la candente situación política ya ha venido arrasando a la economía venezolana durante años, hay elementos inéditos en este capítulo de la historia nacional que no conocíamos. Por ejemplo, nunca antes la comunidad internacional había estado tan involucrada en nuestros asuntos. De posiciones tibias en el pasado pasaron a posturas considerablemente más firmes a partir del 10 de enero. Muchos países se han pronunciado con una voz que esta vez no admite equívocos; otros países argumentan que no se debe intervenir en los asuntos internos de ninguna nación. La situación es tan complicada que el Papa Francisco declaró a los periodistas en su vuelo de regreso desde Panamá a Roma que para él sería una “imprudencia pastoral pronunciarse y haría daño. Tengo que ser pastor”, al mismo tiempo que señalaba su temor a un derramamiento de sangre. Lo que desea para nuestro país es una solución “justa y pacífica”. “Yo sufro por lo que está pasando en Venezuela en este momento y por eso deseo que se pongan de acuerdo, no sé, tampoco ponerse de acuerdo está bien”. Así estará de enredada nuestra realidad que ni siquiera el Papa sabe qué está bien en este momento. 

Otro hecho que llama la atención es que en esta oportunidad han sido los barrios populares de Venezuela los que han sacrificado a sus hijos reclamando por una vida mejor. Entristece contar de nuevo decenas de muertos y cientos de detenidos por una represión absurda e innecesaria. Hasta ahora el este de Caracas, protagonista de las protestas del año 2017 en las cuales murieron tantos jóvenes, está asombrosamente tranquilo. ¿Qué pasará en las próximas semanas? Puede pasar cualquier cosa porque no todos los actores han entrado en juego. La posición del factor militar, aparte del alto mando que ya se pronunció, sigue siendo un elemento decisivo en cualquier resultado. De todas maneras hoy y a esta hora todo apunta a que vamos a tener elecciones pronto. Sería el saldo menos traumático de este embrollo. Mientras nuestro futuro político se decide, los expertos vaticinan momentos más duros con escasez aguda de gasolina, alimentos y medicinas esenciales. Dios proteja a nuestra querida Venezuela y a sus habitantes. 

alvaromont@gmail.com

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