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El venerable

Arribamos este año 2019 al centenario de la muerte del Dr. José Gregorio Hernández, acaecida en Caracas el 29 de junio de 1919. Tras su muerte pasó a ser venerado...

  • REINALDO ROJAS

14/01/2019 05:00 am

Arribamos este año 2019 al centenario de la muerte del Dr. José Gregorio Hernández, acaecida en Caracas el 29 de junio de 1919. Médico de profesión, al Dr. Hernández se le recuerda en nuestro país más por sus virtudes religiosas que por su condición científica. En ambas dimensiones de su vida, mediado por el ejercicio de la Cátedra Universitaria, este ilustre venezolano nacido en Isnotú el 25 de octubre de 1864, hizo y sigue haciendo historia. 

Una lectura simplemente lineal de su vida, consagrada a la ciencia y a la filantropía, nos permite percatarnos de la importancia que tiene analizar los factores que explican esa mayor importancia que en nuestro medio social tiene lo religioso por sobre lo científico. Si ahondamos en la vida y obra de José Gregorio Hernández en el campo científico y educativo, tendríamos que colocarlo fácilmente entre las grandes figuras de la Historia de la Ciencia en Venezuela. Pero, son sus virtudes personales como hombre de fe, orientado a la labor filantrópica hacia los más humildes, como “médico de los pobres”, lo que define su permanencia en la memoria histórica venezolana. 

Valoración de la ciencia
Este tema que hoy quisiera compartir con el lector tiene que ver con nuestra valoración de la ciencia, problema que nos remite al estudio de aquellas condiciones sociales que facilitan la actividad científica. Aún en nuestro tiempo y pese a los avances alcanzados, la ciencia no habla español. Y es que en España, esta “parquedad científica del continente ibérico”, como la llamaba Pedro Laín Entralgo, allá por 1957 en su libro La Ciencia española, tiene mucho que ver con esa tendencia hacia lo útil inmediato, al practicismo estrecho y a la búsqueda de recetas y fórmulas para la acción, que caracterizan ese ingenio español del que formamos parte. 

El joven José Gregorio
Después de realizar sus estudios en Isnotú y en Caracas, el joven José Gregorio se inscribe en la Universidad Central de Venezuela, egresando con el título de Doctor en Medicina en 1888. En ese mismo año, el gobierno del presidente Rojas Paúl, por iniciativa del Dr. Calixto González, discípulo de José María Vargas y maestro de José Gregorio Hernández, decretó la construcción del Hospital Vargas, becando al joven médico para que realizara estudios en París donde se especializó en microscopía, embriología e histiología con Mathias Duval; fisiología con Charles Richet y bacteriología con Isidore Straus. A su regreso a Caracas en 1891, es designado catedrático de Histiología Normal y Patología y de Fisiología Experimental, fundando la Cátedra de Bacteriología en la UCV y el Laboratorio de Fisiología en el Hospital Vargas. 

Lo novedoso del nuevo hospital era la combinación de la atención médica con la docencia, naciendo con ello la llamada “Escuela Vargas”. En 1904, este destacado promotor de la medicina experimental fue miembro fundador de la Academia Nacional de Medicina, junto a galenos como Luis Razetti y Pablo Acosta Ortiz, aportando importantes trabajos de investigación que le dieron reconocimiento nacional e internacional. Entre estos, cabe recordar su estudio sobre la angina de pecho de naturaleza palúdica, donde se describe por primera vez esta afección proponiendo su tratamiento, además de sus investigaciones sobre el recuento globular, la bilharziosis, nefritis amarílica y terapia de la tuberculosis con el uso del aceite de chalmoogra. 

Su conducta humanitaria
Tiene, pues, José Gregorio Hernández un puesto destacado en la Historia de la Medicina y en la Historia de Universidad venezolana. Sin embargo, no es por estos méritos que el médico de Isnotú es recordado por los venezolanos. Es por su conducta humanitaria frente al paciente, especialmente el de menos recursos, y su vocación religiosa por lo que José Gregorio Hernández forma parte de algo más profundo que su presencia en la historia de las ciencias, como es su imagen milagrosa en la memoria colectiva de los venezolanos. 

José Gregorio es un santo, al que se le profesa devoción y se le rinde culto. Efectivamente, pasó diez meses de retiro en la cartuja de Lucca (Italia) y luego ingresó en 1913 al Colegio Pío Latinoamericano de Roma, con el fin de hacerse sacerdote, el cual abandonó por motivos de salud. Pero no es por eso que tras su muerte acaecida en 1919 José Gregorio pasó a ser venerado y su lugar de nacimiento se transformó en sitio de peregrinaje. En su lucha contra la enfermedad este médico se transformó en símbolo para el pueblo venezolano y la iglesia Católica en reconocimiento a esta dimensión lo declaró en 1985 “venerable”, que es la escala previa a la condición de “santo”. ¿Tiene explicación? La fuerza de la fe y el agradecimiento. 

Pero recordemos –a propósito de este centenario– su actuación en el campo de las ciencias médicas y en la cátedra universitaria. 

enfoques14@gmail.com 

@reinaldorojashistoriador

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