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Venezuela: un país víctima del odio

Siempre ha habido divergencias políticas, siempre ha habido diversidad de opiniones, divergencias perfectamente democráticas, pero no pasaban de allí y, sobre todo, no engendraban ese odio

  • PAOLO MONTANARI TIGRI

12/01/2019 05:00 am

Reitero lo que he dicho en otras oportunidades: el problema más grave que confronta la Venezuela de hoy, no es su economía desastrada, ni esa inflación macroscópica que reduce drásticamente el poder adquisitivo de los sueldos, no es la falta de seguridad ni el desempleo, todos problemas que condicionan la vida del país de una manera dramática… El problema más grave de esta “Venezuela seudo revolucionaria” es el odio que domina nuestra cotidianidad, un odio que brota a través del comportamiento, de las palabras y hasta del pensamiento, un odio visceral que condiciona la actitud de un gobierno sectario y de una militancia facciosa en un afán desesperado para buscar a quien echarle la culpa por lo que está sucediendo en el país. Es un odio que impide cualquier tipo de diálogo conciliador, que predispone a la violencia; es un odio que llega al extremo de condicionar también las relaciones interpersonales aun a nivel familiar y que aniquila los valores humanos.

Pero, ¿por qué hemos llegado a estos extremos? ¡Nunca en Venezuela había pasado eso! Siempre ha habido divergencias políticas, siempre ha habido diversidad de opiniones, divergencias perfectamente democráticas, pero no pasaban de allí y, sobre todo, no engendraban ese odio y no producían esa violencia que existe ahora. Yo creo que la Venezuela de hoy es víctima del odio, inclusive a nivel familiar, porque desde arriba se ha sembrado odio, desde arriba se ha dividido el país, desde arriba se ha inculcado la idea de que “los que no están con ellos, están en contra de ellos”, y es lógico que cuando se habla de esa forma y se usan términos ofensivos acusando a la contraparte de estar haciendo trampa, de ser deshonesta o de estar firmando en falso, inevitablemente se está sembrando odio, sentimiento que impide un diálogo conciliador. Y lamentablemente lo que hizo el ex-presidente Chávez y su sucesor después, ha sido justamente eso.

Han adoptado una postura demostrando, al igual que Allende en el período 1970-1973, que ellos no han sido presidentes de todos sino de ese grupito, por cierto cada día más reducido, que comparte su ideología…, y así es sumamente difícil construir un país. Por motivos familiares he seguido muy de cerca los acontecimientos chilenos, desde 1970 hasta nuestros días, y a ciencia cierta les puedo decir una cosa: cuando el golpe de Pinochet -11 de septiembre 1973, gracias a los tres años de administración social-comunista de Allende, Chile estaba económicamente destruido, con una inflación que se acercaba a los cuatro dígitos, con una devaluación monetaria incontrolable y con una reserva de dólares casi nula. Hoy día, gracias a la laboriosidad y a la inteligencia del pueblo chileno, y gracias a un modelo neoliberalista, tan criticado por el chavismo, Chile es el país más floreciente de América Latina y, sin embargo, las cicatrices de aquel odio alevosamente sembrado por Allende y su gente, tratando de dividir al pueblo chileno entre “revolucionario y antipatriota”, todavía no se han cerrado. ¡Qué triste!

Desde Italia, 
p.montanaritigri@fastwebnet.it

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