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La impostura de Marías

Berta Isla es una historia densa, que se presta al juego de la eterna seducción, solo superado por la intriga frente a la ambivalencia de Tomás, que alcanza su culmen con su extraña desaparición...

  • RICARDO GIL OTAIZA

22/11/2018 05:00 am

Tuve la fortuna de acceder a un ejemplar de la más reciente novela del escritor español Javier Marías, titulada Berta Isla (Alfaguara, 2017). Acceso que solo fue posible gracias a la bondad de una de mis hijas quien me la remitió desde España. Como se supondrá, no resultó para mí un trance o una encrucijada el tener que escoger entre una prenda de vestir y un libro, porque todo el mundo sabe a qué apostaría hasta en estado de hipnosis. Un par de semanas me fueron necesarias para leer sus 544 páginas (en otros tiempos lo hubiese hecho en un par de días, pero la vida nos cambia hasta en estos aspectos tan particulares), y el disfrute del Marías de siempre, perdón (me corrijo), del autor maduro, fue inmenso; inconmensurable. 

Contrario a lo que suele observarse en muchos autores consagrados, que se entregan al hecho maquinal de “tener” que publicar una nueva novela con una periodicidad demencial (generalmente un par de años), y sacan al mercado textos que están por debajo de sus propios raseros, en esta nueva obra de Marías hallo la amalgama del autor culto, erudito, que toma un argumento novelesco y hace con él lo que le viene en gana, hasta convertirlo en pieza capital del arte de la escritura, orquestando de manera precisa (milimétrica, podría decirse) cada eslabón y arista, hasta hacer de ellos piezas claves de un puzle extraordinario y perfecto. 

El eje central de la novela es, sin ánimos minimalistas, la impostura, en todas sus acepciones lingüísticas, y cómo podemos “erigir” vidas sobre bases supuestamente sólidas, pero que en la realidad están en el vacío. Berta Isla, la protagonista, a pesar de su talante desenvuelto y de su anhelo de independencia, apostó desde muy joven (casi desde niña) por Tomás Nevinson: un joven alegre y simpático (un niño también), de quien se enamoró para siempre. Ella se queda en España y él se va a Inglaterra para estudiar en Oxford, y cuando regresa luego de culminar sus estudios no es el mismo hombre. Esa facilidad para aprender idiomas (su hogar era bilingüe español-inglés) e imitar tonos de voces y de acentos, fue su perdición. 

La trama desde sus inicios aspira ser un thriller, pero luego se va decantando hasta convertirse en una pieza que apuesta por la reflexión filosófica y muchas veces por el psiquismo de los personajes. De pronto la voz narradora (Berta por un lado y el contador omnisciente por el otro) se hace cómplice del lector, y se da a la tarea de ayudarnos a desentrañar lo que esconden los grandes silencios de Tomás, sus respuestas lacónicas dadas a Berta (cuando ella le increpa por sus largas ausencias en destinos inciertos), sus medias verdades, su negación a dar mayores pistas. Solo sabemos que él es una suerte de espía, que gracias a su don de lenguas y a su gran capacidad para imitar voces, es requerido en contextos de guerra, pero siempre en defensa del Reino Unido. También se nos permite conocer que a raíz del extraño asesinato de una chica que compartía cama con Tomás en sus tiempos juveniles, fue implicado en el crimen, y gracias a la “ayuda” de algunos académicos de Oxford, logra escapar de su destino, pero en pago tendrá que aceptar enrolarse en el servicio secreto. 

Berta Isla es una historia densa, que se presta al juego de la eterna seducción, solo superado por la intriga frente a la ambivalencia de Tomás, que alcanza su culmen con su extraña desaparición durante más de una década. Es al final cuando se nos desvelan los artificios, y comprendemos en toda su magnitud la trama urdida desde los centros de poder académicos y políticos. Berta tendrá en sus manos la decisión de aceptar o no su destino.

@GilOtaiza 

rigilo99@hotmail.com

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