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La falta de morada

La democracia no es un cuerpo estático -haberlo creído está en el origen de nuestros males- sino una transformación sin fin

  • TEÓDULO LÓPEZ MELÉNDEZ

21/11/2018 05:00 am

La expresión “falta de morada” es de Heidegger cuando en “Carta sobre el humanismo” definió así el rasgo ontológico sobresaliente del hombre contemporáneo. Es precisamente en una “enrancia” a la manera heideggeriana donde está el hombre. 

Deberemos recurrir a un paradigma de complejidad tal como lo definía Edgar Morin, para pasar a una lógica contraria a la inmovilidad y hacer despertar al hombre. Estamos envueltos en conceptos estáticos, el hombre ha dejado de conceptualizar de manera compleja. 

La visión totalizadora que superara las contradicciones humanas –esto es, la utopía– ya permanece colgada en el perchero. La protesta de la subjetividad por esta vía se destotalizó, aunque la falta de respuestas provoca en pleno siglo XXI algunas escatologías totalitarias de cierre completo de lo social y la reacción conservadora de negativa de la posibilidad de avanzar más allá de lo establecido. 

Al futuro no se le pueden dar formas inmóviles. Al futuro se le da forma ejerciendo el pensamiento bajo la convicción de una voluntad instituyente en permanente movimiento. Es mediante el pensamiento complejo que se puede afrontar el laberinto propio del siglo XXI, pues la mezcla de elementos previsibles e imprevisibles, fortuitos, causales o indeterminados, replantea con toda su fuerza el cabalgar fuera de dogmatismos. 

Lo que ahora corresponde es proponer una nueva lectura de la realidad, esto es, la creación de una nueva realidad derivada de la permanente actividad de un república de ciudadanos que ejerciendo el poder instituyente cambian las formas a la medida de su evolución hacia una eternamente perfectible sociedad democrática. 

Amalgamar a un cuerpo social herido, literalmente dejadas sus partes al desencanto traducido en histeria y desolación, debe pasar por el vencimiento del miedo a hablar claro desde un pensamiento de cohesión. He dicho, en mis últimos textos, de pragmatismo y de centro porque, valga la redundancia, ambos son pensamiento y, aunque algunos no les parezca, formas instituyentes de transformación de la realidad hasta que la nueva amerite ella misma otra transformación. La democracia no es un cuerpo estático –haberlo creído está en el origen de nuestros males– sino una transformación sin fin.

teodulolopezm@outlook.com

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