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Los niños hablan

Estos son los anhelos de los niños: mejor familia, mejor escuela, más deporte, menos peleas, más armonía, más seguridad, más alegría, más amor. Y construir el mundo empieza por construir la familia...

  • FERNANDO CASTRO AGUAYO

09/11/2018 05:00 am

Estos son los anhelos de los niños: mejor familia, mejor escuela, más deporte, menos peleas, más armonía, más seguridad, más alegría, más amor”. 

Hace poco, a manera pedagógica, le pregunté a un niño de 7 años, si a él le gustaría que lo engañaran, o lo insultaran, o le robaran su ropa. Por supuesto a todo respondía ¡no! Hablábamos sobre el amor al prójimo. 

A César, de siete años, despierto y con personalidad, me atreví a preguntarle: -Y tú: ¿Qué pides a Dios? Se quedó pensando y como no decía nada, le dije: -Dímelo al oído. Le pregunté entonces si quería decirlo en voz alta a todos los presentes: unas 200 personas entre hombres y mujeres, de diferentes edades, gente sencilla en un pueblo de pescadores. El niño dijo: -Pido a Dios “construir el mundo”, “que la gente sea mejor”. 

El niño luego se sentó y se puso a llorar. 

Estos son los anhelos de los niños: mejor familia, mejor escuela, más deporte, menos peleas, más armonía, más seguridad, más alegría, más amor. Y construir el mundo empieza por construir la familia, por construir un hogar. 

Allí está el impulso de la Iglesia, formar hombres y mujeres responsables, proactivos, que recen el Padre Nuestro con profundidad y con el conocimiento de que necesitan de la fuerza de ser hijos de Dios - al igual que Jesucristo- para asumir la tarea de la familia, del trabajo, de la construcción de un mundo mejor. 

“Construir el mundo” está íntimamente ligado a vivir el Evangelio, a asumir el compromiso cristiano de ser hombres y mujeres de virtud: de palabra, de trabajo, de fidelidad, de ubicar a la familia por encima de todo, de respeto. 

¿Qué se escondía detrás del deseo de ese niño? Un gran anhelo que es responsabilidad de los adultos. Entender que hay que construir el edificio del mundo, poco a poco, ladrillo a ladrillo, pero que hay que hacerlo para “que la gente sea mejor”. 

Dios nos ayuda, nadie lo puede hacer por nosotros. Es tarea de César y de cada uno. Aquí entra nuestra libertad y responsabilidad. César nos habla a todos. 

fcastroa@gmail.com

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