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La contracción del futuro

TEÓDULO LÓPEZ MELÉNDEZ. Las viejas formas jurídicas se han deshilachado y los intermediarios han perdido toda capacidad de dar excitabilidad y coherencia. No podemos seguir en las formas inertes

  • TEÓDULO LÓPEZ MELÉNDEZ

31/10/2018 05:00 am

El hombre se quedó sin los amarres del pasado y sin una definición del porvenir. Es una auténtica contracción del futuro, definida en la especulación ficcional desde el ángulo tecnológico, pero absolutamente vacía sobre la perspectiva del futuro del hombre, uno que ante la intemperie se sume en la simplicidad. Se hace indispensable el brote de una nueva cultura, una sustitutiva de la prevaleciente en el espacio terminado, con la cual también se agotaron las formas políticas democráticas ancladas en los viejos paradigmas. 

Existe un mundo pasado y otro que no termina por definirse. Quizás la única distancia que sobrevive es esta. Ella se manifiesta en el lenguaje, uno sembrado de denominadores de sujetos tecnológicos novedosos pero, al mismo tiempo, lleno de esquemas mentales anclados en el pasado. El lenguaje que se habla por parte de quienes ejercen la dirección en diversos ángulos del quehacer social suena como proveniente de una dimensión equivocada.

La ruptura es mayor entre quienes ejercen la dirección. Los llamados dirigentes consideran que mantener su condición los ancla en los viejos modos y en las viejas maneras. Son incapaces de ejercer liderazgo planteándose la asunción de nuevas formas y, menos aún, son capaces de convertirse en agentes productivos de los nuevos paradigmas. Perviven en la limitación para idear. Así, la información que generan es estereotipada y sin significado para una población cansada y harta de escuchar la repetición. Es más, consideran que la información que transmiten debe ser manipuladora convirtiéndose en una apariencia maquillada. Los llamados dirigentes desentusiasman y aumentan los temores antes que contenerlos. 

Las anteriores convicciones lucen desgastadas, perdida toda su capacidad explicativa. La expresión sobre el deterioro de las instituciones se ha hecho lugar común, pero las que muestran debilidad extrema son las políticas, incluidas las llamadas intermedias que cumplían el rol de puente entre el poder y la comunidad. De manera que las viejas formas jurídicas se han deshilachado y los intermediarios han perdido toda capacidad de dar excitabilidad y coherencia. No podemos seguir en las formas inertes. 

Un paseo por la Venezuela de hoy lo ejemplifica. 

teodulolopezm@outlook.com

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