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El tiempo difuso

TEÓDULO LÓPEZ MELÉNDEZ. En las protestas contra las crisis propias de este interregno encontramos que los grupos protestantes parecen conformados por diversas capas de la estructura social...

  • TEÓDULO LÓPEZ MELÉNDEZ

08/08/2018 05:00 am

En las protestas contra las crisis propias de este interregno encontramos que los grupos protestantes parecen conformados por diversas capas de la estructura social y sus discursos van dirigidos al conjunto de una sociedad civil global, que si bien está en pañales, asoma como protagonista. 

Se dice lo que no se quiere antes de aquello que se quiere indicando así la inestabilidad de los nuevos movimientos sociales. Se globaliza la ansiedad, aupada por los medios informacionales que la tecnología ha puesto a disposición, aunque los resultados recuerden a procesos históricos como la imbricación religiosa-política en el mundo árabe, en la actualidad, y como lo fue en la Europa de siglos pasados. 

 Atrás quedaron las formas de los viejos conflictos y los protagonistas de los mismos. Frente a los desafíos las reacciones tienden a ser globales tal como lo es frente a las relaciones entre la humanidad y el planeta. No existe una respuesta sistemática y totalizadora. 

Los nuevos movimientos sociales marcan un proceso de transición muy diferente de los que podríamos llamar clásicos. En ellos encontramos esfuerzos de creatividad y de construcción de fundamentos y una obvia y justificable indefinición. Aún así hay valores emergentes. Pueden surgir frente a problemas puntuales, como la crisis económica, algunos pueden albergar sentimientos posmaterialistas, otros no pueden ser llamados revolucionarios en el sentido clásico pues no están divorciados totalmente de los mecanismos tradicionales de intermediación, aunque sea evidente que éstos son incapaces de atender a sus clientelas. Algo es evidente: no alteran de manera determinante el orden político, pero sí introducen exigencias de valores. 

No olvidemos que surgen en las “sociedades del bienestar”, unos, otros en reacción a arcaicas formas dictatoriales. En el primer caso no nacen de lo que podría denominarse “la rabia del desposeído”, pero producen conocimiento social que trata de extender la autonomía humana contra tomadores de decisiones enclaustrados en parámetros tradicionales. Son actores sociales complejos, aún en el segundo caso, en el cual aparentemente hay sólo un deseo de liberación de regímenes autoritarios y de incorporación a un nuevo tiempo difuso. 

teodulolopezm@outlook.com

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