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Vaticano y diplomacia

JULIO CÉSAR PINEDA. El Papa actúa en su doble función de representante de una Iglesia pero también de un Estado Soberano, es escuchado y seguido atentamente por todas las Cancillerías del mundo

  • JULIO CÉSAR PINEDA

12/07/2018 05:00 am

La estructura diplomática pontifical tiene el doble carácter eclesiástico y diplomático fundamentado en las reglas de Derecho Canónico y de Derecho Internacional Público. La Secretaría de Estado y el cardenal secretario de Estado es quien gobierna la Santa Sede y quien dirige la diplomacia pontificia y las relaciones internacionales con unos 150 funcionarios. El secretario de Estado es quien dirige esta diplomacia pero también tiene funciones de un primer ministro y de un ministro de Asuntos Extranjeros, es escogido por el Papa casi siempre entre los nuncios apostólicos que son sus embajadores. 

Así es el caso del actual secretario de Estado, Pietro Parolin, quien fue nuncio apostólico en Venezuela. Como todo ministro de Relaciones Exteriores recibe a los jefes de Estado en visita oficial a la Santa Sede antes que el Papa, y a los embajadores con sus cartas credenciales. Es el representante de la Santa Sede en las grandes discusiones y negociaciones internacionales y es el vocero del Papa en todas las materias de relaciones exteriores. Junto al personal diplomático tiene las inmunidades y privilegios de toda la diplomacia estatal. 

Derecho de Legación
El Vaticano como todo Estado tiene un Derecho de Legación, es decir, capacidad de nombrar y recibir diplomáticos, por su soberanía internacional. Los nuncios apostólicos son los embajadores permanentes del Papa igual que los embajadores de los Estados, como lo estableció el Reglamento de Viena de 1815 y lo recoge la vigente Convención de Viena de 1961 sobre Relaciones Diplomáticas. 

Desde el 752 cuando se conformó como Estado la Santa Sede, ha sido un actor fundamental, especialmente en la historia de Occidente. 

Los Acuerdos de Letrán definieron la personalidad jurídica y la territorialidad de la ciudad del Estado del Vaticano, entre la Santa Sede con el Papa Pío XI y el Estado italiano gobernado por Mussolini el 11 de febrero de 1929. En esa oportunidad, junto al acuerdo principal, se adjuntaron dos más, un Concordato entre la Santa Sede y el Estado italiano que proclamaba la religión católica como religión oficial de Italia, que duró hasta 1984, y un acuerdo financiero donde el Estado italiano reparaba los daños causados a la Santa Sede por la pérdida de sus antiguos territorios. 

Extraterritorialidad e inmunidad
Así la Ciudad del Vaticano estaba conformada por dos áreas, la Ciudad del Vaticano incluyendo la Basílica de San Pedro, el Palacio Apostólico y los Museos Pontificios, además de un conjunto de edificios, algunos de los cuales tienen extraterritorialidad y otra inmunidad, como la Basílica de San Juan de Letrán, sede episcopal del Papa en su calidad de obispo de Roma. Actualmente tiene el Vaticano unas 4.000 personas donde sólo la mitad tiene nacionalidad vaticana, que en definitiva es una nacionalidad funcional y temporal, mientras dure el servicio de la persona a la Santa Sede. 

Las dos soberanías, la del Vaticano y la de la Santa Sede, tienen dos administraciones diferentes. La moneda del Estado es el euro pero con la efigie del Papa, la lengua oficial junto al latín es el italiano, pero el francés sigue siendo el idioma de comunicación diplomática de permanente uso. Esta soberanía que le da Derecho de Legación es original e independiente, viene desde el Derecho Romano y no depende de los Acuerdos de Letrán. 

No es el Estado del Vaticano, sino la Santa Sede la que representa la diplomacia y ejerce el Derecho de Legación, donde la soberanía internacional es una soberanía original anterior e independiente de todas las otras. Ese Derecho de Legación viene desde el Imperio Romano y no dependían de los Acuerdos de Letrán. 

Agenda internacional
En los últimos tiempos, con Papas tan mediáticos como Juan Pablo II y ahora el Papa Francisco, no escapa al Vaticano ningún tema de la agenda internacional propia de los Estados y los organismos internacionales. Desde 1701, bajo el pontificado de Clemente XI, la Iglesia consciente de la importancia de la relación entre los pueblos y entre los gobiernos creó la primera Academia Diplomática y las primeras Misiones de Representación, con el reconocimiento de las inmunidades y privilegios para los enviados en misiones permanentes o especiales y para los agentes diplomáticos acreditados ante la Iglesia. 

En los países cristianos, y es el caso de Venezuela, el embajador del Vaticano con su representación como “Nuncio”, también tiene el reconocimiento de decano del cuerpo diplomático acreditado ante el país. 

El Papa actúa en su doble función de representante de una Iglesia pero también de un Estado soberano, es escuchado y seguido atentamente por todas las cancillerías del mundo. 

jcpineda01@gmail.com

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