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Populismo: en el tapete

JESÚS E. MAZZEI ALFONZO. Las democracias actuales tiene un gran reto: producir políticas más inclusivas en los ordenes socio-económico

  • JESÚS E. MAZZEI ALFONZO

12/07/2018 05:00 am

Hoy en día cuando ésta categoría de análisis socio-político cobra nueva vigencia debido al auge de los partidos populistas de Europa, la llegada al poder de Donald Trump el año pasado, de Comte en Italia y ahora de Andrés López Obrador, en México, todos comparten un discurso nacionalista, y rupturista de la clase. Es un concepto polisémico y equivoco. Atractivo para descalificar adversarios y etiquetar políticas públicas gubernamentales. Se caracteriza por la irrupción de las masas populares en la vida política mediante la agitación de un líder carismático y también como reivindicadora de la democracia, hay entonces lo que tiene una visión tradicionalista y otra, reivindicadora. Los hay incluyentes y excluyentes. 

En efecto, el Populismo, es para algunos autores, una teoría de análisis político, para otros, autores, es un tipo de modelo particular y peculiar, sea el caso latinoamericano, que tiene sus orígenes en los años 40. Ahora bien, esta categoría de análisis y modelo de desarrollo político tiene una serie de características: Tienen en común un fuerte liderazgo carismático, busca crear y robustecer un orden socio-político altamente movilizador desde el punto de vista social, conciliador entre las políticas de acumulación y de distribución de los recursos estatales, que puede llegar sea el caso a la ruptura de la coalicción populista, cuando esta se hace insostenible por escasez de recursos o pésima administración de ellos. Entre los neoliberales y de izquierda, se pueden ubicar partidos de esta identidad, dado que se dan en sociedades abiertas, pluralistas que producen este tipo particular no sólo de discurso político, sino de acción política concreta como se puede ver en los casos de los Países Bajos, Francia, Alemania, España y más recientemente con la llegada al gobierno de una candidatura que desde afuera con un discurso rupturista capto a la mayoría del electorado republicano y lo llevó a la presidencia de EE UU, me refiero al caso de Donald Trump, en una amplia coalicción con grandes sectores blancos desplazados del cambio industrial-tecnológico, geográficamente situados en el centro-este de EEUU. 

Por otra parte, para algunos hacedores de opinión lo utilizan con una connotación peyorativa, cuando se asimila populismo a políticas de tinte utilitario, demagógico, prebendaría, buscando ofertar en demasía una política de clientelismo político. Y esta, es otra característica básica, o como afirma el politólogo Manuel Arias Maldonado...”Hay que empezar por aclarar que el populismo no es, como se ha puesto de moda afirmar, la oferta de soluciones sencillas para problemas complejos. Si así fuera, no hay partido político que pudiera sustraerse a semejante acusación. ¿Quién se presentaría a las elecciones prometiendo remedios abstrusos para problemas intratables? Más aún: ¿quién podría ganarlas anunciando subidas de impuestos o reformas dolorosas? En la medida en que la competición electoral requiere persuadir a un público más sentimental que racional, no hay discurso político que no propenda a la simplificación. O sea: a un grado variable de demagogia y esto diferencia a los estadistas de los profetas o manipuladores en el discurso político y en el hacer político diario. Tiene un claro discurso anti-elitista”. O como afirma también la académica Margaret Canovan: “La paradoja es que mientras la democracia, con su mensaje de inclusividad, necesita ser comprensible para las masas, la ideología que trata de salvar la brecha entre la gente y la política distorsiona (no puede sino distorsionar) el modo en que la política democrática, inevitablemente, funciona”. En una crisis, cuando el ciudadano siente que las élites le han fallado, se vuelve contra ellas y reclama —espoleado por el líder populista— recuperar su capacidad de decisión directa. ¡Que vote la gente! El Poder para la gente directo ya. Se refuerza la dimensión plebiscitaria de la democracia utilizándolo en ardéis estratégicamente bien manejados en forma astuta y clara. 

Y como afirma de nuevo el Politólogo Arias Maldonado…”¿Tiene futuro el fenómeno populista? No cabe dudarlo, a la vista de un pasado histórico aún no tan lejano. Se da aquí la paradoja de la eficacia: las democracias deben atajar las causas del descontento que hace reaparecer al espectro populista, pero para ello se requieren políticas que ese mismo descontento hace difícil aprobar. Y seguramente las propias democracias liberales hayan de desarrollar su propio repertorio afectivo, para así combatir mejor el de sus enemigos. Pero eso, claro, es más fácil decirlo que lograrlo…” 

Para combatir eficazmente esta forma de hacer política, esta ideología y este tipo de modelo político, las democracias actuales tiene un gran reto: producir políticas más inclusivas en los ordenes socio-económico y tener una coalicción socio-política lo suficientemente sólida que haga crear un orden político gobernable y estable, en el tiempo y que combata con audacia y claridad de objetivos tanto los discursos como las políticas públicas, en conclusión: el populismo 1) nace en momentos de crisis política o de representatividad, 2) cuenta con la presencia de un líder carismático y 3) tiene alta participación popular, este es el desafío, para entenderlo. 

jesusmazzei@gmail.com  

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