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De otra manera

TEÓDULO LÓPEZ MELÉNDEZ. Lo que estamos viendo es la imposición de un sistema de “vida” donde es posible estar sin objetivo y sin sentido. Mientras más grande la indiferencia más fuerte es el rechazo

  • TEÓDULO LÓPEZ MELÉNDEZ

11/07/2018 05:00 am

Hay indicios del desorden. Los sistemas políticos están cuajados de incertidumbres con un alejamiento casi asqueado de las grandes masas. No sabemos cómo vamos a gobernarnos en el futuro. Todo parece inclinarse hacia una dualidad, desde la economía hasta la política, en medio de ruptura de viejas creencias. 

Si muchas de estas consideraciones podemos pergeñar en el terreno de lo denominado “interés público”, es en el terreno personal del hombre donde los sinsentido predominan. Lo que resta de los códigos de las relaciones interpersonales son el desencanto y la fragilidad. Como no se cree en nada, menos en lo colectivo y en los políticos, resurge una vieja enfermedad: el individualismo exacerbado. El economicismo, padecimiento de conceder a la economía el privilegio absoluto sobre nuestras vidas, ha reaparecido como pandemia sepultando las interrogantes esenciales del hombre sobre el Ser y produciendo la “cultura” uniforme que se nos lanza sobre el cuello como tenaza, asfixiándonos en el rechazo de todo pensamiento trascendente. 

Para proclamar la muerte de la angustia, como lo hace Gilles Lipovetsky, habría que recurrir a la afirmación de que estamos caracterizando, tomando como guía, un total abandono del saber. Mientras menos sabemos, menos nos angustiamos, ecuación simple y patética. Lo que estamos viendo es la imposición de un sistema de “vida” donde es posible estar sin objetivo y sin sentido. Mientras más grande es la indiferencia, más fuerte es el rechazo del conocimiento. Eso de mirar en la historia para no repetir los errores siempre me ha parecido un exabrupto. El hombre comete las mismas barbaridades no por falta de memoria sino por una acumulación de procesos y circunstancias. Asegurar que debemos tener una perspectiva histórica de nuestro tiempo suena a madera podrida. 

Hay otras maneras de combate democrático: rechazando, por ejemplo, las expresiones burdas, condenando los estereotipos y el desprecio hacia los venezolanos y su inteligencia por parte de los repetidores de simplismos y de pequeñeces. Cuando cada ciudadano se alce desde sus derechos y desde su dignidad a rechazar las repuestas condenables, comenzaremos a crear una sociedad capaz de corregir los entuertos del presente. 

teodulolopezm@outlook.com

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