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El Dorado

ALEJANDRO ANGULO FONTIVEROS. La Unión Europea –con atroz racismo– viola el Derecho de Asilo, maltrata a los refugiados que huyen del terror y de la muerte y hasta los mata cuando llegan a nado

  • ALEJANDRO ANGULO FONTIVEROS

14/06/2018 05:00 am

En la ilusión de la gente primó siempre lo atinente a su vida, que anheló sin dolor, con longevidad e incluso sin final. Y si la infinitud no fuera posible en la tierra, soñó con que después gozaría una vida eterna en los paraísos prometidos por sus religiones. Todo ello, en suma, concebido en la ilusión madre de la felicidad, cuya búsqueda menudea en función materialista, lo cual, aunque parezca mentira –por el disfrute de los bienes materiales– dificulta la verdadera felicidad al través de los valores del espíritu o escudo contra lo banal, por lo que se desviven y sufren muchas personas en el infierno de la frivolidad. Por eso la riqueza siempre ha sido el desiderátum de la mayoría que para lograrla lucha a muerte, no sólo por el implacable esfuerzo sino también porque el dinero es el principal móvil para matar y así lo prueba la Historia. 

En mi pasado artículo (31-5-18) hice mención de la famosa leyenda “El Dorado”, que principió poco después de la Conquista: de antiguo este suelo prodigioso resplandeció por la creencia de que atesoraba las más fabulosas riquezas. Creencia –más bien pálpito– que con el tiempo creció en convicción y envidia vecinal. Se difundió la obsesión de que en la selva del Orinoco, hallaríase la legendaria riqueza: Venezuela fue el blanco de una de las ilusiones de riqueza más maravillosas que ha sentido la Humanidad y, por siglos, enfebrecidos aventureros criollos y foráneos (como Sir Walter Raleigh) lanzáronse en la enloquecida búsqueda de El Dorado y los tesoros más ricos del mundo. 

Empero, el mito se hizo realidad al descubrirse oro en las riberas del Orinoco (Venezuela tiene la mina de oro más grande del mundo); al brotar el mayor maná mundial del petróleo u oro negro y hallarse muchas otras inmensas riquezas de toda índole. Por eso Venezuela siguió siendo un blanco; pero ya no sólo como objeto del deseo, sino como blanco de disparos u objeto de bombardeos e invasión de muy avariciosos y hostiles mercenarios extranjeros, ayudados por algunos nacidos aquí, lo cual quizá y sin quizá no tiene precedentes en los fastos universales. Antes del ataque y para “justificarlo” –como es la usanza– se descargó contra Venezuela, en todas las longitudes y latitudes, una gran algarabía coral (en el ranking de las mayores mise en scene de la Historia universal); pero en Suramérica (P.ej. Colombia, Méjico, Brasil, Argentina y Paraguay) hay hechos gravísimos (matanzas –incluso contra políticos y periodistas– narcotráfico; hasta genocidios y hubo las terribles dictaduras de Pinochet, Stroessner, Somoza y Trujillo, con las cuales estos gritones tenían excelentes relaciones) y ni la OEA ni la ONU ni los medios ni los curas ni los escandalosos de turno se interesan… 

En España la corrupción llegó a pandemia. Hasta el Ministro de Justicia y Rajoy cruzaron SMS (fotos de El Mundo, 14-7-2013) con ladrones y Rajoy mandó ánimos al preso Bárcenas (“Luis, lo entiendo. Se (sic) fuerte. Un abrazo.”). La patología política llegó a la psique individual de los jefes del Gobierno: los de la corrupta Operación Púnica celebraban con cacerías y "bodas de sangre": el chorizo Granados (Secretario del PP de 2004 a 2011) hizo esto según Merino: "Granados, mientras yo estaba sentado, me colocó las vísceras del jabalí encima de mi cabeza" (ABC, 30-10-14, Pág. 19). Una cosa es robar y otra echarse baldes de sangre con vísceras de los animales que cazaban. De Roma se sabe que hay locus bonus y locus malus. Es desgracia que en un país señoreen ladrones y encima con la peor insania. Porque para gozar esa perversión y hacerse a sí propio tal asquerosidad hay que estar bien chiflado. 

La Unión Europea –con atroz racismo– viola el Derecho de Asilo, maltrata a los refugiados que huyen del terror y de la muerte y hasta los mata cuando llegan a nado, como en la playa El Tarajal (se le debería cambiar una letra) de España. En Perú y España –unidos en un “dístico”– fueron expulsados sus presidentes Kuczynski y Rajoy por la corrupción que blanquearon: ambos, qué casualidad, furibundos enemigos de Venezuela. 

Mientras en esos países hay los más grandes horrores, nadie se interesa; pero, vaya coincidencia, por Venezuela sí y hay una inmensa “preocupación” y condena en uniforme letanía con acento apocalíptico. Esa “modalidad” está fuera de reglas y usos internacionales: el Derecho, real o simulado, ¿debe ser aplicable a un solo país? Es lógico preguntarse el porqué de esa tan anormal conducta en serie. Y es lícito sospechar que no es verdad la versión de tan cumplidos caballeros. 

La verdad es que el móvil de la agresividad cosmopolita (fincada en los establishment) contra Venezuela es crematístico: entrar a saco y con saco a Venezuela para robar su colosal riqueza. Robar al único país en la Historia que no robó a los cinco países que conquistó para libertarlos, al honroso mando del personaje americano más importante del siglo XIX, según la BBC de Londres y aludo, con el debido respeto, a Simón Bolívar, el Libertador… 

aaf.yorga@gmail.com 

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