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El país tiene 27 años con alta inflación Chávez ofrece mantener el control de los precios Capriles, cambio gradual sin un ajuste recesivo

La capacidad de compra del salario es 13% menos que la existente en 1997 La propuesta del actual Presidente se centra en la lucha contra la "usura" La prioridad inmediata será impulsar la producción nacional

VÍCTOR SALMERÓN |  EL UNIVERSAL
lunes 3 de septiembre de 2012  12:00 AM
En 1985 fue la última vez que Venezuela tuvo inflación de un dígito, desde entonces, el constante incremento de los precios se ha convertido en una enfermedad que golpea la capacidad de compra del salario y para la cual no hay medicina de fácil aplicación.

El origen del malestar que ya suma 27 años no es misterioso. Para que el precio de un producto que hoy cuesta 15 bolívares aumente a 20 y luego a 25, es necesario que existan más bolívares para adquirirlo, por lo tanto, la inyección de gasto público con billetes que fabrica el Banco Central es una de las variables a tomar en cuenta.

Si la demanda crece porque el Gobierno coloca más bolívares en circulación y la oferta no responde en la misma proporción los precios se incrementan y, por ende, las fallas en la producción de alimentos, por ejemplo, también entran en la ecuación inflacionaria.

Hay más. Actualmente el tipo de cambio oficial es de 4,30 bolívares por dólar pero pocos creen que pueda mantenerse allí por mucho tiempo y esta falta de credibilidad también ayuda a impulsar los precios.

Mientras hubo credibilidad en la estabilidad del tipo de cambio Venezuela registró una inflación muy baja porque las importaciones se hacían con un dólar barato. Pero una vez los gobiernos comienzan a gastar más de lo que ingresa y recurren a la devaluación para obtener más bolívares por los petrodólares, el juego es adelantarse a la próxima devaluación ajustando los precios.

La administración de Chávez ha intentado contener la inflación bajo la premisa de que la especulación por parte de las empresas es la causa principal.

Así, las medidas se han centrado en el control de precios y, ante el desajuste entre la oferta y la demanda, importaciones masivas gracias a la cantidad de divisas que ha tenido el país por el brillo del petróleo.

Recientemente el Gobierno ha añadido a la receta la necesidad de "producir más".

En este momento la inflación venezolana es la más alta de América Latina y los datos del BCV revelan que la capacidad del compra del salario es 13% menos que la existente en 1997, dos años antes de que Chávez fuese elegido Presidente.

Mientras la inflación promedio en la región es de 6,7% la meta del Gobierno es culminar este año con un cierre de 20%.

El programa para la Gestión Bolivariana Socialista 2013-2019 señala que la estrategia para combatir la inflación, en caso de que Hugo Chávez resulte triunfador el próximo siete de octubre, seguirá centrada en el control de precios.

Entre las principales ofertas en materia económica figura "fortalecer y modernizar el sistema de regulación social y estatal para combatir la usura y la especulación en la compra y distribución de los alimentos, dado su carácter de bien esencial para la vida humana".

Desde 2003, cuando instauró el control de precios, Hugo Chávez ha dejado en claro que considera que esta medida es estratégica porque, desde su punto de vista, la especulación tiene un peso determinante en la aceleración de la inflación.

En abril de este año, cuando ordenó la rebaja en el precio de 19 productos a través de un decreto el Presidente afirmó que "hay que mirar todo para ir reduciendo y llevando a cero la especulación, que es uno de los factores que más influye en la inflación".

El plan de gobierno añade a las regulaciones la intención de crear una red de empresas que aliente la producción y la distribución.

"Conformar un sistema de parques industriales para el fortalecimiento temático de cadenas productivas y articulación del tejido industrial nacional, incorporando facilidades logísticas, formación, tecnología y sistema de distribución de insumos y productos con precios justos", dice el plan.

Junto al reforzamiento de los controles, el proyecto chavista contempla tomar acciones para incrementar la producción de alimentos a fin de impulsar la oferta.

"Lograr la soberanía alimentaria para garantizar el sagrado derecho a la alimentación de nuestro pueblo", es uno de los objetivos estratégicos y agrega que "los inventarios de tierras agrícolas que se han realizado en el país han demostrado que disponemos de alrededor de 2% del territorio nacional sin limitaciones de clima, suelo, drenaje o de condiciones topográficas desfavorables".

Profundiza en este aspecto y añade que "en el marco de la Gran Misión Agro Venezuela, que ha registrado a 684 mil 883 productores en todo el país, podemos lograr la disponibilidad de alimentos con producción nacional, con énfasis en la producción de cereales, leguminosas, raíces y tubérculos, frutales, hortalizas, carne bovina, aves, cerdo, huevo y leche, así como la pesca marina y continental y la acuicultura, aumentando la disponibilidad por habitante diaria de energía, proteínas, grasas y carbohidratos de origen nacional hasta 90% de los requerimientos nutricionales de los venezolanos".

La idea de ampliar el peso del Estado en la producción también está presente. "Consolidar el aparato agroindustrial bajo control de empresas socialistas, garantizando al menos 60% de la capacidad de almacenamiento y procesamiento en rubros básicos (cereales, oleaginosas, leguminosas, azúcar, carne y leche) y 30% en el resto de los rubros alimenticios".

El plan no establece metas precisas, algo que el Gobierno sí hizo en el pasado. En 2006, Rodrigo Cabezas, para ese entonces presidente de la Comisión de Finanzas de la Asamblea, lideró la reconversión monetaria asegurando que se instrumentaría una política capaz de "cumplir la meta de que en 2008 tengamos inflación de 3%".

El economista José Guerra, quien forma parte del equipo que ha diseñado el plan de gobierno de Henrique Capriles afirma que si bien el objetivo es que Venezuela regrese a la inflación de un dígito, como ocurrió entre 1950-1978, no está planteado aplicar un ajuste drástico que disminuya la demanda porque el desequilibrio, afirma, está en la oferta.

"No creemos en un ajuste recesivo para combatir la inflación, el problema lo vemos en que hay poca oferta y principalmente consideramos que hay que establecer políticas macroeconómicas, estimular la producción nacional, recuperar la credibilidad, fomentar la competencia y una regulación que no frene la producción".

En el área macroeconómica, el proyecto considera esencial "acabar con la imprenta del Banco Central", es decir, que el BCV no fabrique billetes para financiar el gasto del Gobierno porque la inyección de bolívares artificiales de forma sostenida impulsa los precios.

"No hay experiencia de un país, sin dolarización, que haya logrado tener baja inflación sin un banco central que no financie el déficit del Gobierno, que se convierta en una herramienta para disminuir la inflación y no para impulsarla", dice José Guerra.

Para estimular la producción nacional en áreas sensibles como alimentos donde en el segundo trimestre hubo una caída de 9%, la estrategia es alcanzar acuerdos con las empresas para garantizar insumos, solucionar problemas de acceso a las divisas, transporte, sin levantar el control de precios de manera abrupta.

"Los controles de precios son tentadores, el problema es que generan escasez, el producto no existe, entonces tienes que importar masivamente y destruyes la producción nacional, pero no podemos levantar el control de precios de una sola vez, la experiencia de 1989 es aleccionadora en este sentido".

Inmediatamente agrega que no está planteada una economía sin regulaciones, pero estableciendo controles que no frenen la posibilidad de que surjan nuevas empresas.

"Cuando tienes controles muy rígidos solo sobreviven las empresas que soportan las regulaciones, las más grandes, tenemos que romper esto y estimular oferta nueva".

Otro elemento a tomar en cuenta es lograr la estabilidad. "Desde 1983 la política económica se ha tornado errática, devaluaciones, distintos regímenes cambiarios, esto ha traído poca inversión e incertidumbre, por eso hay que lograr estabilidad para que fluya la inversión en el país", explica José Guerra.

La necesidad de salir de un esquema donde el país tiene una moneda sobrevaluada que abarata las importaciones y no permite diversificar las exportaciones es otro elemento de importancia.

"Hay bienes no transables, no se puede pensar en acabar con la inflación importando barato, además estás expuesto a que la volatilidad del ingreso petrolero te obligue a disminuir las importaciones, ese es un esquema de perdedores", asegura.

Ante la interrogante de cuándo se podría alcanzar la inflación de un dígito indica que "como ya he dicho, no creemos en un ajuste recesivo, entonces es una meta que debería lograrse durante los próximos cinco o seis años".

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