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A la aridez larense

No veo al semeruco de mis mocedades andadas ni al exótico extinguido cardenalito en la mano tenebrosa del cazador furtivo cual lejanía de añoranzas cercenadas.

  • ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL

15/08/2019 01:04 pm

Por Félix Cordero Peraza
Fotos: Igor Salazar

Gráciles ramajes asedian caminos y trochas
inhibidas selvas acrisolan el paisaje
grises lacios, polvareda de vientos
lluvias de arena… sol ardiente.

Suelo arcilloso… atajo inhóspito,
hojas fingidas de altivez cortejan la frigidez silvestre
de esas tierras baldías de mi idílico paisaje
donde imaginarios Molinos de Viento del Quijote
honrarían la tierra y aflorarían las plantas.

Quebradas fantasmas marchitas y arenosas
inmortalizan el camino de los indios
evocan travesía española fundadora del Tocuyo
y atemperan el calor de un sol alucinante.



Peregrinos turpiales, canarios, guacamayas y loros
posan y aparean en exiguas ramas de arbustos
entonan eufonías insinuantes a la deforestación y tala
en un clima hostil y sombrío… poesía de pájaros.

Valles y cuencas agua del subsuelo…luces Canarias
hortalizas que enaltecen el sustento
sisal fuente de mecate y cocuiza medicinal
espirituoso y delirante cocuy que endiosa e hilvana la fantasia.

Recuas enfermizas de chivos viajan a pastizales quiméricos
venados que se espantan por caminos
serpenteados de montañas incultas
espacio y tiempo, horizonte fingido, apaciguado… sublime.

Cujíes, yabos y tunales clima ardiente
hacen cantar los vientos, recitar las hojas,
arengar los suelos, crujir las piedras
flor roja del cactus rutilante de utopía y anhelos diferidos
centinela azorada de soledad inextinguible.

No veo al semeruco de mis mocedades andadas
ni al exótico extinguido cardenalito
en la mano tenebrosa del cazador furtivo
cual lejanía de añoranzas cercenadas.



Un imponente Vera acecha paciente al ebanista
y su mutación en muebles, garrotes y mangos
inagotables en el tiempo
afligida en la infinitud sabia.

Hondonada extendida a horizontes y cielos lejanos
innovación delirada de diadema convexa
espacios que rondan cambiables
que inspirarían cantos heroicos henchidos de garbo.

Sublime e inestimable el trabajo obstinado del labrador,
rebelde…inagotable,
en su sinfín de sueños e ilusiones
maquinal saber sucinto … e introspectivo.

Así es mi larense territorio árido
bravío y rebelde para la siembra, enigmático para la vida
virtuoso incitante al sentido épico de algún trovador.

Por Félix Cordero Peraza
Fotos: Igor Salazar


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