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Richard Owen, el padre de los dinosaurios y la dinomanía

El estreno de “Jurassic World: el reino caído” ofrece la oportunidad de conocer al científico que dio nombre y popularizó a los dinosaurios en la Inglaterra del siglo XIX

  • MICHAEL NISSNICK

28/06/2018 08:50 am

Caracas.-Los dinosaurios vuelven a estar de moda gracias al estreno en los cines de “Jurassic World: el reino caído”, la nueva entrega de una de las sagas cinematográficas más exitosas de la historia, iniciada en 1993 y que ha contribuido, quizás más que ningún otro producto cultural, a la gran popularidad que los monstruos mesozoicos gozan en nuestro tiempo. 



La dinomanía como fenómeno apenas tiene poco más de siglo y medio de historia y se la debemos principalmente a uno de los genios científicos más notables y a la vez más olvidados de todos los tiempos. Conozcamos, pues, al responsable de que la palabra “dinosaurio” figure en nuestro léxico: Richard Owen. 

El genio problemático 

Nacido en Lancaster el 20 de julio de 1804, el zoólogo y anatomista Richard Owen destacó desde joven como una de las mentes más brillantes de la Inglaterra victoriana. Sus logros fueron innumerables. Publicó más de seiscientos trabajos, se desempeñó como tutor de los hijos de la familia real británica, fue nombrado caballero y fundó el Museo de Historia Natural de Londres, del que también llegó a ser director. 



No obstante, Owen también se granjeó no pocos enemigos entre sus colegas, pues no siempre reconocía sus errores, en ocasiones se apropió de méritos ajenos y hasta difamó de forma anónima a algunos de sus rivales. 



Aquellos años finales del siglo XVIII e iniciales del XIX fueron fundamentales en el desarrollo de la ciencia moderna, pues diversos hallazgos fósiles en las rocas hicieron tambalear muchas ideas establecidas sobre nuestro mundo. Nuestro planeta ya no tenía miles, sino millones de años de existencia, y durante ese período muchas especies animales habían vivido y desaparecido. El concepto de “extinción” se volvió habitual, ya que hasta entonces se creía, de acuerdo a los relatos bíblicos, que las criaturas actuales habían existido desde siempre sin cambio alguno. La teoría de la evolución estaba a la vuelta de la esquina. 



 Richard Owen estudió y catalogó muchos de estos fósiles. En particular le llamaron la atención los de algunas bestias particularmente grandes. 

Nace un mito moderno 

En 1824, el clérigo y científico inglés William Buckland presentó un informe con su análisis de varios fósiles encontrados en las décadas precedentes, entre ellos una mandíbula con dientes largos y afilados. Buckland dedujo que dichas osamentas pertenecieron a un enorme reptil al que dio el nombre de “Megalosaurus”, o “lagarto grande”. 



En 1822, el médico y geólogo Gideon Mantell y su esposa descubrieron al sur de Inglaterra los restos de otro animal extinto, incluyendo algunos dientes parecidos a los de la iguana moderna, pero veinte veces más grandes. Por esta razón, Mantell lo llamó en 1825 “Iguanodon”, es decir, “diente de iguana”. 



El propio Mantell descubrió tiempo después una nueva criatura a la que bautizó en 1833 como “Hylaeosaurus”, o “lagarto del bosque”. 



Richard Owen analizó estos tres especímenes y concluyó que aunque eran reptiles, no podían situarse en el mismo grupo que los lagartos o los cocodrilos. Diversas particularidades anatómicas, así como su inmenso tamaño, demandaban una clasificación distinta para ellos. 



En julio de 1842, durante una asamblea de la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia celebrada en Plymouth, Owen presentó un extenso “Informe sobre Reptiles Fósiles Británicos”, en donde precisó que su estudio de los huesos prehistóricos “se considera suficiente como para establecer una tribu o suborden distinto de reptiles saurianos, para lo cual propondría el nombre de DINOSAURIA”. 



“Dinosauria” está compuesta por las palabras griegas “deinos”, que se traduce como “terrible”, y “sauros”, es decir “lagarto”. Así nació uno de los nombres más populares y difundidos de todos los tiempos. Y el gran público no tardaría en conocer a estos “lagartos terribles” de la forma más espectacular posible. 

El mito se masifica 

Desde hace un siglo y medio se han celebrado de forma regular exposiciones internacionales con el fin de difundir avances científicos y tecnológicos y fomentar el intercambio cultural entre naciones. De dichos encuentros también han salido obras artísticas clave de la modernidad como la Torre Eiffel de París o el Atomium de Bruselas, entre otras. 



La primera exposición internacional de la historia se celebró en el Hyde Park de Londres en 1851 y tuvo como escenario un prodigio arquitectónico concebido especialmente para la ocasión: el Crystal Palace, una enorme estructura de hierro y vidrio que fascinó a las seis millones de personas que la visitaron. 



Tras la clausura del evento, el Crystal Palace se desmontó y reconstruyó en el distrito de Sydenham, al sur de Londres, donde permaneció hasta su destrucción por un incendio en 1936. Asimismo, a instancias del príncipe Alberto, esposo de la reina Victoria y gran aficionado a la ciencia, se decidió convertir una sección del parque que rodeaba el complejo en un museo al aire libre dedicado a la fauna prehistórica, donde los recién nombrados dinosaurios tuvieran un papel preponderante. Y nadie mejor que Richard Owen, el principal experto inglés en estas criaturas, para emprender dicha tarea. 



Owen comisionó al escultor Benjamin Waterhouse Hawkins para que trabajara sobre la base de sus diseños. Se proyectaron treinta y tres grandes esculturas de hormigón representando a catorce especies extintas de reptiles, anfibios y mamíferos. Entre ellas destacaban, por supuesto, el Megalosaurus, el Iguanodon y el Hylaeosaurus, los únicos tres dinosaurios conocidos entonces. 



Con el fin de promocionar su obra, Owen ofreció en la Noche de Año Nuevo de 1853 un banquete a veintidós personas en el interior de un Iguanodon a medio terminar. El acontecimiento tuvo eco en la prensa de la época. 



El nuevo Crystal Palace se inauguró en abril de 1854 con una asistencia de cuarenta mil personas. Las esculturas prehistóricas se dispusieron alrededor de un estanque y de forma secuencial, como una suerte de línea del tiempo. Los modelos de dinosaurios fueron la principal sensación. La paleontología ha avanzado mucho como ciencia desde entonces y la apariencia de dichos reptiles ha sufrido importantes modificaciones. 



Owen y Hawkins diseñaron a los Iguanodon como enormes bestias cuadrúpedas macizas, parecidas a elefantes o rinocerontes, y con un cuerno en la nariz. 



Hoy se cree que el Iguanodon podía alzarse ocasionalmente sobre sus patas traseras. Asimismo, el supuesto cuerno era en realidad una púa que el animal tenía a manera de pulgar en las extremidades superiores y que quizás le servían con fines defensivos. 



El Megalosaurus de Crystal Palace es otro cuadrúpedo jorobado y corpulento, con un hocico similar al de un cocodrilo. 



 Actualmente se estima que su apariencia era la de un cazador ágil y bípedo, parecido al mucho más famoso Tyrannosaurus rex, que por cierto no se descubriría hasta medio siglo después. 



 Este modelo impresionó mucho al gran escritor Charles Dickens, quien incluso lo mencionó en el párrafo inicial de su novela “Casa Desolada” (“Bleak House”), publicada en 1853. Se trata de la primera referencia conocida a un dinosaurio en la historia de la literatura: “Tiempo implacable de noviembre. Tanto barro en las calles como si las aguas acabaran de retirarse de la faz de la tierra, y no sería extraño encontrarse con un Megalosaurus de cuarenta pies de largo, contoneándose como un lagarto elefantino subiendo por la colina de Holborn”. 



Por último, el Hylaeosaurus del parque londinense luce como una enorme lagartija espinosa. 



Hoy se lo representa como un cuadrúpedo acorazado emparentado con los Anquilosaurios. 



Estas esculturas pueden resultar arcaicas y simplonas para los espectadores modernos, pero con ellas empezó todo. Crystal Palace tiene el mérito de ser el primer parque temático de dinosaurios de la historia y el iniciador de la dinomanía, que tiene en la saga de “Jurassic Park” su expresión más popular y acabada. 



 Los dinosaurios de Crystal Palace fueron muy populares en su tiempo, pero cayeron en el olvido tras ser superados por reconstrucciones más precisas de estos animales. Los cubrió la maleza e incluso sufrieron vandalismo. Hoy lucen renovados tras una restauración efectuada en 2002. 



Benjamin Waterhouse Hawkins, el escultor de los monstruos londinenses, viajó en 1868 a Estados Unidos, donde trabajó en el ensamblaje de un Hadrosaurus en Filadelfia. Fue el primer esqueleto de dinosaurio montado de la historia. 



Asimismo, Hawkins recibió en 1871 el encargo de diseñar para el Central Park de Nueva York un museo de esculturas prehistóricas semejante a Crystal Palace. Pero la oposición de un corrupto político local a dicho proyecto impidió que éste viera la luz. 



 Por su parte, Richard Owen quedó marginado de la comunidad científica al oponerse a varios aspectos de la teoría de la evolución de las especies propuesta por Charles Darwin. Falleció en Londres el 18 de diciembre de 1892 a la edad de ochenta y ocho años. Hoy se sorprendería del alcance que sus dinosaurios han tenido en la cultura popular. Se conocen más de mil especies de estos reptiles y se estima que hay muchas más a la espera de ser encontradas. Asimismo, el personaje encarnado por Chris Pratt en las películas de “Jurassic World” se llama Owen Grady en su honor. 



 Twitter: @mhnissnick 

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