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Un salto a la inmortalidad

El atletismo dio a Venezuela la primera presea con Asnoldo Devonish

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Asnoldo Devonish siempre decía “Hay que ser el primero en todo" (Adolfo Acosta)
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VANNESA HIDALGO |  EL UNIVERSAL
domingo 23 de septiembre de 2012  12:00 AM
La histórica hazaña de Rubén Limardo en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, al ganar el oro en esgrima, forma parte de una cadena de gestas que comenzó con Asnoldo Devonish en Helsinki 1952.

La gloria del primer medallista de Venezuela no se perdió, ni su muerte ocurrida el 1 de enero de 1997, producto de un cáncer medular, borra el recuerdo de quien es el mejor saltador del país hasta la fecha.

Su salto le dio la inmortalidad y con él se inició una corta y exclusiva lista de medallistas venezolanos en Juegos Olímpicos que tiene 13 historias para contar.

La mayoría de estos atletas son leyendas vivas que continúan narrando su historia, y todos tienen a su familia como guardianes de su legado.

La gloria del espigado zuliano

En el verano de 1952, Finlandia albergaba los XV Juegos Olímpicos en medio de las tensiones políticas mundiales generadas por la guerra fría que surgía entre el capitalismo y el comunismo, la brecha entre el mundo oriental y occidental tras la II Guerra Mundial. Estados Unidos figuraba como favorito para liderar el medallero y el certamen contó con la reincorporación de Alemania, Japón y el debut de un futuro gigante en el mundo del deporte: la Unión Soviética.

Venezuela sobrevivía a su cuarto año de dictadura perezjimenista, fuerza militar que llamó a "elecciones" en diciembre de ese año. Sin embargo, la atención de los venezolanos estaba puesta en la capital finlandesa, Helsinki, por la sorpresiva aparición en el podio de un humilde atleta zuliano, quien se colgó la medalla de bronce en salto triple: Asnoldo Devonish.

Con apenas 20 años de edad, el espigado saltador dio a Venezuela la primera medalla olímpica y se convirtió en héroe nacional no solo por su logro, sino por su entrega al haber competido lesionado.

Devonish no era el mejor en salto triple, lo suyo era el salto largo. Su incorporación al equipo nacional estuvo rodeada de polémica, pues muchos no veían factible que lograra resultados por una lesión que arrastraba. Pero Devonish venía de ganar en los Juegos Bolivarianos de 1951 en Caracas y eso lo proyectó hacia el equipo que viajaría en Helsinki.

Compitió gracias a la insistencia de su entrenador, Ladislao Lazar, un búlgaro a quien conoció a los 17 años en Lagunillas (estado Zulia) y que vio el talento innato del silvestre corredor, que de niño entrenaba en el patio de su casa correteando a las gallinas.

Tenía mejor registro en salto largo que en triple, pero Lazar lo exhortó a competir en triple para evitar que la lesión se agravara. "Estás listo para ganar medalla", le dijo vaticinando el podio. "Vas a saltar más de 15 metros". El búlgaro no se equivocó.

A la gerencia deportiva

El impecable Asnoldo Devonish se caracterizaba por su jovialidad y amabilidad. También por el orden y la rectitud en sus asuntos. Detallista, puntual y previsivo, era supremamente estricto en temas laborales. Contador de profesión, Devonish exigía pulcritud hasta en los asuntos más cotidianos y esa forma de ser lo condujo al éxito dentro y fuera de las pistas, específicamente en la dirigencia deportiva, área a la que se dedicó una vez oficializado su retiro.

Fue presidente del IND y coorganizador de Juegos Bolivarianos, Centroamericanos y Panamericanos. También de los Olímpicos de Moscú 1980 y su vasta experiencia lo llevó a asesorar el montaje de innumerables eventos deportivos.

El legado de un grande

Según explican Lina y Leonor, hijas de Asnoldo, el apellido Devonish, proviene de los ingleses asentados en Barbados.

Británicos, provenientes del condado de Devon -al suroeste de Inglaterra- llegaron a la isla en el año 1620 y una vez eliminada la esclavitud, se identificaba a los oriundos de ese condado con el nombre acompañado del sufijo "ish" que se traducía como "el hijo de Devon".

Arnoldo Devonish fue el menor de cuatro hermanos, Juan, Rafael y María Lourdes y sobrino del conocido corredor zuliano José Encarnación 'Pachencho' Romero, de quien pudo haber heredado su interés por el atletismo.

Le sobreviven su esposa, Lina; sus dos hijas, Lina y Leonor; seis nietos y un bisnieto, todos vinculados a los deportes, como la natación y waterpolo.

Para Devonish, el deporte era un fenómeno social para la formación de un individuo integral, por ello se involucró de manera absoluta a la dirigencia deportiva y a fomentar nuevos talentos.

A los pasos de Devonish le siguen los del medallista Enrico Forcella. Un italiano, de alma venezolana, que con su carabina al hombro hizo podio en los Juegos de Roma 1960...

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