Un salto a la inmortalidad
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Devonish siempre decía “Hay que ser el primero en todo (Archivo)
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VANNESA HIDALGO
| EL UNIVERSAL
jueves 20 de septiembre de 2012 12:14 PM
Una vez alcanzada la gloria en unos Juegos Olímpicos, muchos se preguntan qué es de la vida de aquellos deportistas que enarbolaron la bandera de su país en la cita deportiva más importante del planeta una vez llegada la hora del retiro.
Ante la histórica hazaña de Rubén Limardo, oro en esgrima en los Juegos de Londres 2012, vale la pena preguntarse en qué andan las glorias olímpicas de nuestro país; aquellos pocos venezolanos que pudieron subir a ese anhelado pero esquivo podio.
La gloria del espigado zuliano
En el verano de 1952, Finlandia albergaba los XV Juegos Olímpicos en medio de las tensiones políticas mundiales generadas por la guerra fría que surgía entre el capitalismo y el comunismo, la brecha entre el mundo oriental y occidental tras la II Guerra Mundial. Estados Unidos figuraba como favorito para liderar el medallero y el certamen contó con la reincorporación de Alemania, Japón y el debut de un futuro gigante en el mundo del deporte: la Unión Soviética.
Venezuela sobrevivía a su cuarto año de dictadura perezjimenista, fuerza militar que llamó a "elecciones" en diciembre de ese año. Sin embargo, la atención de los venezolanos estaba puesta en la capital finlandesa, Helsinki, por la sorpresiva aparición en el podio de un humilde atleta zuliano, quien se colgó medalla de bronce en salto triple: Asnoldo Devonish.
Con apenas 20 años de edad, el espigado saltador dio a Venezuela la primera medalla olímpica y se convirtió en héroe nacional no solo por su logro, sino por su entrega al haber competido lesionado.
Devonish no era el mejor en salto triple, lo suyo era el salto largo. De hecho, su incorporación al equipo nacional estuvo rodeado de polémica pues muchos no veían factible que lograra resultados por una lesión que arrastraba. Devonish venía de ganar en los Juegos Bolivarianos de 1951 en Caracas lo que lo proyectó hacia el equipo nacional que competiría en Helsinki.
Compitió gracias a la insistencia de su entrenador, Ladislao Lazar, un búlgaro a quien conoció a los 17 años en Lagunillas (estado Zulia) y que vio el talento innato del silvestre corredor, que de niño entrenaba en el patio de su casa correteando a las gallinas.
Tenía mejor registro en salto largo que en triple, pero Lazar lo exhortó a competir en triple para evitar que la lesión se agravara. "Estás listo para ganar medalla", le dijo vaticinando el podio. "Vas a saltar más de 15 metros". El búlgaro no se equivocó.
A la gerencia deportiva
El impecable Asnoldo Devonish se caracterizaba por su jovialidad y amabilidad. También por el orden y la rectitud en sus asuntos. Detallista, puntual y previsivo, era supremamente estrictos en temas laborales. Contador de profesión, Devonish exigía pulcritud hasta en los asuntos más cotidianos y esa forma de ser lo condujo al éxito dentro y fuera de las pistas, específicamente en la dirigencia deportiva, área a la que se dedicó una vez oficializado su retiro.
Fue presidente en el Instituto Nacional del Deporte (IND) y coorganizador de Juegos Bolivarianos, Centroamericanos y Panamericanos. También de los Olímpicos Moscú 1980 y su basta experiencia lo llevó a asesorar el montaje de otros innumerables eventos deportivos alrededor del mundo. Es reconocido como el creador de los Juegos Nacionales en nuestro país.
El legado de un grande
Según explican Lina y Leonor, hijas de Asnoldo, el apellido Devonish, proviene de los ingleses asentados en la Isla Barbados.
Británicos, provenientes del condado de Devon al suroeste de Inglaterra- llegaron a la isla en 1620 y una vez eliminada la esclavitud, se identificaba a los oriundos de Devon con el mismo prefijo acompañado con el sufijo "ish" que traducía "el hijo de...".
Arnoldo Devonish fue el menor de cuatro hermanos, Juan, Rafael y María Lourdes y sobrino del conocido corredor zuliano José Encarnación "Pachencho" Romero, de quien pudo haber heredado su interés por el atletismo.
Le sobreviven su esposa, Lina, sus dos hijas, seis nietos y un bisnieto, todos vinculados al mundo del deporte, específicamente la natación y waterpolo.
Para Devonish, el deporte era un fenómeno social para la formación de un individuo integral, por ello se involucró de manera absoluta a la dirigencia deportiva y a fomentar nuevos talentos.
El 1ero de enero de 1997 un cáncer medular apagó la luz del mejor saltador que ha tenido hasta la fecha Venezuela. Su salto le dio la inmortalidad y con él se inicio una corta y exclusiva lista de medallistas venezolanos en Juegos Olímpicos. Un italiano, de alma venezolana, con una carabina al hombro le siguió los pasos en el podio de Roma 1960.
Ante la histórica hazaña de Rubén Limardo, oro en esgrima en los Juegos de Londres 2012, vale la pena preguntarse en qué andan las glorias olímpicas de nuestro país; aquellos pocos venezolanos que pudieron subir a ese anhelado pero esquivo podio.
La gloria del espigado zuliano
En el verano de 1952, Finlandia albergaba los XV Juegos Olímpicos en medio de las tensiones políticas mundiales generadas por la guerra fría que surgía entre el capitalismo y el comunismo, la brecha entre el mundo oriental y occidental tras la II Guerra Mundial. Estados Unidos figuraba como favorito para liderar el medallero y el certamen contó con la reincorporación de Alemania, Japón y el debut de un futuro gigante en el mundo del deporte: la Unión Soviética.
Venezuela sobrevivía a su cuarto año de dictadura perezjimenista, fuerza militar que llamó a "elecciones" en diciembre de ese año. Sin embargo, la atención de los venezolanos estaba puesta en la capital finlandesa, Helsinki, por la sorpresiva aparición en el podio de un humilde atleta zuliano, quien se colgó medalla de bronce en salto triple: Asnoldo Devonish.
Con apenas 20 años de edad, el espigado saltador dio a Venezuela la primera medalla olímpica y se convirtió en héroe nacional no solo por su logro, sino por su entrega al haber competido lesionado.
Devonish no era el mejor en salto triple, lo suyo era el salto largo. De hecho, su incorporación al equipo nacional estuvo rodeado de polémica pues muchos no veían factible que lograra resultados por una lesión que arrastraba. Devonish venía de ganar en los Juegos Bolivarianos de 1951 en Caracas lo que lo proyectó hacia el equipo nacional que competiría en Helsinki.
Compitió gracias a la insistencia de su entrenador, Ladislao Lazar, un búlgaro a quien conoció a los 17 años en Lagunillas (estado Zulia) y que vio el talento innato del silvestre corredor, que de niño entrenaba en el patio de su casa correteando a las gallinas.
Tenía mejor registro en salto largo que en triple, pero Lazar lo exhortó a competir en triple para evitar que la lesión se agravara. "Estás listo para ganar medalla", le dijo vaticinando el podio. "Vas a saltar más de 15 metros". El búlgaro no se equivocó.
A la gerencia deportiva
El impecable Asnoldo Devonish se caracterizaba por su jovialidad y amabilidad. También por el orden y la rectitud en sus asuntos. Detallista, puntual y previsivo, era supremamente estrictos en temas laborales. Contador de profesión, Devonish exigía pulcritud hasta en los asuntos más cotidianos y esa forma de ser lo condujo al éxito dentro y fuera de las pistas, específicamente en la dirigencia deportiva, área a la que se dedicó una vez oficializado su retiro.
Fue presidente en el Instituto Nacional del Deporte (IND) y coorganizador de Juegos Bolivarianos, Centroamericanos y Panamericanos. También de los Olímpicos Moscú 1980 y su basta experiencia lo llevó a asesorar el montaje de otros innumerables eventos deportivos alrededor del mundo. Es reconocido como el creador de los Juegos Nacionales en nuestro país.
El legado de un grande
Según explican Lina y Leonor, hijas de Asnoldo, el apellido Devonish, proviene de los ingleses asentados en la Isla Barbados.
Británicos, provenientes del condado de Devon al suroeste de Inglaterra- llegaron a la isla en 1620 y una vez eliminada la esclavitud, se identificaba a los oriundos de Devon con el mismo prefijo acompañado con el sufijo "ish" que traducía "el hijo de...".
Arnoldo Devonish fue el menor de cuatro hermanos, Juan, Rafael y María Lourdes y sobrino del conocido corredor zuliano José Encarnación "Pachencho" Romero, de quien pudo haber heredado su interés por el atletismo.
Le sobreviven su esposa, Lina, sus dos hijas, seis nietos y un bisnieto, todos vinculados al mundo del deporte, específicamente la natación y waterpolo.
Para Devonish, el deporte era un fenómeno social para la formación de un individuo integral, por ello se involucró de manera absoluta a la dirigencia deportiva y a fomentar nuevos talentos.
El 1ero de enero de 1997 un cáncer medular apagó la luz del mejor saltador que ha tenido hasta la fecha Venezuela. Su salto le dio la inmortalidad y con él se inicio una corta y exclusiva lista de medallistas venezolanos en Juegos Olímpicos. Un italiano, de alma venezolana, con una carabina al hombro le siguió los pasos en el podio de Roma 1960.
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