Brasileño Leandro Damiao fue el máximo goleador de Londres
El ariete del Internacional de Porto Alegre, logró marcar seis goles con su selección durante los Juegos olímpicos.
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Leandro Damiao cerró el torneo con seis goles (Reuters)
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EL UNIVERSAL
sábado 11 de agosto de 2012 11:59 AM
Londres.- Leandro Damiao culminó su aventura olímpica como máximo goleador de Londres 2012, con su proyección disparada, pero sin remedios para Brasil, sometido a una llamativa sequía en los Juegos, reseñó Efe.
El ariete del Internacional de Porto Alegre, una solución para la canarinha en el trayecto hacia Wembley, desapareció de la final, enredado en la zaga de México. Sin magia en las piernas y sin pólvora en las botas.
Leandro Damiao apenas existió en la búsqueda del oro. Cierra el torneo con seis goles. El máximo goleador, tras la estela de Bebeto y Romario, sus predecesores que acabaron unos Juegos como anotadores pero también sin el brillo olímpico.
El redentor, salvador en compromisos adversos como ante Honduras, fue presa de la ansiedad que atosigó a su equipo, con el marcador en contra a los 30 segundos, y con la urgencia histórica que sacude al fútbol de Brasil en la leyenda de los Juegos.
Se hizo un fijo con el 9 amarillo el atacante del Internacional. Un tipo fornido, peleón, con aires de oportunista. Distante del aire elegante de alguno de sus predecesores que acapararon goles en el Olimpo.
Brasil echó en falta a Leandro Damiao, que había subrayado cualidades de cierta habilidad, potencia y soluciones en el juego por alto. Pero también a su compañero Neymar, la llave que abre el acierto del goleador brasileño.
Hombre de equipo, Damiao echó en falta la mirada del jugador del Santos, reclamo del fútbol internacional, dirigido a llamar a puertas mayores. Pendiente más de responder a las expectativas que de seguir el guión de su selección.
El exceso de individualismo de Neymar no ayudó a Leandro Damiao, un hombre de equipo. No encontró Neymar la solución que ofrecía el ariete. A su lado. En el desmarque. Ni uno ni otro fueron capaces de marcar. De romper la historia para su equipo.
En un acelerón final, Brasil vio el cielo abierto. El autor fue Hulk, el atacante del Oporto. Un recurso al que acudió Mano Menezes ya en la primera parte. Con el oro cuesta arriba.
La selección de Brasil acabó sin título olímpico. Al lado de México en lo alto del podio. Resignado a su superioridad. Un revés que no oculta los números ni la eficacia de Damiao, el artillero máximo de la competición con seis goles
El ariete del Internacional de Porto Alegre, una solución para la canarinha en el trayecto hacia Wembley, desapareció de la final, enredado en la zaga de México. Sin magia en las piernas y sin pólvora en las botas.
Leandro Damiao apenas existió en la búsqueda del oro. Cierra el torneo con seis goles. El máximo goleador, tras la estela de Bebeto y Romario, sus predecesores que acabaron unos Juegos como anotadores pero también sin el brillo olímpico.
El redentor, salvador en compromisos adversos como ante Honduras, fue presa de la ansiedad que atosigó a su equipo, con el marcador en contra a los 30 segundos, y con la urgencia histórica que sacude al fútbol de Brasil en la leyenda de los Juegos.
Se hizo un fijo con el 9 amarillo el atacante del Internacional. Un tipo fornido, peleón, con aires de oportunista. Distante del aire elegante de alguno de sus predecesores que acapararon goles en el Olimpo.
Brasil echó en falta a Leandro Damiao, que había subrayado cualidades de cierta habilidad, potencia y soluciones en el juego por alto. Pero también a su compañero Neymar, la llave que abre el acierto del goleador brasileño.
Hombre de equipo, Damiao echó en falta la mirada del jugador del Santos, reclamo del fútbol internacional, dirigido a llamar a puertas mayores. Pendiente más de responder a las expectativas que de seguir el guión de su selección.
El exceso de individualismo de Neymar no ayudó a Leandro Damiao, un hombre de equipo. No encontró Neymar la solución que ofrecía el ariete. A su lado. En el desmarque. Ni uno ni otro fueron capaces de marcar. De romper la historia para su equipo.
En un acelerón final, Brasil vio el cielo abierto. El autor fue Hulk, el atacante del Oporto. Un recurso al que acudió Mano Menezes ya en la primera parte. Con el oro cuesta arriba.
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