Salto de calidad
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El aumento en la cantidad de países y atletas participantes
fue notable, así como la mejora en la calidad de cada
una de las pruebas. París fue sede por segunda vez, pero
en esta ocasión tomó la responsabilidad con la seriedad
del caso y el espectáculo fue digno. No podía ser
distinto, pues fueron los últimos juegos con Pierre de
Coubertin como presidente del COI.
En suelo francés se dio un récord de participación
con casi 3.000 hombres y 136 mujeres de 44 nacionalidades
distintas, además contó por primera vez
con países hispanoamericanos. Estados Unidos resultó
el campeón de los Juegos una vez más.
Se construyó el estadio de Colombes con capacidad para
recibir a más de 60.000 personas y con un campo de fútbol
en el interior. Los franceses se volcaron con el evento y
los Juegos fueron un éxito ya que el primer récord
que se batió fue el de asistencia de público y se
contó con la presencia de 1.000 periodistas que cubrieron
el evento.
El famoso lema olímpico: Citius, Altius, Fortius (Más
rápido, más alto, más fuerte) se estrenó
oficialmente como un símbolo que jamás ha sido borrado.
Se construyó entonces la conocida como primera villa
olímpica para alojar a los atletas aunque en realidad
no pasó de ser un conjunto de cabañas adosadas.
Por primera vez en unos Juegos no se incluyó ninguna
modalidad deportiva nueva o variada respecto a los anteriores
Juegos.
En el apartado de estrellas, el finladés Paavo Nurmi
obtuvo cinco medallas de oro que le hicieron leyenda en París.
Ganó 9 preseas doradas y 3 de plata en su trayectoria
olímpica.
Por su parte, Johnny Weissmuller llegó a ser muchísimo
más famoso por su papel de Tarzán en el cine que
por su larga lista de méritos deportivos, pero conquistó
3 medallas de oro en la natación en París. Ganaría
otras dos medallas de oro en Amsterdam 1928.
Pierre de Coubertin anunció su retirada en la Ceremonia
de Clausura después de estar al frente del Comité
Olímpico Internacional
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